ver más

Los tableros contrachapados producidos por Weyerhaeuser Productos SA son muy apreciados en los mercados más exigentes, destacó a El Observador Agropecuario el ingeniero Álvaro Molinari, director ejecutivo para América del Sur; no obstante, puntualizó que los costos productivos son tan elevados que los márgenes están comprometidos, instando a un esfuerzo colectivo para sortear ese obstáculo.

Comentó que si bien la calidad de los tableros es muy elogiada, para ser eficientes, “hay desafíos importantes a resolver como país, como sociedad: Uruguay se tornó muy caro en todos los eslabones de la cadena y cuando todos los costos se cargan al producto, dejan a los márgenes en una posición muy comprometida”. Ello convive con otra realidad influyente: los competidores regionales poseen cadenas de valor o estructuras de costos más competitivas.

Reclamó trabajar todos “para generar mejor infraestructura, más flexibilidad en costos laborales, en combustibles y en energía, en el transporte, en las tasas de cambios… en todo lo que hace a la competitividad; es necesario que todos seamos más eficientes háta que el tablero llegue al barco, después los costos son parecidos para todos”. De inmediato citó un ejemplo: Weyerhaeuser traslada el 50% de sus tableros de Tacuarembó al puerto de Montevideo en tren, “y ojalá pudiésemos estar en el 100%, por eso construimos la planta al lado de la vía; el tren es mucho más competitivo, incluso sería ideal ingresar así directo al puerto y evitar un manipuleo que implica un costo adicional”.

1,7 millones de plantines al año

El Observador Agropecuario hizo una visita al vivero, áreas forestadas y al complejo industrial de Weyerhaeuser Productos. Fernando Gutiérrez, agrónomo y gerente de silvicultura, explicó que el proceso productivo comienza en un área de gestión dedicada a la investigación, en la que se evalúan nuevos materiales genéticos que, una vez que a nivel de campo dan respuesta positiva a las nuevas demandas desde el área industrial (en cuanto a la característica de la materia prima), se aprueban y pasan a la producción en el vivero.

Ubicado en un predio vecino a la planta industrial (km 400,5 de la ruta 5, en Tacuarembó), allí se desarrolla un manejo que se puede dividir en cuatro tramos.

Guillermo Domato, agrónomo y jefe de silvicultura y vivero, detalló que inicialmente está la del jardín clonal, donde están los distintos “pie-madre” que darán lugar a las futuras plantas. Es un vivero clonal, de reproducción vegetativa, donde cada estaca –trozo de tallo con un par de hojas– que se cosecha será igual al “pie madre” de la que fue extraída. Para una segunda etapa esas estacas, ya en tubetes y bandejas, se trasladan al área de enraizamiento, con 100% de humedad y temperatura elevada, básico para una hidratación a través de las hojas y un desarrollo de los procesos fisiológicos y que la planta comience a desarrollar raíces. El tercer tramo es el sector de cría, donde avanza el desarrollo de las raíces y de la parte aérea de la planta. Cuando adquieren un tamaño adecuado las plantas pasan al sector de rustificación, en el exterior de los invernáculos, dejando de recibir los estímulos anteriores, expuestas a la situación que encontrarán cuando se instalen a nivel de campo, en condiciones idénticas de temperatura, precipitaciones y humedad, una aclimatación clave.

Gutiérrez señaló que se están produciendo 1,7 millones de plantines por año, satisfaciendo la demanda de la empresa para sus planes de forestación, aunque existe un potencial productivo de tres millones de clones al año: “estamos plantando solo áreas de reforestación, un promedio de 2.000 há por año que es, a su vez, el área anual de cosecha”, comentó, y añadió que existe la posibilidad de producir clones para comercializar a otros productores.

Los clones son del género eucaliptus, existiendo ensayos con pinos. En eucaliptus se produce mayoritariamente clones híbridos, de eucaliptus grandis x camaldulensis y grandis x tereticornis (cruzas con eucaliptus colorados), pero también clones de eucaliptus grandis puros, a partir de la identificación de los mejores ejemplares a nivel de campo.

