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El mojón que marca el kilómetro 208 de la ruta 10 está exactamente en la entrada de Las Garzas, el barrio privado de Consultatio, la compañía del empresario argentino Eduardo Costantini, que demandó una inversión de US$ 60 millones.

Después de franqueada la entrada –hay control de entrada y salida de personas y seguridad privada 24 horas– se ingresa en el predio de 240 hectáreas, que tiene la mitad de su extensión dedicada a espacios verdes. Son 470 lotes, y como el terreno tiene 37 metros de pendiente, el 90% tiene vista al Océano Atlántico.

Máquinas de construcción, de jardinería y empleados dando los toques finales a las obras de infraestructura del barrio trabajan con el grito de los teros y las olas de fondo.Los lotes más pequeños tienen 2.000 metros cuadrados, los más grandes 4.000, y su precio oscila entre US$ 150.000 y US$ 1.000.000.

El miércoles 12 se realizó una presentación de avance de obra para la prensa. Existen cinco casas en construcción y se estima que para enero el 90% de las obras de infraestructura estarán culminadas. El director comercial de Consultatio, Santiago Pérès, dijo que había otras 17 casas listas para empezar a levantarse, pero las trabas impuestas por el gobierno argentino para sacar dólares enlenteció el proceso. “Argentina está en un problema grave, pero es institucional, no económico”, apuntó.

El 35% de los lotes ya tiene dueño. Si bien la mayoría son argentinos, se busca seducir al público brasileño quien, según Pérès, “está a full con Punta del Este”. Los brasileños ven en Uruguay “un mundo aparte”, y valoran particularmente la seguridad que sienten en el país. “Por eso no me explico cómo no resolvieron todavía el tema de Pluna”, dijo.

Club de playa, dos piscinas, gimnasio y canchas de tenis son algunas de las obras que ya están listas. El desarrollo tiene un restaurante –a cargo del chef del montevideano Malandrino- que está abierto al público.

Además, Costantini aunó fuerzas con otro importante empresario argentino, Alejandro Bulgheroni, quien, a través de su emprendimiento de Garzón, es quien provee los vinos y el aceite que se consumen en el lugar. “La idea es potenciarnos mutuamente”, explicó Pérès.

En las construcciones comunes predominan la madera y la piedra (“caliza cortada tipo librillo”, especificó la arquitecta, Magela Borgno). En el caso de las viviendas particulares, hay libertad para elegir arquitecto, siguiendo algunos lineamientos generales. Borgno dijo que es el propio Costantini quien da el visto bueno a un proyecto, pero que hasta ahora no ha tenido reparos.

El puente de la discordia
Los responsables hicieron especial hincapié en que Las Garzas no está subordinado a un futuro puente sobre la Laguna Garzón (a 18 kilómetros del lugar) sino que es independiente de esa obra.

En un primer momento, Costantini se había ofrecido a pagarlo, cuando rondaba los
US$ 2,5 millones. Algunos años y dos proyectos del arquitecto Rafael Viñoly después, esa cifra se elevó. Se prefirió no revelar qué porcentaje de la obra está dispuesto a financiar el empresario hoy.

Desde Las Garzas argumentan que algunos de los opositores al puente temen que disminuya la cantidad de gente que elige José Ignacio. Asimismo, destacaron que su concreción no sólo facilitaría el acceso a su emprendimiento sino que sería un impulso para la zona en general.

Para Pérès, la primera propuesta de Viñoly –el puente de balsas- “no evita el daño ecológico, lo acelera”. También, agregó, afecta a los pescadores de la zona. El arquitecto presentó un segundo proyecto, con estructura de pilotes, que está a estudio de Dinama.

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