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Las empresas de transporte de pasajeros reclaman al Ministerio del Interior represión y sanciones a los padres de los menores que tiran piedras a los ómnibus. El vicepresidente de la Asociación Nacional de Empresas de Transporte Carretero por Autobús (Anetra) Augusto Victorica relató a El Observador que la ruta 1 a la altura de Ciudad del Plata, en San José, era muy complicada hasta que una jueza empezó a detener a los padres de los menores que tiraban piedras y les hacía pagar las roturas de los vidrios.

“Los padres decían que no tenían plata y la jueza les aclaraba que podían pagar en cuotas de 50 pesos pero que debían pagarlo. Se empezó a correr la voz y las pedreas en esa zona se redujeron sustancialmente”, dijo. Pero agregó que “en otras zonas la Policía los agarra y los jueces se lo devuelven a los padres y no pasa nada”.

El representante de Anetra afirmó que estos incidentes no ocurren para robar aunque por precaución le recomiendan a los choferes que no se detengan si no hay heridos graves. Relató que el único caso en el que hubo robos ocurrió hace algunos años cuando un coche de la empresa Pullman General Belgrano al que le tiraron con una baliza en el parabrisas chocó con un camión de Conaprole. Hubo heridos graves y aparecieron personas que saquearon a los pasajeros.

Tampoco ocurren sólo en Ruta 1; en Ruta 8 a la altura del kilómetro 21,8 las pedreas son cotidianas, también en Cardona (Soriano) y en Paysandú (donde hay una fábrica de portland). De todos modos, la zona de los accesos es la que registra más denuncias. Según la Anetra todos los días hay un coche apedreado, pero el Ministerio del Interior sólo registró 36 denuncias en lo que va del año (ver infografía).

Victorica denunció la pasividad del Ministerio del Interior. Dijo que en julio tuvieron una reunión con el subsecretario Jorge Vázquez quien les prometió que diez días después los llamaría para empezar a trabajar en el tema. “Nunca más nos llamó”, lamentó.

“Sólo hay esfuerzos aislados. Si no hay algo continuo esto seguirá hasta que maten a alguien. Uno no sabe en que momento le puede tocar”, concluyó.
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