El regreso después del regreso
Blur se reunió en 2012 y ha girado por todo el mundo, incluyendo Uruguay, pero con su primer disco tras la separación consiguieron volver realmente en forma
El regreso de una banda otrora separada no siempre sale bien. Tampoco su éxito (comercial o artístico) es garantizado. Y es casi imposible que la creatividad vuelva a correr por las cuerdas e intenten componer un disco nuevo. En el caso de Blur, todo eso sucedió y además, su disco es bueno.
Esos cinco días pasados en Hong Kong fueron solo el comienzo. Si bien ya hacía un año que el grupo había vuelto a los escenarios, tenían que volver a tomar confianza en el estudio. Y según cuentan en un documental de media hora colgado el 1º de mayo, fue Coxon –que en 2002 dejó la banda y condujo a su disolución definitiva– quien tomó las riendas del proyecto con la ayuda del productor Stephen Street. Según afirma, esta fue su manera de reacomodar el karma y devolver algo tras las consecuencias su partida.
Damon Albarn, que en el momento estaba ocupado en el lanzamiento de su disco solista, Everyday Robots, se vio nuevamente arrastrado –con gusto– dentro de Blur.
Alienación y reunión
Hay aspectos que se esperan de un disco de Blur: el pop animado, guitarrero y con bajos grooveros de sus primeras épocas; estribillos coreables y pegadizos; la introspección en forma de baladas y la pluma que Albarn perfeccionó con el tiempo.
The Magic Whip tiene lo mejor de todas las épocas de Blur, además del bagaje creativo que acumularon los músicos en su tiempo separados. Es un disco maduro, que se apoya en el sonido que los hizo famosos, pero lo recupera de una manera creativa.
Aislarse y encerrarse en un estudio desconocido en una ciudad definida por Albarn como onírica y frenética fue lo que los trajo de nuevo al trabajo grupal y ofreció las primeras inspiraciones letrísticas.
La alienación, los paisajes, la tecnología y la velocidad, son aspectos de la vida asiática que llegaron a las letras de Albarn. Si Hong Kong fue la primera parada, Albarn luego exploró otro rincón aislado del continente para ampliar su repertorio. Tras una visita a Corea del Norte, tal vez conceptualmente el extremo opuesto a la isla china, escribió el tema Pyongyang, un relato del paisaje antes de partir.
En The Magic Whip hay canciones más atrevidas, como There Are Too many Of Us o Ghost Ship. mientras que otras como Lonesome Street, I Broadcast o Go Out se acomodan en terreno familiar.
Más allá de sus cortes, My Terracotta Heart, es uno de los temas que articula el disco. Es una canción que se ubica sonoramente en paralelo a Everyday Robots de Albarn, que habla de la relación única, complicada y herida entre la voz de Blur y Coxon. Solo que aquí el guitarrista está presente, dialogando con la letra, interpretándola a su manera, con arpegios y escalas descendentes.
Lo que queda de manifiesto en este disco es el claro regreso de esa dupla creativa, que data desde que ambos tenían 11 años. Esa dupla dejó su huella en la historia musical de Inglaterra y en el pop/rock mundial.
“Si iba a haber un disco nuevo de Blur, tenía que ser condenadamente bueno”, afirmó Coxon en el documental. Lograron su objetivo.