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El presidente de la cámara de Diputados de Brasil, Rodrigo Maia, lo tiene claro. Su país enfrenta dos virus: el coronavirus, que estraga el mundo, y el virus del autoritarismo, frente al cual tampoco hay una cura a la vista. No, al menos, una salida sin trauma.

Un editorial de O Globo, de este lunes, advierte que la actitud “radical” del presidente Jair Bolsonaro alcanzó el domingo “un punto peligroso”.

Subido en una camioneta, frente al Cuartel General del Ejército en Brasilia, el presidente arengó a una manifestación de tinte religioso que predicó contra el congreso y la justicia y clamó por la intervención militar. El medio dice, sin embargo, que Bolsonaro es coherente  con el pasado porque nunca se “distanció del lado más oscuro de la dictadura militar”.

Un juez del Supremo Tribunal Federal, Luis Roberto Barrozo, advierte que “asusta ver manifestaciones por el regreso del régimen militar”. El expresidente Fernando Henrique Cardoso, urge una unión en torno a la Constitución “contra toda amenaza a la democracia”.

Y otro exmandatario, Luiz Inacio Lula da Silva, aún con cuentas pendientes en la justicia, apunta que la misma constitución que permitió elegir a Bolsonaro “tiene los mecanismos para impedir que conduzca al país a la destrucción (…) y “a un genocidio de la población”.

Brasil, según los datos que recopila cada día la Universidad Johns Hopkins, se acerca a los 40 mil casos de contagio confirmados y supera la cifra de las 2.500 muertes. El exministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, había advertido antes de su destitución la semana pasada que los meses más duros aún están por venir.

Una carta abierta del foro de gobernadores, respaldada por 20 de las autoridades estaduales, ya había cerrado filas el sábado en torno a las posiciones de los líderes parlamentarios –Maia y Davi  Alcolumbre, presidente del senado.

Los gobernadores sostienen, a la vez, que no puede haber un conflicto irreconciliable entre proteger la salud de las personas y la salud económica de la nación.

En ese mapa de enfrentamientos políticos en alza, como la pandemina, el procurador general de Brasil, Augusto Aras, fue  este lunes más allá de cartas y declaraciones y solicitó al Supremo Tribunal Federal (STF) abrir una investigación sobre los hechos del domingo, aunque sin mencionar específicamente al presidente Bolsonaro.

“El estado brasileño admite la única ideología, que es la del régimen de democracia participativa. Cualquier ataque a la democracia viola la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional”, dijo Aras, citado por la revista Istoé.

Bolsonaro, sostiene el editorial de O Globo, muestra una pobre convivencia con los controles y equilibrios de una democracia representativa y recuerda que, desde el comienzo de su gobierno, “ha tenido varias oportunidades de aprender que el Poder Legislativo y el Poder Judicial existen para actuar junto con el Ejecutivo de manera armoniosa”.

La revista Veja cita, entre los cuestionamientos a la presencia de Bolsonaro en la manifestación del domingo, a un par de altos rangos militares que fueron colaboradores del presidente.

El general de cuatro estrellas Maynard Santa Rosa, que fue secretario de Asuntos Estratégicos de la presidencia hasta noviembre, precisa que el Ejército no puede estar envuelto en “la dialéctica política” aunque exime a Bolsonaro de una acción premeditada. Simplemente se aprovechó, cree, de la presencia de los manifestantes. "Puede ser interpretada como un aval", advirtió.

Otro general, Carlos Alberto Santos Cruz, que fue ministro de la Secretaría de Gobierno, recuerda lo obvio que es pasado por alto por el mandatario. “La democracia se hace con disputas civilizadas, equilibrio de poderes y perfeccionamiento de las instituciones”.

Tanto Santa Rosa como Santos Cruz dejaron pronto el gobierno de Bolsonaro en medio de discrepancias.

En la revista Istoé, el columnista Marcos Strecker, advierte que la historia de la pandemia covid-19 apenas se está escribiendo pero observa que en los primeros capítulos están perdiendo aquellos líderes que subestimaron su seriedad (la del virus) o que optaron por negar la acción científica y organizada . Y en el caso de Bolsonaro, adivina la reedición de un nuevo caso PT (Partido de los Trabajadores, de Lula).

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