“Desde la década de 1990, cuando fundamos Netgate, con el servicio de conexión discado, brindábamos cursos para cada cliente que contrataba nuestro servicio. Íbamos a sus casas y les brindábamos un curso personalizado de iniciación al mundo de internet”, recordó.
La crisis económica que atravesó Uruguay en el año 2002 fue una motivación para el emprendedor y su grupo al momento de probar incursionar en el campo del teletrabajo.
La especialización de Lamé y su equipo en la temática los llevó a implementar cursos presenciales en 2006, por los que ya pasaron más de 60 mil personas.
El éxito del programa trascendió fronteras y los cursos fueron impartidos también en Colombia y Chile. En el país transandino se alcanzó a capacitar a unos 10 mil alumnos.
“Epistele fue darle un nombre a la misma solución en capacitación que veníamos brindando, pero esta vez de forma remota y no presencial”, explicó Lamé.
Antes, el traslado de profesores y estudiantes resultaban una limitante para el proyecto.
Epistele tiene un año en la web y ya cuenta con 10 cursos.
Desarrollo del proyecto
En 2010, Lamé y su equipo presentaron en la ANII el proyecto Epistele. Luego de un proceso de desarrollo y aprobación dentro de la agencia, el emprendimiento salió al mercado en 2011, pero en una fase de prueba.
Según Lamé, fue fundamental probar el modelo durante todo el año y afinarlo para que diera mayores resultados.
Entre las cosas que se cambiaron están el precio de los cursos y su extensión.
Según explicó el CEO de Epistele, algunas cosas se tuvieron que modificar para ofrecer un producto más atractivo.
El precio inicial de US$ 300 se bajó a US$ 50. Por otra parte, los cursos actuales no tienen fecha de inicio y final. Cada alumno, luego de pagarlo a través de Abitab, PayPal o tarjeta de crédito, puede acceder al curso y hacerlo en el tiempo que quiera y pueda. De esta forma se gana en flexibilidad, destacó Lamé.
La ANII, recordó Lamé, financió el 60% de la primera etapa del proyecto, lo que incluyó la elaboración y desarrollo de los cinco primeros cursos de Epistele.
Según el emprendedor, el aporte de la agencia fue muy importante, ya que les brindó, además del apoyo económico, la asistencia y la devolución de especialistas.
En la oficina de Epistele trabajan ocho personas, aunque el proyecto tiene colaboradores que trabajan desde sus hogares.
Según Lamé, lograr que todos las partes que participan en el proyecto puedan vincularse de forma remota es uno de sus objetivos. Es que no solo los estudiantes deben tener la libertad de participar desde cualquier lugar que tenga conexión. Los programadores, diseñadores y tutores también deben poder trabajar a distancia, remarcó el emprendedor.
Para Lamé el trabajo y la educación a distancia van a ser moneda corriente en un futuro cercano. Es por eso que se debe incluir en el circuito a personas que todavía no participan en él. “Son los nativos analógicos quienes deben adaptarse al cambio de modelo, y ahí entra en juego Epistele”, señaló.
“Actualmente hay una discusión enorme sobre la nueva universidad y su alcance nacional. Pero desde mi punto de vista podríamos realizar inversiones mucho más inteligentes si trabajáramos en la educación a distancia. De esta forma podríamos gastar en contenidos buenos para la educación y no en traslados de personas e infraestructura física”, explicó Lamé.
Para el CEO de Epistele, el desarrollo de la fibra óptica en Uruguay es un buen elemento para profundizar en la educación a distancia.
Los contenidos que ofrece Epistele a sus estudiantes están desarrollados en primer lugar para el mercado uruguayo. Esto quiere decir que los alumnos pueden acceder a todos los contenidos que brinde el curso con cualquier tipo de conexión.
“Está pensado para que los cursos se puedan hacer desde cualquier punto del país y con cualquier conexión. Cualquier persona que tenga en su hogar el Universal Hogares, que es un producto gratuito, puede hacer el curso”, remarcó Lamé.
Epistele procura que ningún interesado se vea limitado por su conexión. Los materiales que pueden ser más pesados y necesitar una mejor conexión se le ofrecen al alumno como información complementaria.
Desarrollo por nichos
A partir del núcleo sobre teletrabajo, Epistele desarrolló diversas especializaciones, como el curso para el teletrabajo de periodistas o escritores. Estos cursos de especialización cuestan U$S 90.
Según Lamé, los contenidos que se ofrecen en sus cursos son de excelente calidad y han obtenido una muy buena calificación entre los alumnos.
“Todo lo que consideramos que es un contenido más ‘común y silvestre’ lo ofrecemos de forma gratuita. Por ejemplo: cómo utilizar el correo electrónico o cómo usar Paypal”, explicó el fundador del proyecto.
Cuando el alumno se inscribe y abona el curso está habilitado para comenzarlo cuando quiera, aclaró Lamé. Cada curso tiene un número de lecciones que deben ser aprobadas una por una para obtener el diploma. “Obviamente este modelo educativo apela a la honestidad de cada alumno, porque después de todo cada uno se capacita porque quiere”, afirmó.
Ambiente emprendedor
Lamé destacó los avances que ha tenido en los últimos años el sistema uruguayo de apoyo a emprendedores, aunque también reconoció que restan muchas cosas por hacer. “Estamos mucho mejor, pero si nos comparamos con otros países claro que falta”, señaló.
Por otra parte el emprendedor destacó el nivel profesional de los trabajadores uruguayos vinculados a los desarrollos tecnológicos, y remarcó que hay muy buenos profesionales pero poca cantidad.
“En el sector software hace diez años que estamos con demanda laboral insatisfecha”, afirmó.
Según Lamé el mercado mundial es muy amplio y los uruguayos tienen muchas posibilidades de aumentar sus ventas por intermedio de internet. El problema, destacó, son los recursos humanos escasos del país,que hacen imposible, por ejemplo, los grandes proyectos de software.
“Es por eso que debemos concentrar nuestro trabajo en productos escalables, que puedan ser vendidos infinitas veces sin aumentar los costos de producción, como el desarrollo de un software o un curso de capacitación online”, explicó Lamé.
Epistele busca ofrecer al mundo hispanoparlante un producto diferencial y específico que se ajuste a las necesidades de sus alumnos, al mismo tiempo que presenta a los emprendedores uruguayos una nueva forma de hacer negocios.