El límite como punto de partida
Que revienten, el espectáculo que une a La Tabaré con Martín Inthamoussú, tiene como motor conceptos del escritor Kantor
El rock siempre estuvo ligado a la expresión corporal. Desde las caderas sísmicas de Elvis Presley al pogo del punk. Sin embargo, para La Tabaré, la banda más histriónica de Uruguay, la danza era algo que hasta el momento le era ajeno. Bajo la dirección de Martín Inthamoussú, el grupo presentará su más reciente disco, Que revienten los artistas, en un formato descrito como “un concierto de danza y un obra escénica de música”.
Gracias a este espectáculo titulado Que revienten –que se realizará mañana y pasado–, será la primera vez que La Tabaré se presente sobre el escenario principal del Teatro Solís, en un formato atípico y acompañado por siete bailarines en escena.
Si bien se trata de la presentación oficial del disco, también habrán temas de toda su carrera. “Son las canciones que la gente a veces corea”, dijo con una sonrisa Rivero.
Inthamoussú y el líder de La Tabaré se conocieron durante la producción de Uz, el pueblo, obra de Gabriel Calderón donde el bailarín y coreógrafo realizaba el entrenamiento corporal. Pero recién volvieron a trabajar juntos este año en Dandy, el príncipe de las murgas. “Siempre me gustó su trabajo y cuando tuvimos la oportunidad de charlar le pregunté ‘¿qué pasa si hacemos algo juntos? ¿Te animás a hacer bailar al ritmo de La Tabaré’ y le interesó la propuesta”, contó Rivero a El Observador.
Para la realización de este espectáculo, Rivero le dio vía libre a Inthamoussú para que se hiciera cargo de la dirección. Si bien la base es la música de La Tabaré y el cometido fue lograr que música y danza se integraran, los conceptos del escritor polaco Tadeusz Kantor fueron el motor.
“Nos basamos en la verdad en escena. Lo que sucede no es una actuación, sino que está sucediendo. Los músicos y los cantantes en realidad nunca mienten. Quería lograr eso también en los bailarines”, explicó Inthamoussú. Para conseguir ese objetivo decidió empujar a su elenco hasta el límite. “Quisimos mostrar cosas que generalmente no ves: a un bailarín cansado. Cuando te dicen no puede más le decís ‘seguí’. Cuando decís que estás cansado el cuerpo todavía puede dar un poquito más. Lo que pasa es que como prevención la cabeza pone el freno antes. Hay momentos que son lindos de ver, sobre todo en el bloque final donde las canciones son más fuertes y los bailarines tienen que entrar casi que en un trance. Los coloca en un lugar que se acerca mucho a lo que le pasa a la banda. Está todo el show tocando, no tiene pausa”, agregó.
Ellos, como los bailarines, se cansan, pero la adrenalina y la necesidad de “entregarse absolutamente”, según lo define Rivero, es lo que los lleva a pasar el límite. “Es llegar a mostrar la esencia. Eso también lo decía Kantor: hacer la implosión para poder llegar al hecho artístico”, agregó.
La Tabaré, parte banda de rock, parte colectivo teatral, parece dar un paso natural con esta nueva puesta en escena –de hecho Rivero aconseja a sus músicos a no prestar tanta atención a la virtuosidad musical durante un show en vivo y preocuparse más por dar un buen espectáculo– pero se trata también de una manera de salir de su zona de confort y tomar riesgos.
“Es una cosa que yo nunca había experimentado. Con 29 años de banda nunca había trabajado con la danza. Si bien me gusta, es un lenguaje que no manejo. También es difícil calcular hasta qué punto el público se va a comprometer, lo va a entender. Por suerte, hay varios públicos que pueden ver este espectáculo. Tenemos que conglomerar todo eso y arriesgarnos”, afirmó el actor y músico.
“La banda podría quedarse en su zona de confort porque le funciona. Pero se animan a dar este paso”, agregó Inthamoussú y expresó que es “raro encontrar músicos así. Por lo general se esconden detrás de los instrumentos y de ahí no los sacás. Bueno, ellos están más acostumbrados a la interacción”.
“Para mí el arte es eso”, continúa Rivero, “es buscar constantemente el riesgo, con el peligro de llegar a incomodar o no satisfacer a tu público. Pero bueno, lo otro sería demasiado cómodo”.
A pesar del riesgo, Rivero confía que la maduración de la banda fue acompañada por su audiencia. “Creo que La Tabaré tiene un público ‘inteligente’ a esta altura. Quiero decir que no va a bardear, eso ya pasó en los años de 1990. La Tabaré era una banda con la que la gente pogueaba solamente. Ahora tocamos en lugares y se puede armar un pogo y a mí me encanta, porque es una forma de expresión y de danza casi tribal que es hermosísima. Pero también hemos evolucionado junto con el público y hemos comprendido que hay lugares donde debe permanecer sentada porque ensayamos mucho y nos gusta mostrarlo. Y creo que como banda es una característica rara. Abre las puertas a sensibilidades distintas”.