La semana pasada llegaron a la isla de Lampedusa unos 8.000 migrantes tunecinos y la propuesta de frenar la inmigración a Italia de la primera ministra Giorgia Meloni hace aguas.
La semana pasada llegaron a la isla de Lampedusa unos 8.000 migrantes tunecinos y la propuesta de frenar la inmigración a Italia de la primera ministra Giorgia Meloni hace aguas.
Lampedusa es una pequeña isla ubicada en el sur de Sicilia, en el mar Mediterráneo y está más cerca de las costas tunecinas que de las sicilianas. Sin embargo, históricamente es territorio italiano.
La cercanía de esa isla de soberanía italiana y por lo tanto territorio de la Unión Europea (UE) hace que muchas personas, en la desesperación de no tener trabajo o alimentos, llegue a Lampedusa con la esperanza de lograr acogida por parte de las autoridades italianas.
Sin embargo, en su campaña para llegar al cargo de primera ministra, Giorgia Meloni prometió mano dura para frenar a los migrantes africanos o del cercano oriente que llegan a territorio italiano en barcazas precarias.
Pero la desesperación de los seres humanos puede más que las promesas de campaña y desde que asumió, en octubre de 2022, lejos de disminuir, los migrantes sin permiso llegaron en mayor cantidad a territorio italiano.
Abrumada por este escenario, Meloni, pidió a Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión de la UE, que fuera con ella a Lampedusa para que constatara la desesperante situación de los 8.000 migrantes agolpados en esa isla donde no hay instalaciones ni alimentos como para contenerlos.
Meloni dijo en un video en la plataforma X, antes Twitter, que Italia necesita y exige la ayuda de la UE. “La presión migratoria que vive Italia desde principios de año es insostenible”, dijo. En el pasado mes de abril, en un fin de semana habían llegado 2.000 personas de modo irregular y en Italia lo vivieron como una gran cantidad. Ahora, seis meses después, en una semana, el número se multiplicó por cuatro.
Ursula von der Leyen pudo observar en el lugar las lamentables condiciones con que cuenta Lampedusa para sostener ese flujo migratorio producto de la pobreza y el hambre en el continente africano.
Von der Leyen no pudo presentar ninguna ayuda de emergencia inmediata. Tomó nota de la situación y se eximió de una respuesta ya que, dijo, tendría que ser proporcionada por los demás Estados miembros de la UE y solicitada por Italia al personal de coordinación de la Comisión de la UE en Bruselas.
Esto llevaría a un trámite que excede la emergencia creada por el desborde de personas que no cuentan con alimentos ni atención médica mientras Bruselas escucha el eventual pedido de Meloni que, por otra parte, va en dirección contraria de sus promesas electorales destinadas a “terminar con la inmigración ilegal”.
Por otra parte, los socios comunitarios se quejan de que Italia hace muchos años que es el país que recibe mayor ayuda financiera de la UE para el funcionamiento de centros de acogida y puntos de registro. La realidad tiene una explicación geográfica ya que Lampedusa es el territorio comunitario más próximo del continente africano.
En un mensaje enviado por video hace dos semanas, Giorgia Meloni pidió un cambio en las políticas comunitarias en la misma dirección de lo que planteó en la cumbre de la UE celebrada en Bruselas en junio. Allí, la seguidora de las ideas de Benito Mussolini había planteado que la mejor solución es “detener por completo la migración”.
La propuesta de la primera ministra es impedir que los barcos salgan de Túnez. Para eso reclamó que una misión de la UE se instale en Túnez. Sin embargo, eso no está autorizado por el derecho marítimo internacional, ya que se trataría de una intrusión en aguas territoriales tunecinas.
Ni los barcos italianos ni los de la UE pueden operar en la zona de 12 millas frente a la costa tunecina. Sólo Túnez tiene jurisdicción allí. Incluso, fuera de las zonas de 12 millas, los buques de la UE no pueden intervenir en absoluto, siempre que las embarcaciones de los migrantes estén en condiciones de navegar.
Italia tampoco puede impedir permanentemente que los barcos atraquen en sus puertos. Lo que sí puede hacer el gobierno de Meloni es denegar el acceso a embarcaciones en condiciones de navegar, por razones de seguridad, y asignarlas a otros puertos.
Por las normas comunitarias, a los náufragos de los barcos de salvamento debe asignarles un puerto seguro el Centro Nacional de Coordinación de Socorro Marítimo en Roma, pero este puerto también puede estar lejos, por ejemplo, en el norte de Italia.
Desde principios de este año, el gobierno italiano intenta dificultar la actividad de los barcos de salvamento de las ONG’s. En la práctica, eso apenas repercute en el número de personas que llegan, ya que, según los guardacostas, cerca del 90% de los migrantes logran la travesía por sus propios medios y desembarcan en algún lugar dentro o fuera de un puerto de Italia.
Los registros del gobierno de Meloni es que en los ocho primeros meses de 2023 habrían llegado a Italia 120.000 migrantes.
Ursula von der Leyen y Giorgia Meloni visitaron Túnez en julio de 2022, junto con el primer ministro holandés, Mark Rutte. Después de la visita, anunciaron que habían llegado a un acuerdo con las autoridades del país africano. Túnez impediría que los refugiados crucen hacia Europa a cambio de una ayuda económica de unos € 1.000 millones.
Sin embargo, aún ese acuerdo no se materializó. El presidente tunecino, Kaïs Saied, casi como una ironía, tras esas conversaciones dijo que su país, con un alto grado de pobreza, “no se convertiría en el campo de refugiados de la UE”.