El libre mercado
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
El tema del mercado de la carne viene creando mucha confusión intelectual. Por eso me parece útil refrescar algunos principios básicos para ayudar a focalizar el análisis. A los productores rurales nada les conviene más que el libre mercado. Cuanto más chico y atomizado uno es, más le conviene un mercado bien libre. La forma de tener un mercado libre no es rezongar porque algunas empresas se compran a otras y se va concentrando la demanda; eso pasa en todo el mundo y sucederá cada vez más.
En EEUU más del 70% de la faena está en manos de un solo grupo, justo allí donde están las leyes más fuertes del mundo de defensa de la competencia.
La forma de tener un mercado libre es tener abierta la puerta para que el mundo entero venga cuando quiera a comprar ganado; contra eso no hay concentración industrial que valga.
Pero el pecado que dio origen al lío actual fue el error del MGAP de cerrar de facto la exportación de ganado en pie, con el argumento (devastador comercial e intelectualmente) de no tener suficientes técnicos disponibles.
Si las presiones políticas eran demasiado fuertes era mejor poner una cuota (salen los primeros 250 mil y luego no hay permisos hasta el próximo ejercicio, por ejemplo) que hacer lo que se hizo. En aquella decisión, el gobierno liquidó el libre mercado y perjudicó muchísimo a los productores, lo que no se vio entonces pero que resulta evidente ahora. Pero así como discrepé fuerte con aquel cierre de la exportación de ganado en pie, discrepo ahora con la idea de subsidiar la exportación en pie quitándole impuestos en forma transitoria.
Un mercado libre no es un mercado toqueteado para arriba y para abajo; un mercado libre es un mercado que se deja quieto, con reglas del juego estables, en lo posible fundadas en leyes que se cumplen para todos.
Pero un mercado libre tampoco es un mercado donde vale todo; por ejemplo si un país decide subsidiar a su propia industria dando un pago de 300 dólares por animal importado en pie, no podemos dejar arruinar nuestra industria a manos de la tesorería de otro país; eso se llama en la OMC una Práctica Desleal de Comercio, y están reglamentadas las contramedidas que un país puede (y debe) tomar para proteger sus intereses.
Para mí estos conceptos son simples y básicos, sin embargo, cuando uno ve las discusiones, a nivel de una mesa sectorial como INAC, parece que no todos comparten estos puntos de vista. En mi opinión, el sector público en una mesa sectorial no debe una vez hacerle un mandado al sector productor y al rato hacer lo propio con el sector industrial.
El ejemplo de la cuarta balanza es claro: en un mercado libre, vendedores y compradores deciden cómo se transan los negocios. Si las gremiales a partir de estudios técnicos concluyen que a sus afiliados les conviene más no vender en cuarta balanza, lo correcto no es pedir al Poder Ejecutivo que imponga ese criterio.
Lo correcto es convencer a los productores de no vender en cuarta balanza; si los productores deciden en defensa de sus intereses no vender en cuarta balanza, se terminó la cuarta balanza. Y si deciden seguir vendiendo en cuarta balanza teniendo disponible toda la información necesaria, pues que así sea y las gremiales deben meter violín en bolsa.
Porque no se precisa mucha astucia para pensar que si hoy apretamos al Poder Ejecutivo para conseguir algo por fuera del libre mercado, pronto vendrá la factura y se perderá mucho más que lo ganado en la primer pulseada.
Una mesa sectorial como INAC es importantísima, pero no para tocar el mercado, lo que es un enorme error, sino para otras actividades. Por ejemplo generar información, que es un bien público, como una carretera; o ampliar con la fuerza de todos (gobierno, industria y producción) el acceso a mercados; o para elevar el valor de nuestras carnes al darles sello de calidad y denominación de origen (hoy solo un cuarto de la carne se exporta como un vino de marca y el resto se exporta al barrer para picar y mezclar como la soja).
A todos nos conviene que la ganadería crezca mucho; puede irse al doble con lo que tenemos (la extracción en EEUU es 38% del rodeo y acá no llega al 20%). Para eso hay que defender un mercado bien libre, con reglas bien estables, y valorar más y más cada kilo de carne que se exporta.