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La llegada del temido coronavirus al Uruguay sacude los cimientos de la mansedumbre oriental y evidencia comportamientos lamentables por parte de consumidores en los supermercados y almacenes.

La condición humana capaz de grandes gestos de solidaridad y heroísmo tiene como contrapeso el egoísmo de aquellos que buscando una inexplicable seguridad arrasan con los alimentos y productos de higiene sin importarle lo más mínimo el mundo que los rodea y lo que no dejan para el que viene atrás, con los mismos temores.

Que se haya agotado el alcohol en gel en las farmacias y supermercados, que hayan arrasado con el papel higiénico, las mascarillas y que existan personas que estén pidiendo una tercera y hasta una cuarta garrafa de gas evidencia algo que no está bien.

La expansión del virus viene generando una corriente de miedo que recorre los países y los continentes. La población mundial se encuentra sobrecargada de información donde se mezcla lo relevante con lo irrelevante, el humor negro con mensajes desesperados, consejos responsables se entremezclan con advertencias tremendistas.

La comunicación mundial asiste a un cambio de paradigma ante la aparición del virus y el temor de saturación de los sistemas de salud de las naciones. Detrás del tema que canibalizó la agenda pública están las sociedades que son integradas por individuos. Son las personas las que tienen la libertad de decidir cómo ser recordadas cuando pase la histeria y el virus convid-19 sea finalmente contenido.

No se sabe cuánto durará la pandemia. China revela datos alentadores que permiten tener esperanza. La situación en Italia todo lo contrario. En los medios de información y en las redes sociales expertos y epidemiólogos cruzan sus teorías y reflexiones.

Las comunicaciones del Estado por los canales oficiales hacen lo que puede para no pasar inadvertidas ante tanto ruido del peor.

Pero volviendo al comienzo, al final de toda la cadena, y al principio está el individuo. El hombre y su circunstancia con la libertad de tomar decisiones que lo hagan sentir más humano y menos animal.

Las acciones personales en medio de la pandemia van a marcar a las personas. Con el tiempo podrán recordar cómo actuaron en momentos complicados como los que se viven, por qué se la jugaron y qué fue lo que les preocupó y ocupó.

 Se viene tiempos duros, difíciles y lloraremos nuestras pérdidas. Luego habrá tiempo de aprender las lecciones y valorar los ejemplos de aquellos que lideraron en medio de la crisis.

Cuando ese momento llegue sería lamentable ser recordado como el o la persona que sin importarle un comino la suerte del prójimo llenó su carrito de supermercado hasta el techo atiborrándolo de productos para satisfacer su fantasía de salvarse, sin importar el resto.

No va por ahí. Y lo saben.

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