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Por lo general se esperan dos años antes de ubicar a los propietarios de los vehículos confiscados por la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) para saber si quieren recuperarlos. Si no los quieren –una respuesta bastante común–, se hace una selección y se rematan. La acumulación es tal que, una vez que pasan a la Unidad de Bienes Muebles, “siempre” se preparan subastas “así de grandes”: 2.017 motos y 54 automóviles, entre otros materiales, que conforman dos montañas de metales que ocupan todo el largo de un depósito municipal y que se venderán al mejor postor el viernes 13.

El objetivo es “hacer lugar y limpieza”, explicó personal municipal a El Observador, dado que no pueden volver a circular por la calle. Se calcula que la mitad de lo decomisado cada fin de semana en operativos de prevención y disuasión de picadas fue utilizado por carteristas y otros “motochorros”, señalaron desde la IMM.

Una nueva es más barata
Los inspectores efectúan, en promedio, 140 multas a motociclistas por operativo. Si el conductor tomó alcohol, o si por las condiciones del vehículo se entiende que representan un riesgo en la vía pública, se incauta el vehículo y se lo lleva al depósito del Servicio de Vigilancia de Tránsito de la IMM en el Cerrito de la Victoria.

Allí llegan por fin de semana entre 60 y 80 motos. Un fin de semana de marzo de 2011 batió récords: se aplicaron 1.264 multas y se confiscaron 114 motos.

El propietario debe pagar las multas que se van ajustando al valor de la unidad reajustable.
La sanción por no usar casco es de $ 1.804; mientras que conducir sin licencia amerita una multa de $ 5.836. Si se le registró una espirometría positiva, se debe pagar $ 10.942.
Con los dos últimos importes ya se completa lo que se paga por una moto nueva de 100 centímetros cúbicos de origen chino. La mayoría de las motos acumuladas en el depósito de General Flores y Rafael Eguren son de ese origen y de cilindradas menores a 200 centímetros cúbicos. Por esta razón, el porcentaje de devolución es muy bajo: de 60, solo se levantan 15.

Boom incontrolable
La venta de motos se disparó en 2010. Ese año se vendieron 120.000 unidades, casi tres veces más que los automóviles cero kilómetro. Ahora, el padrón ronda el millón. Es decir, casi uno de tres uruguayos tiene una moto. Esto coloca al país al tope del ranking latinoamericano. Chile, por ejemplo, tiene nueve motos por cada mil habitantes, a pesar de que vive un boom de ventas similar al uruguayo desde 2009.

El precio de los modelos de mayor salida en el mercado local ronda los US$ 1.400, pero se encuentran varios modelos por US$ 700. Una vez usados y abandonados, su precio baja a US$ 400. La montaña a ser rematada pudo haber tenido un valor de reventa de más de US$ 800.000. No obstante, el interesado comprará alrededor de 220 toneladas de metal a precio de chatarra. La Ley Nº 18.791 establece que esas motos no son aptas para empadronar ni para circular.

El interés de la IMM es quitar de circulación aquellas motos que son utilizadas por delincuentes.

Sin chapa
Los 54 autos seleccionados para el remate fueron abandonados en la vía pública o se le quitaron al propietario por diversas situaciones contrarias a las normas: desde puertas y ruedas atadas con alambre −lo que atenta contra la seguridad pública− hasta la ausencia de matrícula. Muchos conductores alegan, sin preocupación ante las puertas del depósito, que iban a seguir usando su vehículo para evitarse los inconvenientes de ponerlos en regla. A 12 autos le habían borrado o adulterado el número de motor y a 11 más el número de chasis. Otros nueve no tenían matrícula, según se desprende del listado publicado por la IMM en el Diario Oficial. Casi todos los vehículos están oxidados o abollados. Si no fuese por eso, algunos podrían ser piezas de colección como un Chevrolet Viscayne, un modelo que se dejó de fabricar hace 42 años.

La irregularidad de la falta de matrícula alcanza al 20,7% de las motos a ser rematadas. De 2.017 unidades, el 12,6% ingresó al depósito del Servicio de Vigilancia de Tránsito sin matrícula; en el resto figuraba una chapa no válida, por ejemplo, por haber sido fabricada con plástico o con acrílico.

Otras 70 motos tenían una matrícula anterior al actual sistema alfanumérico (AAA 000) que perdió vigencia en el año 2011.

Un número fraudulento da la pauta de que esos vehículos fueron robados. En ese caso, se guardan aparte y se da intervención a la Policía. De las 60 motos que ingresan al depósito en promedio un fin de semana, al menos a cuatro le pulieron los datos. Pero es más frecuente que aparezcan con cambios en la pintura, sin frenos, sin luces, con piezas agregadas u otras modificaciones para “disfrazarlas” e, inclusive, con números tallados con un punzón.

La infracción por la que llegan muchas motos al depósito es la falta de una licencia de conducir, en particular, por jóvenes que compran el vehículo, o se lo regalan sus padres, pero sin haber ido a obtener el permiso. La Ley Nº 19.061 de Tránsito y Seguridad Vial ordena que toda moto debe salir empadronada y venderse con un casco homologado.

Ahora solo quedan 300 motos en el depósito (pegado a la Unidad de Bienes Muebles, donde hace dos años había 13.000 bajo custodia) a la espera de que alguien abone sus infracciones; pero se deberá hacer pronto un nuevo remate en otro local en la calle Panamá, ya saturado.

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