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Hace 24 años, exactamente la mitad de su vida, que Fabián Gómez se maquilla el rostro con un par de lágrimas negras y una amplia sonrisa roja, y se transforma en Piñón Fijo. Pero lo que comenzó como el personaje de un artista que intentaba ganarse la vida en las calles de Córdoba se transformó en un fenómeno sin precedentes en Argentina.

Nombrado en alusión al engranaje de la bicicleta que solo permite avanzar, Piñón Fijo no paró de ir hacia adelante. De conquistar de a poco su provincia natal pasó a Buenos Aires, donde terminó editando 10 discos, llenando teatros, realizando una película y teniendo su propio programa en la televisión, que en la actualidad emite canal 13 durante las mañanas.

Nueve años después de su último show en Montevideo, que se realizó en 2004 en el Palacio Peñarol, Gómez presenta mañana en La Trastienda Piñón Fijo en Familia, un espectáculo en el que participan sus hijos. “A nivel vivencial es un regalo de la vida. Sol tiene 26, Jeremías tiene 25 y Piñón va para los 24, así que son contemporáneos a mi personaje”, sostuvo el artista nacido en Deán Funes, en conversación telefónica con El Observador.

¿Qué lo tuvo tanto tiempo alejado de Uruguay?

Quizá falta de contactos y también sobredosis de trabajo. Pero como Fabián estuve hace poco disfrutando los carnavales y de la cultura hermosa que hay ahí. A Uruguay y a Montevideo en particular aprendí a amarlas antes que por lo geográfico y lo físico, por su cultura.

¿De niño quería ser payaso?

Como todos los niños quería ser jugador de fútbol, y me di cuenta de que no tenía dotes. Después la vida me fue llevando por el camino de la música. Cuando era adolescente tocaba la guitarra, andaba en los pubs y las peñas, armaba grupitos de música con amigos. Pero profesionalmente empecé de la mano de Piñón.

¿Cuál es la clave para entretener a un niño?

No tener claves. Lo que hay que tener son las herramientas más honestas a mano e ir eligiendo eso según la dinámica que se va presentando.

¿A usted qué cosas le entretenían cuando era niño?

A mí me marcó mucho María Elena Walsh cuando era niño, pero también de adolescente guitarrero, de papá joven buscando recursos para entretener a mis hijos y como artista. Como niño disfruté de los personajes de la tele de mi época, como Carlitos Balá, Pepe Biondi y Gaby, Fofó y Miliqui.

¿Cuán diferentes son estos personajes de lo que se hace actualmente en la televisión para los niños?

En mi país hay distintas fórmulas: hay una con la cual yo no confluyo, que es la de empezar con un producto infantil al principio del año y después mutar a la tira de la telenovela de la tarde según las necesidades de rating. Ese formato creo que ha hecho acortar etapas masivamente a muchos niños. Cuando la vida me dio la posibilidad de visitar otros países me di cuenta de que eso no sucedía. Un niño de 12 años puede mirar un payaso, un títere, un mimo, sin ningún pudor y acá un niño de 6 años siente culpa de ver algo que es para bebés y no para adolescentes, como el mercado los ha formateado a ellos.

¿Se refiere a novelas como las de Cris Morena?

No quiero dar nombres para no generar polémicas. No solo el modelo que ha formado ella, también otros que han copiado ese estilo, con el que uno humildemente no confluye y ha tratado de presentarse como una opción a eso.

¿Por qué cree que se generó todo este fenómeno con usted?

Le he buscado la explicación pero gracias a Dios nunca la encontré porque creo que en las cuestiones afectivas y emotivas no hay muchas explicaciones intelectuales. Pero me parece que el personaje y la música que hago mínimamente no aburren ni molestan al adulto que acompaña al niño.

¿Cómo cree que han cambiado la relación entre padres e hijos en estas dos décadas?

Me deslumbra que estos seres que hace 20 o 30 años tenían 2 años y eran casi el muñecote y la mascota de la familia hoy tienen opinión, piden, exigen y discuten de igual a igual. Los tiempos son tan vertiginosos que los chicos de este siglo son unos aviones. Llegan, hacen un round de estudio y se terminan adueñando de la situación. Algo que habla también de un mundo más libre y respetuoso con ellos, en el que antes los límites se resolvían con un chirlo.

¿Cómo es Fabián Gómez?

Más payaso que cuando es Piñon Fijo.

¿Cómo sigue su proyecto de música para adultos?

Tengo una cosita armada, la tengo en pausa, en algún momento madurará y venceré el pudor de mostrarla. Espero.

¿Cómo se ve en 20 años?

Si da para envejecer haciendo a Piñón me encantaría, porque me siento muy realizado.

¿En qué quedó la estatua que le querían erigir en Deán Funes?

Es la única estatua que no quedó firme (se ríe). Hace un tiempo vino alguien a proponerme a hacer un monumento a Piñón. Yo le expliqué que para mi no daba por una cuestión de pudor y prioridades. Pasó el tiempo y veo en internet que el intendente actual estaba prometiendo electoralmente una plaza con la estatua de Piñón. Y le escribí una carta diciendo que hubiera estado bueno que me consultaran a ver qué pensaba. Al final todo quedó en la nada.

Usted dijo que le gusta el ritmo del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y que siempre tuvo una actitud militante. ¿En qué sentido?

Eso fue en el contexto de un reportaje que se desvirtuó. Me preguntaron cómo había sido mi relación con la política y yo contesté en mi juventud había tenido una actitud militante en lo social. Y me preguntaron sobre el rumbo del gobierno y dije que había cosas con las que coincidía y otras en las que discrepaba y que si había una escala a de grises en este mundo tan polarizado yo me situaba ahí. Y hoy justamente en nuestro país estamos sufriendo eso. Los medios van simplificando el lenguaje de lo que se dice y lo mío terminó con el titulo “Piñón militante kirchnerista”. Me parece que somos adolescentes en la democracia y ese impulso de adolescentes es el que muchas veces no nos deja ver los grises. Dios quiera que tengamos muchos años mas de democracia para madurar.
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