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La suba del dólar durante el último mes y las fuertes lluvias que afectaron la producción de la granja, agregarán leña al fuego de la inflación en el segundo mes del año, luego de un enero de fuerte empuje de los precios. De esa manera, dos elementos que en el último trimestre del año contribuyeron a amortiguar el aumento de los precios, como la evolución del tipo de cambio y los valores de los alimentos no procesados, empiezan a jugar en contra de la estabilidad de precios.

El Índice de Precios al Consumo (IPC) acumuló un aumento de 8,52% en los 12 meses finalizados en diciembre. Si bien el dato de enero será dado a conocer hoy por el Instituto Nacional de Estadística (INE), los analistas privados encuestados por el Banco Central (BCU) a mediados del mes anticipaban un encarecimiento de 2,1% en la canasta de consumo respecto a diciembre, dejando el dato de inflación interanual a 8,74%.

Las presiones inflacionarias se vieron amortiguadas en los últimos meses por una fuerte desaceleración en el aumento de un rubro en particular, caracterizado por una fuerte volatilidad y una enorme dificultad para predecir su comportamiento. Se trata de los alimentos no elaborados, compuestos por carnes y productos de granja, cuyos precios evolucionan en mayor medida movidos por factores de oferta, entre los cuales el clima juega un rol determinante.

La seguidilla de lluvias de los últimos días trajo consigo importantes pérdidas en el área de granja, que afectará los precios de algunas frutas y verduras, a raíz de una menor oferta para el consumidor. Lechugas, tomates, papas, boniatos, zanahorias, zapallos, uvas, duraznos y peras, verán comprometida una parte de su producción por el exceso de agua, dijeron a El Observador productores consultados.

Frutas, verduras y hortalizas tienen un peso de 35% en el rubro alimentos sin procesar y de 4,3% en el total de la canasta de consumo. En los últimos meses, el grupo alimentos sin procesar registró una fuerte desaceleración en su aumento. En agosto de 2013, mantenían un ritmo de suba interanual de 12,6%, que fue reduciéndose hasta un incremento de 6,2% en diciembre respecto a igual mes del año anterior. De esa manera, pasaron de explicar 1,5 puntos porcentuales de inflación a 0,7 durante ese período.

Un salto en el precio de los alimentos no elaborados si bien no tendrá un impacto significativo sobre la inflación general, hará que el rubro deje de compensar las presiones crecientes en otros bienes y servicios y empiece a contribuir como elemento de presión inflacionaria.

Tipo de cambio

El dólar es el segundo elemento que agrava el escenario de precios. Los mercados emergentes reaccionaron ante un retroceso de los estímulos monetarios en Estados Unidos con una depreciación de sus monedas. El peso uruguayo no se quedó atrás en la carrera y de ese modo, el dólar acumula una suba de 3,5% en lo que va del año. La suba de la divisa impacta sobre el componente transable de la canasta de consumo –aquellos productos que se exportan o se importan–, haciendo subir el valor de los bienes y servicios que se intercambian con el exterior.

El incremento interanual del tipo de cambio se ha ido acelerando significativamente en los últimos meses, pasando de un incremento de 4,4% a setiembre, a 10,7% en diciembre, 12% en enero y 15,8% si se mantuviera constante en febrero la cotización de ayer, de $ 22,128, en el mercado interbancario.

De ese modo, el ritmo de aumento interanual de los precios transables se aceleró de forma continua, pasando de 4,2% en julio a 7,3% en diciembre. En cinco meses, esa agrupación de bienes y servicios pasó de aportar un punto porcentual a la inflación general, a 1,8 puntos. Si bien el dólar fue un factor de aceleración en la dinámica inflacionaria, en Uruguay el billete verde se apreció menos que en la mayoría de los países emergentes y en el último trimestre mostró más bien una leve caída.

El componente de la canasta que más explica la inflación actual es el de los bienes y servicios no transables, compuesto por productos y rubros que no se producen en el mercado local únicamente para satisfacer la demanda doméstica. En los 12 meses finalizados en diciembre, esa agrupación subió 10,4% y mantuvo tasas de crecimiento de dos dígitos por tres meses consecutivos.

A pesar de la desaceleración del consumo y los salarios, los precios no transables, cuyos fundamentos se rigen en buena medida por esas dos variables, muestran una fuerte inercia en su evolución, con una importante dificultad para reducir su ritmo de aumento.
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