Gran Bretaña en alerta por 760 muertes a consecuencia del calor
Lo normal es que la temperatura máxima sea 23º pero ya van cinco días con más de 30º
En un país donde la temperatura máxima promedio es de 23º, sin aires acondicionados y con todo predispuesto para el frío, cuando el termómetro llega a los 32º puede ser fatal. Eso es lo que está pasando por estos días en Inglaterra, donde se calcula que murieron 760 personas por una ola de calor que se está asemejando a la de 2006. Las autoridades temen que para cuando termine el verano puedan haber fallecido unas 2.000 personas.
Un estudio de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, que ayer fue divulgado por la prensa británica, atribuye a la ola de calor que se vive ahora en Gran Bretaña entre 540 y 760 víctimas. Salud Pública de Inglaterra, en tanto, informó que entre el 6 y el 14 de Julio fallecieron 650 personas por el calor, según consignó el Telegraph ayer.
La crisis es tal que las autoridades declararon, el miércoles, una alerta de nivel tres de vigilancia contra el alza de las temperaturas. El grado cuatro es el mayor de la escala y se podría alcanzar pronto.
Los más vulnerables a esta situación son los ancianos, los enfermos crónicos, los que padecen males cardiovasculares, respiratorios o renales, y los enfermos de parkinson o diabetes.
Pero también la gente sana que es tomada de sorpresa por unas temperaturas que, de acuerdo al servicio meteorológico inglés, podrían trepar la semana que viene hasta los 35º. Además de ser el mes más caliente, este julio es el más seco desde 1776, según la corresponsal en Londres del diario El Mundo.
Por ejemplo, un cartero de 29 años se desplomó en plena calle mientras hacía su trabajo el lunes. El día anterior y en Gales, dos soldados reservistas fallecieron mientras hacían un entrenamiento militar de las fuerzas de élite SAS, cuando en la zona donde estaban el termómetro llegó a su mayor registro en el año: 29,5º. Además, ese día un tercer oficial quedó internado en estado grave.
Más allá de los muertos por el calor, han aumentado los heridos graves por quemaduras y el Servicio de Ambulancias de Londres detectó un aumento de cerca del 30% en la cantidad de las llamadas en busca de auxilio.
Las autoridades han reiterado, asimismo, las alertas respecto al nado en aguas abiertas. A causa de esto –seguramente una forma de mitigar el calor de tierra firme– cuatro personas fallecieron el martes.
Otro aspecto que genera especial atención es el de los incendios: de acuerdo con los bomberos son unos 20 por día, cuando en circunstancias normales no son más de cinco. La Brigada de Fuego de Londres calcula que en lo que va del verano hubo 1.010 incendios, en su mayoría causados por colillas de cigarrillos, asados y botellas de vidrio.
En tanto, las empresas que venden agua, que buscan satisfacer una demanda inaudita, empezaron a aconsejar a sus consumidores que rieguen las plantas solo por la noche y “usen el agua de modo racional”, según informó el Telegraph.
Proponen cambiar la ley
Como primera medida para contener la situación, el ayuntamiento de Londres recomendó a la población que no se exponga al sol entre las once de la mañana y las tres de la tarde. La preocupación hizo que el asunto se abordara también el miércoles en el Parlamento británico, donde 17 legisladores firmaron la propuesta de una legisladora, Linda Riordan, para que se fije por ley la temperatura máxima de los ambientes de trabajo.
Una norma de 1992 sobre el ambiente de trabajo establece que este no puede estar a una temperatura inferior a los 16º, 13º para aquellos que hacen trabajos que requieren un gran esfuerzo físico. Pero esa regulación no establece un máximo (que ordinariamente no es necesario) y los legisladores propusieron que se fijara en los 27º para los que hacen trabajos agotadores y 30º para los demás.
El argumento es que el calor puede “impactar seriamente en la salud y bienestar de los empleados”. Las consecuencias de las fábricas u oficinas “sobrecalentadas” pueden implicar “incomodidad, estrés, irritabilidad, dolores de cabeza”, así como “esfuerzo excesivo para el corazón y los pulmones, mareos, desvanecimientos y calambres por la deshidratación”, enumeró Riordan.
Lo mejor es ir descalzo
La modificación de las normas seguramente tendrá poco andamiento, pero de todas formas los líderes británicos están preocupados por el tema. Sin ir más lejos, el viceprimer ministro, Nick Clegg, declaró que, si bien no le parece lo mejor “cambiar las leyes de repente”, todos tienen que ser “sensibles”. “No puedes razonablemente esperar que alguien se siente en su oficina si hay 35º”, comentó, y a continuación hizo un llamado para que los jefes sean “pragmáticos” y no permitan que sus empleados se acaloren de más.
Enseguida, el liberal confesó cuál es su secreto para controlar la temperatura de su cuerpo: sacarse los zapatos. “Estaba caminando por la oficina sin zapatos, pero claro que en los eventos públicos en que tengo que respetar la dignidad de mi cargo me los pongo”, comentó.
“El problema que enfrentamos en este país –resumió el político– es que estas cosas son impredecibles. Tenemos un sistema establecido, una manera de trabajo, unas oficinas, ómnibus; nada está diseñado para estos repentinos piques de temperatura”, destacó. En efecto, un sistema de metro sin ningún tipo de refrigeración se ha convertido en los últimos días en una tortura para los ingleses.