70 mil há forestadas

La empresa maneja un patrimonio de 125 mil há propias, de las cuales 70 mil están forestadas, con predios en Rivera y Tacuarembó tomando la ruta 5 como eje y la otra mitad en campos de Cerro Largo y Treinta y Tres. Comenzó en 1997 plantando un 100% de pinos, pero desde 2001 fue incorporando el eucaliptus, cuyo uso fue creciendo (incluso en los últimos cuatro años solo se plantó eucaliptus) háta llegar hoy a la producción del 50% de cada uno de los géneros.

Gutiérrez explicó que la madera cosechada, en el caso de la gruesa, con diámetro de al menos 20 centímetros, se destina al complejo industrial de Weyerhaeuser en Paso del Manco, frente al vivero, para producción de tableros contrachapados. La madera de eucaliptus que no alcanza ese tamaño se comercializa a aserraderos o, en el caso de la más fina, a la industria de celulosa. En el pino el 100% de lo que no utiliza la planta propia y tiene diámetro para aserrado se comercializa a terceros. Hay acuerdos comerciales encaminados para vender material que no tiene los destinos anteriores a empresas que, con biomasa como materia prima, producen energía.

La cosecha es a los 15 años para el eucaliptus y a los 20 años para el género pinus, que es cuando se alcanzan los diámetros adecuados. Esa diferencia, de la mano de otros factores como la buena respuesta industrial y en el producto final del eucaliptus, explica el creciente uso de este género.

Hay cuadrillas que se ocupan de las plantaciones, control de hormigas –principal plaga en la instalación del bosque–, podas y cosecha: “los montes, para darnos el tipo de madera que demanda la planta industrial, necesitan un manejo, exigen que tras la plantación se vaya al monte a hacer podas, para ir generando madera clear, libre de nudos, con calidad superior visualmente y desde el punto de vista de su calidad”.

En la visita a los montes se apreció, con frecuencia, la presencia de vacunos. Gutiérrez indicó que “como son ciclos productivos largos, se hacen contratos con ganaderos para que, a partir del segundo año de efectuada la plantación, cuando el árbol tiene un tamaño adecuado, los ganados hagan allí su pastoreo”, ambientando una sinergia beneficiosa para la compañía y los ganaderos; lo mismo sucede con apicultores e incluso se da lugar a la producción de resina en los montes de pinos.

Por último, Gutiérrez enfatizó que “la empresa, desde el inicio, instaló la política de “seguridad primero”, en cada emprendimiento la primera tarea es analizar qué riesgos hay y cómo trabajar en un marco de máxima seguridad, habiéndose logrado los mejores resultados en cada uno de los eslabones, es una filosofía de la empresa”.

250 mil m3 de tableros

Cada día, 60 camiones descargan en la planta la madera que se cosecha. Esa madera, explicó Molinari, responde a un mix integrado por un 50% de pinos y el otro 50% de eucaliptus. Las trozas son pesadas y se instalan en una cancha de acopio estratégicamente limitada, para garantizar la buena calidad de la materia prima de la mano de un tiempo lo más corto posible desde que se cosecha hasta que es depositada en el torno para su debobinado, proceso inicial en la fase industrial. Eso permite minimizar la posibilidad de rajado en la troza otorgándole una calidad óptima.

La troza permanece en la cancha de acopio bajo riego y desde allí avanza a cámaras de tratamiento donde recibe una lluvia de agua caliente para acondicionarla previo a su llegada al torno donde se iniciará la obtención de las láminas que, posteriormente, se transformarán en los tableros.

