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Cuando acecha la epidemia, como lo indica el resultado negativo del Producto Interno Bruto (PIB) en el segundo trimestre del año, forzosamente hay que vacunarse a tiempo. El gobierno procura transmitir un mensaje público tranquilizador, asignando principalmente la contracción del 0,1%, la primera en 12 años, a la menor generación hidroeléctrica durante el período de sequía y asegurando que se cumplirán las metas contenidas en el Presupuesto. Pero las cifras cuentan una historia diferente. El impacto de la sequía en ese período es indiscutible. Pero no puede soslayarse la caída en sectores claves, especialmente el consumo interno y la inversión.

Desde que empezaron a debilitarse las exportaciones hace ya tiempo, el consumo privado quedó como motor central de la actividad. Pero su baja de 1,1% entre abril y junio confirma la desaceleración que se percibía desde tiempo atrás. Y la de 6,4% en la inversión desalienta los planes oficiales de que capitales externos ayuden a las proyectadas obras de infraestructura. Esta perspectiva se agudiza ante la prevista suba de tasas de interés en Estados Unidos, que retraerá aun más las inversiones en mercados emergentes. Los rubros del PIB con resultado negativo incluyeron otros sectores de mucha incidencia, como el comercio y la construcción, a lo que se agrega un aumento del 2,1% en el gasto público.

Andrés Masoller, director de la Asesoría Macroeconómica del Ministerio de Economía, vaticinó que las cifras del tercer trimestre, que se conocerán en diciembre, mostrarán un mejoramiento y afirmó que no se modificará la previsión de 2,5% en el crecimiento anual. Pero el ministro Danilo Astori, en declaraciones en la Expo Prado, admitió que estará entre ese porcentaje y un más modesto 2%, en tanto confiables economistas privados formulan pronósticos más pesimistas para este año y el próximo.

La situación uruguaya está muy lejos de las crisis que castigan a Brasil y Argentina. Pero es ineludible tomar precauciones para evitar que empeore por contagio y así sobrellevar lo mejor posible los temporales externos en nuestros vecinos y las incertidumbres sobre China, nuestro principal mercado de exportación. La respuesta está en el proyecto de Presupuesto del Poder Ejecutivo, que actualmente se debate en el Parlamento. Los presupuestos, tanto en el sector privado como en el público, no son inalterables documentos rígidos sino un programa de acción basado en los gastos y los ingresos que se anticipan. Cuando cambian, un presupuesto se ajusta para alinear lo que sale con lo que entra. Este es el camino lógico que debe seguir el gobierno, por una de dos vías. Una es a través de un mensaje complementario que reduzca el gasto previsto, curso que no parece atraer demasiado al oficialismo. La otra es abatir erogaciones reteniendo la ejecución de partidas aprobadas en el Presupuesto.

Se necesita además resistir las presiones sindicales y de buena parte del Frente Amplio para reasignar partidas contenidas en el proyecto del Poder Ejecutivo y dedicarlas a aumentos salariales. Es prematuro pensar en un ajuste fiscal severo, como el que acaba de disponer el gobierno brasileño, con congelamiento de salarios, aumento de impuestos y reducción drástica del gasto estatal. Pero más vale prevenir que terminar en el quirófano, curso que no pueden soslayar ni el gobierno ni los sectores sindicales y políticos que rehúsan aceptar la realidad.

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