ver más

Quizá por la moda de lo bucólico y agreste en la canción folk o folk rock moderna (“música con olor a establo”, dirían sus detractores), los cantautores más urbanos se extrañan dentro de la música británica en estos últimos tiempos.

Las referencias más actuales de esto son casualmente quienes dominan la actualidad del género en términos de visibilidad, buena crítica y popularidad, grupos como Band of Horses, Fleet Foxes e incluso el estilo del ex White Stripes Jack White, ahora devenido en cantautor solista. Será por eso que cuando aparece un compositor como Richard Hawley con un disco que se llama como uno de los puntos panorámicos más distintivos de su Sheffield natal.

Standing at the sky’s edge (“parado en el eje/borde del cielo”) podría ser el nombre de un disco de los Backstreet Boys si con Sky’s edge se refiriera a algún estado del alma y no a lo que es en realidad un punto panorámico de su ciudad en el que se puede contemplar una visión hermosa de la ciudad a la vez que una de las zonas más deprimidas y complicadas con la criminalidad de esa misma Sheffield.

Entonces, Hawley, mucho más en plan songwriter-con-guitarra-colgada que como la impresión de Elvis aggiornado y británico que daba en otros discos, se pone a desmenuzar historias un poco vinculadas con ese espíritu.

Más allá de la intensidad roquera de estas canciones, el trabajo empieza con un padre que asesina a su mujer y a sus hijas, pasa por una prostituta cara o “de book” que llega a tocar las puertas del cielo e incluye también a un joven que corta a otro en una pelea, con una navaja.

En medio de esas escenas transcurren unas nueve canciones que parecen un pequeño compendio de estas historias tan locales pero que en ningún caso son exclusivas de la ciudad de la que viene este músico reverenciado y buscado por bandas consagradas en el medio inglés como los (también sheffieldianos) Arctic Monkeys, con los que grabó canciones para el pasado disco de la banda.

Hawley se sabe plantar en ese lugar que Bruce Springsteen patentó con solvencia en discos como Nebraska (1982): el de un contador de historias que parece mirarlas de lejos y no sumarle más decoro ni metáforas a la acción, que es cruda por sí sola. De fondo, el rock tiene sus pasajes climáticos de punteos con reverb, batería y bajo hipnótico además de una voz en eco que parece por momentos ir, venir y perderse, bien al estilo del rock psicodélico que la tapa del trabajo ya anuncia.

De todas formas, que quede claro que al lado de la etiqueta psicodélica va la de rock, porque esencialmente este disco va de eso en lo musical.

El resto del mérito de Hawley lo hace el ambiente que suelen tener ya discos anteriores suyos como Truelove’s gutter, trabajos que en algún punto puede detectársele la carga de incertidumbre que gobierna la cotidianeidad. Desde ahí, Hawley se afirma con solidez tanto en las letras como en su registro de voz.

En medio de todo eso hay un ambiente nocturno, invernal, ideal para “caminar” sus canciones por la ciudad. Antes de eso, en estos días también se lo puede encontrar junto a estas canciones en los programas de Jools Holland de HBO Plus en el cable, o directamente en Youtube. Merece la pena darle una chance a este nuevo disco suyo, un gran candidato a compañero invernal.

Seguí leyendo