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El primer paro general del PIT-CNT contra el gobierno del presidente Tabaré Vázquez lo puso a contrapelo de la realidad. Es inobjetable que la central sindical demande mejoras de los salarios más bajos en varias áreas de actividad, en vísperas del Presupuesto quinquenal y de los Consejos de Salarios. Pero no lo es que la emprenda ciegamente contra el Estado y los empresarios privados, soslayando la contracción de las exportaciones y del consumo interno por efecto de un crecimiento de la economía que apunta a estar por debajo del 2% del Producto Interno Bruto (PIB) en el mediano plazo. El PIT-CNT fundamentó sus exigencias en que el país no está en crisis, lo cual es cierto. Pero la crisis sería inevitable si el gobierno, en vez del presupuesto austero que ha prometido para asegurar la estabilidad, accediera a los reclamos sindicales de mayor gasto, incluyendo la imposible implementación inmediata del aumento del presupuesto educativo al 6% del PIB, en vez del incremento gradual sujeto a resultados y a lo largo de todo el período, como está programado.

Las señales de peligro para la economía no están limitadas a la ineludible cautela que ha anunciado el gobierno en materia de gasto público. También el sector privado ya está sintiendo el efecto de la decreciente evolución de la actividad. El menor consumo interno se refleja, por ejemplo, en que las ventas en las cadenas de supermercados vienen cayendo entre 3% y 6% desde comienzos del año. Un índice de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios señaló que la desaceleración de actividad en el primer trimestre del año fue menos aguda que en los anteriores. Pero una encuesta de la consultora Deloitte entre 298 empresarios reveló que la mitad ya recortó sus planes de contratación de personal y el 25% proyecta reducirlo. El 33% ha revisado a la baja sus planes de inversión debido a la menor actividad comercial, en tanto señalaron desmejoramiento general de la situación económica dos tercios de los encuestados, el mayor porcentaje desde que esta consulta fue iniciada en 2010.

La situación de las empresas ha determinado un aumento del desempleo al 7,3% de la población económicamente activa, su registro más alto en los últimos cinco años. Dado que la defensa del empleo es una meta natural de todo organismo sindical, mal puede justificarse que, en este panorama de generalizado bajón de la economía, el PIT-CNT clame por lo imposible. Una cosa es atender a los salarios más sumergidos en la medida de lo posible. Otra, sin sentido, es pretender que el gobierno acepte precipitar una aguda crisis en vez de evitarla, abriendo desordenadamente su billetera, o que las empresas privadas ignoren su empeorada ecuación económica.

El PIT-CNT reclamó en cambio, en los discursos durante el paro, que el Estado gaste más y que los empresarios privados aumenten sus inversiones para mejorar el empleo y los salarios aunque vendan menos. Adelantó que si no se aceptan sus exigencias, se profundizará la conflictividad sindical porque "la lucha paga", como afirmó el dirigente sindical Jorge Bermúdez. Pero la lucha por más recursos es irreal cuando no hay cómo o de dónde cobrar. El resultado de esa lucha será, en cambio, agravar el decaimiento de actividad y, en consecuencia, empeorar aun más el desempleo, perspectiva que la dirigencia sindical tiene que sopesar para moderar equilibradamente sus reclamos al nivel de lo factible.
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