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Los consumidores uruguayos se habrían ahorrado US$ 187,2 millones en el consumo de combustibles líquidos en 2013 si la totalidad de la demanda de ese tipo de carburantes a nivel local se hubiese atendido con importación, en lugar de con la refinación doméstica. La brecha se amplió respecto a 2012, cuando fue de unos US$ 150 millones, y respecto a 2011 cuando había sido de US$ 83 millones.

Esa conclusión surge del comparativo realizado por El Observador con las tarifas de comercialización de ANCAP vigentes el año pasado y los Precios de Paridad de Importación (PPI) que releva mensualmente la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea). Los precios fueron convertidos a dólares con el valor promedio de la divisa en cada mes analizado.

Para el cálculo de la demanda también se tomaron en cuenta los datos de consumo interno de combustibles líquidos –naftas, gasoil y queroseno– que publica mensualmente la Dirección Nacional de Energía (DNE).

Los uruguayos gastaron el año pasado US$ 2.869,3 millones para la compra de combustibles, lo que equivale a cerca de 5% del Producto Interno Bruto (PIB) de acuerdo al dato acumulado de los 12 meses a setiembre, el último disponible. Si la importación de combustibles no estuviera bajo el monopolio de ANCAP y se hubiese sustituido completamente la producción local por carburantes importados, a precio de mercado internacional, el gasto habría sido de US$ 2.682,1 millones el año pasado.

El ahorro total que se habría obtenido de importar la totalidad de los combustibles más utilizados se explica exclusivamente por el precio del gasoil que fija ANCAP, que está sensiblemente por encima de lov valores comerciados en el mercados internacional. Para el caso de las gasolinas, resultó más conveniente producirlas a nivel local durante gran parte del año en, aunque ese comportamiento se revirtió a partir de octubre, de acuerdo a los datos analizados por El Observador.

Por combustibles

La economía local demandó el año pasado 1.579.300 metros cúbicos de naftas, gasoil, y queroseno, lo que equivale a 1.579,3 millones de litros. De ellos, el 56,7% fue gasoil mientras que 43% corresponde a naftas Premiun 97 SP y Super 95 SP. El resto fue queroseno.

El precio del gasoil osciló a lo largo del año entre $ 35,3 y $ 38,7 el litro. Con esos valores, ANCAP facturó por ventas de diesel un estimado de US$ 1.595 millones. En tanto, si se hubiese importado la totalidad de lo consumido por la economía local el gasto habría sido de US$ 1.372 millones, teniendo en cuenta que el precio promedio de paridad de importación en el año fue de $ 31,4. De aquí surge una diferencia a favor de la compra de gasoil en el exterior de unos US$ 223 millones.

Por otra parte, los consumidores gastaron en naftas US$ 1.262 millones y unos US$ 12,5 millones en querosene.

A valores de paridad de importación, ese gasto habría rondado los US$ 1.297 millones –con una diferencia a favor de la producción local US$ 35 millones– mientras que en el querosene la ganancia por producir en lugar de importar fue de US$ 233.000 en el año. El precio de la nafta Premium 97 SP fue de $ 42,10 al cierre del año y llegó a estar a $ 38,40 por litro. El valor promedio de paridad de importación fue $ 41,2. En el caso de la nafta Super 95 SP, los valores variaron de $ 37 a $ 40,60 por litro, mientras el PPI medio fue de $ 39,2.

La tendencia a favor de la importación frente a la refinación local se mantuvo sin cambios durante todos los meses del año para el caso del gasoil.

Para las gasolinas la situación fue diferente. Entre enero y setiembre los costos de producción estuvieron a favor de la refinería de La Teja tanto para la nafta Premium 97 SP, como para la Super 95 SP (en este último caso, la única excepción fue el mes de enero).

No obstante, a partir de octubre y luego de que ANCAP aplicara en setiembre un fuerte aumento en el precio de los combustibles –de 9,7% en promedio–, la tendencia se revisrió y pasó a ser más conveniente importar las dos variedades de gasolinas, según los datos procesados por El Observador.

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