Los más de siete millones de votos de la consulta popular del pasado domingo dicen mucho sobre el descontento popular en Venezuela pero tampoco alcanzan para establecer un juicio contundente sobre lo que pueda suceder en el futuro.
De la boca para afuera, el gobierno venezolano no reconoció la voluntad popular en su contra, pero es claro que el terreno espinoso en el que se encuentra se profundizó ampliamente.
Si bien la consulta popular no era vinculante, el impacto político del resultado movió a la comunidad internacional.
"Las imágenes de los centros de votación llenos de gente fueron un mensaje claro, principalmente para las Fuerzas Armadas, sobre el descontento que existe", dijo a El Observador el analista político venezolano Andrés Cañizález.
En este momento, Venezuela es una olla a presión que bien podría terminar en una etapa de transición hacia otro gobierno, o se podrían formar poderes paralelos enfrentados, en esta pugna política con los órganos del oficialismo por un lado, y los del movimiento de oposición por otro, estimaron ese y otros analistas.
Aunque, claro está, no hay que descartar tampoco la continuidad de Maduro en el poder, pese al clamor popular, los deseos de la oposición y las presiones de la comunidad internacional. Es que hasta ahora, el presidente ha tenido en las fuerzas armadas un aliado incondicional y ese factor lo ayudó a sostenerlo.
No obstante, la posibilidad de que el gobierno se afiance parece más lejana, en medio de la peor crisis en la historia. Sin embargo, aún tiene músculo financiero para soportar.
"No creo que el desenlace sea inminente, porque este gobierno todavía tiene herramientas a la mano, a pesar del profundo deterioro económico-social", declaró a El Observador el economista Asdrúbal Oliveros.
Se refirió a que, según cálculos de la firma Ecoanalítica, el gobierno cuenta con US$ 10.000 millones en reservas internacionales (de los cuales un poco más de la mitad es oro), unos US$ 2.000 millones en otros activos, y genera entre US$ 25.000 millones y US$ 28.000 millones al año por las exportaciones de petróleo.
"Esto es una cifra modesta ante lo que acostumbraba Venezuela, pero manejada directamente por el gobierno, le da poder", observó Oliveros.
Próximos pasos
En este tablero de ajedrez, es probable que el gobierno busque neutralizar a la "disidencia" o sus "enemigos", como la Asamblea Nacional y a la fiscal general, Luisa Ortega. Mientras tanto, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) mantendrá el reto de movilizar a la gente e intentará detener el proceso constituyente del 30 de julio.
La MUD dio a conocer este lunes su agenda "Activación Hora Cero", que incluye: nombramiento de nuevos magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia, confirmación de un gobierno de unión nacional, y convocatoria para este jueves a un paro cívico nacional de 24 horas, según detalló el primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, el diputado Freddy Guevara.
"El punto de la oposición es prácticamente hacer inviable el país y que el gobierno no tenga otra opción que suspender la elección de la Asamblea Constituyente, pero no creo que lo consiga. Las próximas dos semanas serán críticas; ambas partes están jugando sus estrategias más extremas", comentó Oliveros.
Constituyente imparable
Es probable que la elección de los candidatos a la Asamblea Constituyente que plantea el presidente Maduro no se detenga, a pesar de la presión de la MUD y de la comunidad internacional.
Hasta ahora Maduro no habló de la consulta, pero hizo referencia a la Asamblea Constituyente y al futuro del país, al señalar que "un lindo amanecer se acerca".
Por su parte, Jorge Rodríguez, alcalde de Caracas y con larga trayectoria en el Partido Socialista Unido de Venezuela, afirmó que "el pueblo va a defender" las elecciones para la Constituyente del domingo 30 de julio.
Voceros del gobierno interpretan a la Asamblea Constituyente como un símbolo de fortalecimiento del status-quo, o del comunismo. No todos están de acuerdo.
"La instalación de una Asamblea Constituyente, más que refrendar al gobierno, lo que dejará en evidencia es que este sigue controlando las instituciones: el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia y las Fuerzas Armadas", advirtió Cañizález.
Lo cierto es que, en el marco de la Asamblea Constituyente o sin esta, los problemas del país no desaparecerán.
La apuesta más grande a favor de Maduro sería la normalización del país, pero para ello debería flexibilizar su posición.
Si la Asamblea Nacional destituyera a los magistrados del Tribunal Supremo de Justicia que fueron electos en forma fraudulenta en diciembre de 2015 y nombra nuevos magistrados llevará a una situación de poderes paralelos, porque los actuales magistrados van a querer seguir actuando. Algo similar sucedería con los miembros del Consejo Nacional Electoral.
La MUD considera que la naturaleza de la Asamblea Constituyente no será discutir una Constitución (piensa que "es una excusa"), sino establecer un supra poder que le otorgue legitimidad al régimen de Maduro, con la intención de barrer a los otros poderes que le resultan incómodos, como la Fiscalía y la Asamblea Nacional.
Economía endeble
Mientras, la coyuntura económica es delicada. Ecoanalítica calcula que el PIB de Venezuela caerá 10% al cierre del año, y en 2018 lo hará 4% (ya acumula cuatros años de caída).
De todas formas, sus indicadores serán comparables a los países que padecieron guerras civiles, conflictos bélicos o desastres naturales graves.
Si el escenario fuera de transición, tendría más chances de recibir ayuda de otros países y organismos internacionales. Al momento, la deuda de Venezuela supera los US$ 150 mil millones, si se suman todos los pasivos.