El núcleo de la actividad

Molinari explicó que para Weyerhaeuser el negocio principal es el manejo de las tierras y las plantaciones, “ese es el núcleo de la actividad, el manejo de esos activos, con un valor que está en la madera y que luego se debe extraer, ¿cómo?, transformándolo en un producto bueno, que nuestros clientes en los mercados estén dispuestos a pagarlo. La elaboración de tableros contrachapados es nuestro principal producto, no el único. Nuestra unidad en Tacuarembó consume el 60% del volumen que sale de los montes, produce alrededor de 250 mil metros cúbicos anuales de tableros contrachapados, lo que demanda 550 mil metros cúbicos de trozas, cuando nuestro plan de cosecha es de un millón de metros cúbicos; lo que no se consume en planta se divide en abastecer a plantas de celulosa, aserraderos y biomasa”.

Diversificación de mercados

Algo más del 90% de la producción se exporta a más de 18 destinos, divididos por región: 30% a México, del 25% al 30% a Estados unidos, 25% al resto de América Latina especialmente a Chile, Argentina, Colombia y Perú y el resto a Europa. Hoy destaca una fuerte presencia en las Américas, en el marco de “un sistema de mercadeo y comercialización que nos permite ser muy flexibles, sin dejar de lado ninguna región, pero poniendo más énfasis en las que estén emitiendo mejores señales”.

Destacó que “competimos en dos grandes segmentos, el de la madera de apariencia y el de la madera estructural”. Los segundos se utilizan en casas, oficinas comerciales, garajes, con una demanda muy fuerte en los mercados tradicionales, como Estados Unidos y Canadá. “Esos productos tienen un valor más bajo, no precisan características estéticas especiales, debe ser un tablero fuerte, plano, sin ondulaciones y los nuestros han pasado todos los ensayos de calidad exigidos”, dijo. La madera de apariencia, con la que se logran mejores precios, requiere un manejo más intensivo en el monte, “podamos, raleamos, eso permite no dejar defectos en la madera y permite que la que crece por fuera de lo que ha sido podado, fuera del cilindro que queda en el centro, esté libre de nudos, libre de defectos, para colocarla en las caras y contracaras de los tableros, logrando un valor superior en el mercado porque admite otro tipo de aplicaciones y usos, como muebles, molduras, puertas… usos más apreciados en un mercado al que estamos apuntando”.

Molinari dijo que, en la región, Uruguay, como productor de tableros, compite fuertemente con Brasil y Chile: “estamos a un nivel muy bueno, nuestros productos son apreciados como los chilenos y están quizás un poquito mejor que los brasileños”. Una ventaja competitiva, destacó, es que “por el uso de pino y eucaliptus, hacemos tableros combinados adecuando el producto, según el segmento al que lo destinemos”.

Superando un momento desafiante

La crisis inmobiliaria de la construcción que hubo en Estados Unidos, que luego se extendió a Europa, significó un período “muy desafiante” para el sector de la madera sólida, explicó Álvaro Molinari.

“Hubo que tomar muchas decisiones desde 2009, ralentizar el plan de inversiones, bajar los volúmenes de producción; el año pasado y durante el actual hemos tenido una mejoría en términos relativos, aunque estamos lejos de donde deberíamos”, explicó.

Los mercados recién se van recuperando, y lento. En Estados Unidos en promedio cada año se construyen 1,5 millones de casas nuevas y ahora de 800 mil a 900 mil, tras caer a 300 mil, a 400 mil casas en la crisis.

“Queda un camino por recorrer, por suerte hemos tenido éxito con la estrategia de diversificar que nos ha permitido transitar este período localizando mercados alternativos y muy competitivos porque, justamente, la oferta mundial es fuerte y la demanda no acompaña; hay un desbalance que se va a ir solucionando en la medida que el consumo crezca hacia los números en los que tiene que estar”, reflexionó.

Sobre los precios, varían mucho dependiendo del tipo de producto y destino, no obstante “en términos relativos estamos bastante por debajo de lo que deberíamos considerar los promedios históricos; mejoramos, pero falta para llegar a los valores previos a la crisis”.
Seguí leyendo