El juego de secretos
El código enigma revela de manera atrapante la vida del matemático británico Alan Turing y su papel fundamental para finalizar la Segunda Guerra Mundial
En demasiadas ocasiones, la traducción del título de una película cambia tanto con respecto a su nombre original que parece que se tratara de otro trabajo. Esto sucede con uno de los cuatro estrenos cinematográficos de esta semana, El código enigma, versus su título original, The imitation game, que revelan diferentes perfiles del filme.
Está por un lado El código enigma, título que alude a la misión del matemático y profesor Alan Turing y su equipo por descubrir el método para descifrar los mensajes alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
Mientras, The imitation game pone el foco en el matemático como persona. En otras palabras, cómo su vida, intelecto y orientación sexual lo llevaron al hoy. Este título hace referencia al test de Turing, en el cual una de sus derivaciones es protagonizada por la figura de un juez que debe deducir si el interlocutor es un hombre o una máquina.
Si bien se trata de dos ángulos del mismo filme guiados únicamente por su título, el trabajo final une ambas visiones.
La línea de tiempo de la película no es cronológica, sino que está ensamblada para crear mayor tensión dramática, cosa que quienes conocen la vida del matemático no padecerán. Esta línea se basa en tres momentos de la vida de Turing: su adolescencia en el internado, su trabajo durante la guerra, entre 1939 y 1941, y luego de 1951, cuando su apartamento es robado y un detective decide investigar al profesor.
Por supuesto, al tratarse de una adaptación hollywoodense del libro biográfico Alan Turing: The Enigma, de Andrew Hodges, la película se tomó varias licencias artísticas para representar la obra de Turing. Algunas son más creativas que otras, pero a grandes rasgos la historia se mantiene igual.
Los secretos
Turing, un prodigio de las matemáticas, comenzó a trabajar en 1939 de forma confidencial para el gobierno inglés para descifrar la máquina Enigma, utilizada por Alemania para enviar mensajes encriptados. En la Escuela Gubernamental de Códigos y Cifrado se une a un puñado de criptógrafos y lingüistas para romper el código. Pronto el genio del matemático no puede concentrarse en los métodos humanos y decide crear una máquina superior para vencer a la alemana.
El Turing interpretado por el inglés Benedict Cumberbatch es en realidad más cercano a su versión de Sherlock Holmes en la miniserie de BBC que protagoniza. Es casi insensible, tosco y terco sobre su invención. Es ofensivo y sin sentido del humor. Se gana rápidamente el odio de sus superiores y el desprecio de sus compañeros. Tanto así que tiene que hacer intentos conscientes para cambiar su opinión.
Esto, según la misma biografía, se aleja del personaje real y parece tener más raíces en la propia experiencia actoral (y excelente, por cierto) del propio Cumberbatch.
Su homosexualidad es, por otra parte, un tema que flota en el aire, revelándose en flashbacks hasta que el mismo personaje lo explicita.
En la época de la Segunda Guerra Mundial, la homosexualidad era penada por ley y Turing, que en realidad era abierto sobre su sexualidad dentro de su círculo, termina cumpliendo la pena de castración. Esto es lo que termina manchando sus logros en vida, ya que su gran descubrimiento se mantuvo en secreto durante 50 años.
Asimismo, el desarrollo de la máquina no tiene correlato en la historia. Turing se basó y mejoró los diseños de la Bomba, primera creación de origen polaco para descifrar Enigma. No la inventó de cero como muestra la película ni tampoco llevaba el nombre de Christopher, en homenaje a su gran amor.
El código enigma se basa en los secretos. En aquellos que el gobierno inglés trata de descubrir y los que el propio Turing tiene que esconder. “Tienes más secretos que el mejor de los espías”, le dice en un momento el general Stewart Menzies al científico.
Es por esto que resulta al final interesante la elección de la narración anacrónica: luego de develados el mismo público es puesto en el lugar del juez en este test. ¿Fue Turing un héroe o un criminal? Es una pregunta que el personaje se hace en un momento crítico, pero que hoy es fácil de responder.
Pero la pregunta real que se puede hacer el público luego de ver este filme es: ¿merece sus ocho nominaciones a los premios Oscar? Es probable que muchas de ellas sí, sin embargo, alzarse con la estatuilla es lo cuestionable.
Cumberbatch definitivamente se destaca, pero tras conocer su rol como Sherlock Holmes, su desempeño no sorprende, sino que esta nominación funciona más como un reconocimiento de su talento. El guion, a pesar de las alteraciones, atrapa y deja en vilo a lo largo de las casi dos horas de película. Pero que termine siendo premiado como el mejor filme del año, eso es lo que genera más dudas. En este caso será la Academia el juez final.