El Maestro Óscar Tabárez había demorado dos partidos en conseguir el equipo en sus pasadas dos Copas del Mundo en Sudáfrica 2010 y en Brasil 2014.
El Maestro Óscar Tabárez había demorado dos partidos en conseguir el equipo en sus pasadas dos Copas del Mundo en Sudáfrica 2010 y en Brasil 2014.
En Sudáfrica, el entrenador uruguayo encontró el equipo que había buscado en el segundo encuentro contra los dueños de casa, los sudafricanos. Aquella noche de Pretoria sacó de entre los titulares del primer partido (0-0 contra Francia) a Ignacio González y retrasó a Edinson Cavani.
A partir de allí llegaron los goles, el triunfo por goleada ante el local Sudáfrica (3-0) y la selección celeste fue otra, jugó mucho mejor en los encuentros que siguieron.
Algo similar ocurrió hace cuatro años en Brasil luego de un debut muy flojo perdiendo 3-1 contra Costa Rica.
Para el segundo partido, Tabárez metió mano y le dio cabida a Luis Suárez, quien volvía de una operación de meniscos, pero también lo hizo en el fondo sacando a Diego Lugano –lesionado–y a Maximiliano Pereira ingresando José María Giménez y Álvaro "Palito" Pereira. Y no dudó en sacar a Diego Forlán y darle ingreso a Nicolás Lodeiro quien jugó un partidazo, quizás el mejor con la celeste en el pecho.
En este Mundial de Rusia, Tabárez tardó un poco más en conseguirlo. Los resultados igualmente lo ayudaron ante Egipto y Arabia Saudita y además, le dieron la tranquilidad temprana de clasificar a octavos de final con anticipación, algo que no se conseguía desde 1954.
Pero en el tercer encuentro consiguió encontrar el equipo. Uruguay contra Rusia, tal como lo hizo en Sudáfrica en 2010, le arruinó la fiesta al local y jugando un gran partido, con individualidades que rayaron a gran altura.
¿Qué cambió Tabárez en esta ocasión? Le dio más aire por las bandas con Diego Laxalt por izquierda, las subidas de Nahitan Nández por derecha. Se formó un rombo con Rodrigo Bentancur –una de las figuras y en su cumpleaños 21– como el más adelantado, Lucas Torreira como el más retrasado, Nández por derecha y Matías Vecino por izquierda.
Eso llevó a que la pelota le llegara mucho más a los hombres de ofensiva quienes levantaron ostensiblemente su rendimiento con respecto a los dos primeros compromisos.
Tabárez ya lo ha dicho hace pocos días en una conferencia de prensa en Rusia: el hecho de tener tantas Copas del Mundo le han enseñado a no guardarse nada. Y él experimenta en la cancha, trabaja en esa búsqueda insaciable del equipo que sabe que precisa y que en algún momento encontrará.
Esta vez no debió recurrir a las variantes perdiendo puntos como en situaciones anteriores, sino que fue al revés. Pese a los buenos resultados, estaba seguro de que sus muchachos no habían rendido a la altura de lo que podían en los dos primeros encuentros.
La figura táctica fue diferente y el equipo definitivamente apareció. No por el resultado y esa goleada sobre Rusia por 3-0, sino más que nada, por el rendimiento colectivo que mostraron los futbolistas, no solo los titulares, incluso también los suplentes que ingresaron como Giorgian De Arrascaeta –más suelto– y el Cebolla Rodríguez. De Maximiliano Gómez no se puede emitir juicio ya que ingresó justo al final.
Los conceptos futbolísticos del Maestro no cambiaron, simplemente, decidió un cambio táctico en la cancha que le dio el resultado esperado. Deberá mantener esa idea y, a su vez, la confianza en la misma.
La consistencia y solvencia defensiva –aún sin José María Giménez, lesionado– y con Sebastián Coates firme, sigue siendo una de las grandes herramientas. Los dos monstruos de arriba siguen a pie firme y el gol en la hora de Edinson Cavani le puede dar aún más bríos al notable delantero que se mueve por toda la cancha.
Lo que había que mejorar era el rendimiento del mediocampo y fue uno de los puntos altos nada menos que ante los dueños de casa. Entonces Uruguay apareció en todo su esplendor como el equipo que todos esperaban.
La celeste con Tabárez a la cabeza, va partido a partido y ahora vienen las que más cuestan, pero a su vez, la que más le gustan a los jugadores uruguayos.
Uruguay no brilló en sus dos primeros partidos, pero las variantes para el tercero le cambiaron la cara. Terminó primero en su grupo, sin goles en contra y ganando los tres compromisos, algo que nunca se había logrado en toda la historia cuando jugó en grupos de cuatro selecciones. Como para creer cada vez más.