POR VALENTÍN TRUJILLO
POR VALENTÍN TRUJILLO
Le faltan las trenzas pelirrojas del galo y no tiene la panza desmedida con el pantalón a rayas blancas y celestes, pero Hans Vinding Diers, bodeguero y winemaker (título para quien quien toma todas las decisiones técnicas, logísticas y geológicas en la elaboración de un vino) de Bodegas Noemía, casi que nació dentro de una marmita. En su caso, la poción mágica es el vino.
“Nació propio en el vino. Fui como Obelix”, dijo Vinding, entremezclando un poco el español con el italiano y recordando al personaje de Asterix que cayó dentro de una marmita de poción mágica. Vinding mezcla los idiomas porque hace una semana volvió de la Toscana italiana, donde hace el vino Argiano en una bodega propiedad de su pareja, la condesa Noemí de Cinzano. Las Bodegas Noemía, donde trabaja, están ubicadas en el Alto Valle del Río Negro, plena Patagonia.
Hijo de padre danés, periodista de guerra en Vietnam defraudado con la cobertura del hecho y una madre inglesa enfermera, la historia de Vinding está atada al vino desde el primer llanto.