Mientras el mundo asiste a la escalada del conflicto en Medio Oriente entre Israel y Palestina, en Beijing, el presidente de China Xi Jinping es anfitrión de decenas de mandatarios que adhieren a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Mientras el mundo asiste a la escalada del conflicto en Medio Oriente entre Israel y Palestina, en Beijing, el presidente de China Xi Jinping es anfitrión de decenas de mandatarios que adhieren a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.
Se trata de un proyecto iniciado por China hace una década y que tiene eslabones de vías terrestres, marítimas y aéreas para el transporte de productos, tanto desde esa potencia hacia el resto del planeta, como de otras naciones hacia China.
La llegada de Vladimir Putin a Beijing puso una vez más la vista en la diplomacia china, que no condenó la invasión de Rusia a Ucrania, que tampoco condena a Hamás. Sin embargo, Beijing no hace movimientos militares y evoca la paz y la necesidad del diálogo en ambos conflictos.
Adicionalmente, antes del encuentro, Xi Jinping recibió la visita de Josep Borrell, el catalán jefe de la diplomacia de la Unión Europea. Ese encuentro tuvo especial relevancia porque el viejo continente tiene un déficit comercial anual con China que sobrepasa los US$ 500 mil millones.
Este tercer foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional, tras una década de su creación, se da a la par de la ampliación de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que a fines de agosto, en su decimoquinta reunión incorporó a Argentina, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes, el Irán, Egipto y Etiopía.
A su vez, esa alianza cuenta con el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), creado en 2015 con el objetivo de proporcionar una fuente de financiamiento alternativa al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial.
La sede del NDB está en Shanghái y la ex mandataria brasileña Dilma Rousseff está al frente. Una jugada importante de la diplomacia china para hacer fuerza en América, donde los Estados Unidos tienen particular recelo con el avance de los vínculos de las naciones del sur con China.
A su vez, India, convertido en el país más poblado del planeta, expande sus inversiones y su comercio en todo el mundo mientras lima asperezas con China. Desde Nueva Delhi la política exterior también es de búsqueda de equilibrios. Una vez más el gobierno indio apoyó la causa palestina y el respeto al Estado Palestino y también condenó el ataque de Hamás a Israel.
En cuanto a Rusia, China se provee de energía y consolida sus relaciones con Moscú sin condenar la agresión rusa a Ucrania. Pero Beijing tiene como segundo proveedor de energía a Emiratos Árabes Unidos, tradicional aliado de Washington.
El tablero de las alianzas establecidas por Beijing permite ver cómo se va desgranando la hegemonía unilateral de Estados Unidos emergente del Consenso de Washington de 1990 coincidente con el desplome de la Unión Soviética.
China esperó muchos años, mientras su economía crecía con tasas de dos dígitos, para pergeñar un proyecto que la proyectara hacia la competencia por lograr lo que Beijing llama multilateralismo pero que significa la posibilidad de convertirse en no muchos años en la primera economía mundial.
En ese contexto surgió la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI en inglés, Belt and Road Initiative). Se trata de una red de desarrollo de infraestructura global y cooperación impulsada en 2013.
Según Beijing, la BRI propone un nuevo concepto para las relaciones internacionales basado en la idea de “negociar, construir y compartir juntos” basado en “la prosperidad y la estabilidad”. Tomó como modelo las relaciones establecidas entre Oriente y Occidente en la era de la histórica Ruta de la Seda.
Xi anunció la estrategia durante una visita a Kazajistán en setiembre de 2013. En esa oportunidad, Franja hacía referencia a las rutas terrestres a través del Asia Central sin salida al mar, a lo largo de las rutas comerciales históricas. La palabra Ruta refiere a las vías marítimas del Indo-Pacífico a través del sudeste asiático hasta el sur de Asia, Oriente Medio y África.
En esta década, China expandió inversiones en infraestructuras logísticas y de transporte en puertos, rascacielos, vías férreas, carreteras, puentes, aeropuertos, represas, centrales eléctricas térmicas y túneles ferroviarios. Toda esa red responde a realidades de cada país pero pensadas desde la perspectiva china.
A esto se suma la conectividad que en los últimos años permite la tecnología 5G, en la que China tiene varias empresas de primera línea y que despiertan recelos por parte de Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña y la Unión Europea, que ven detrás de esa capacidad tecnológica una gran red de captura de información valiosa en un mundo en conflicto.
Para tener dimensión de lo que significa China, desde el triunfo de la revolución liderada por Mao Tse Tung, en 1949, esa inmensa nación se rige por planes quinquenales. El proyecto del BRI tiene como fecha ambiciosa llegar al centenario de esa revolución, en 2049, con una capacidad de liderazgo mundial. Sin dejar de lado la retórica de la multipolaridad.
La iniciativa requiere contar con capital a largo plazo para todas las naciones que se suman. Eso explica por qué muchos jefes de estado de Asia y Europa del Este expresaron su interés en unirse a esta nueva institución financiera internacional centrada en los activos reales y el crecimiento económico impulsado por la infraestructura.
También tiene el propósito de que las transacciones comerciales no se rijan por el dólar, que es la moneda de reserva internacional más importante del mundo y también la más utilizada en las transacciones internacionales.
La Iniciativa de la Franja y la Ruta, con una década de funcionamiento, en un contexto internacional inestable y con varios focos de guerra, se convirtió en uno de los proyectos de infraestructura e inversión más grandes de la historia.
A 10 años de aquel llamado, se sumaron unos 140 países, 22 de los cuales son de América latina. Cuenta con seis corredores troncales, terrestres y marítimos, que atraviesan países que suman 63% de la población mundial. El encuentro de líderes mundiales convocados por Xi Jinping estos días prevé inversiones a largo plazo por US$ 2,5 billones.
(Con información de agencias)