El regreso del hijo pródigo
Tras más de una década sin publicar, Daniel Mella editó un nuevo libro de cuentos, Lava, donde demuestra que sus cualidades literarias están intactas
Con apenas 21 años Daniel Mella publicó Pogo (1997), un año después Derretimiento y más tarde Noviembre (2000), tres novelas que lo encumbraron como la revelación literaria de la época. El jovencísimo uruguayo, salido de la nada, estaba en la cresta de la ola: ganaba premios y su nombre sonaba en todas partes. Y entonces, como si todo se tratara de una ilusión, de un sueño, Mella dejó de escribir.
Recientemente el autor ha dicho que se alejó porque en aquel momento llegó a obsesionarse con la literatura. Que dependiendo de la página que escribía tenía un buen día o uno espantoso, que tuvo que parar. También que ahora vuelve a escribir porque quiere darle sentido a lo ya escrito, revivirlo, convertirlo en una etapa.
Leyendo los siete cuentos que componen este nuevo libro hay que decir que la larga travesía por el desierto no ha sido en vano. La prosa de Mella continúa siendo atrapante, precisa y rica en su sencillez, pero ahora se aprecia que detrás de cada relato hay una experiencia de vida que les otorga a las historias una densidad y un espesor nuevo.
Si bien se trata de piezas independientes, la presencia de niños es una constante en todo el libro. Lo notable es que no es la figura infantil en sí misma la importante, sino lo que representa, y las consecuencias de esa entidad en la conciencia y el diario vivir de los personajes adultos.
En Lava, por ejemplo, relato que da título al libro, una pareja realiza un viaje al exterior para concebir a su hijo, y es ese deseo el que condiciona toda la historia. Lo mismo sucede en Bocanada, que indaga en las diferencias entre la maternidad y la paternidad, y donde el bebé recién nacido es solo una excusa para la aparente discordia matrimonial.
El otro gran tema del libro son las relaciones de pareja, que atraviesan todos los cuentos y que se analizan con particular maestría en la dificilísima situación de los protagonistas de Ahora que sabemos, el mejor cuento del libro y una verdadera joya. Allí se narran las desavenencias entre un matrimonio de adultos ya sexagenarios, por el cuidado de la suegra. Pero como en la mayoría de las páginas del libro, eso es solo lo que sucede en la superficie.
Lo que hay detrás es una notable reflexión acerca de los ciclos vitales de las personas y de sus roles, ya que la protagonista femenina es tanto mujer joven, madura y vieja, como esposa, nuera, vecina, madre estéril, etcétera. Y lo mismo sucede con el marido. Esa mirada a la condición humana capaz de abarcar todos los planos de una existencia y de condensarlos en un relato de solo 20 páginas, y además hacerlo a dos voces, es la muestra más evidente del talento de Mella para hacer literatura.
La emoción de volar es la transcripción parcial del diario íntimo de un adolescente mormón, también basquetbolista. Más allá de coincidencias que quien conoce la vida particular de Mella notará, lo que se expone es la alegría de aquel que tiene toda la vida por delante. Es un “juventud divino tesoro” luminoso, esperanzado, tan real que el lector puede volver la vista atrás, y estremecerse al recordarse a si mismo pletórico. El cuento está además salpicado por preceptos religiosos que auguran un mañana feliz y pleno, promesas que el narrador transmite con voz angelical, y una candidez absoluta que emociona. Para felicidad de sus muchos lectores, Daniel Mella ha vuelto al ruedo. Solo cabe esperar que esta vez sea para quedarse definitivamente.