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Esta semana se anunciaba como crucial en las negociaciones entre palestinos e israelíes pero las partes se encargaron de dar indicios de que no se lograrán avances. Mañana los árabes buscarán que el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe una resolución a su favor, pero los otros ya anunciaron que no aceptarán semejante propuesta.

El fin de semana fue intenso en el mundo árabe. En Gaza el movimiento islamista Hamas celebró su 27 aniversario con un desfile militar donde no faltó despliegue. Niños con prolijos uniformes camuflados también llevaban sus armas y banderas en la que fue la primera demostración tras el fin de una guerra que duró 50 días y causó unas 2.100 muertes de ese lado y 67 del otro.

En el desfile participaron unos 2.000 combatientes y uno de los líderes de Hamas reafirmó el compromiso del grupo, que figura en su carta fundacional: “Esta ilusión llamada ‘Israel será destruida’”. En los últimos años, algunos miembros de alto rango del grupo han dicho que podrían aceptar la creación de un Estado palestino en tierras que Israel ocupó tras la guerra de 1967 a cambio de una tregua a largo plazo, pero que seguirán negando el derecho a existir del Estado judío.

El mismo domingo pero en Ramala, Cisjordania, la cúpula dirigente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se reunió para analizar los pasos a dar tras la muerte de uno de sus ministros la semana pasada en manos de un oficial israelí en plena protesta callejera.

Resolvieron presentar mañana ante el Consejo de Seguridad de la ONU un borrador de un texto que establece la creación de dos estados con los límites de 1967. Si se aprueba, se le daría a Israel un plazo de dos años para retirar a sus nacionales instalados en zonas palestinas. Asimismo, las Fuerzas de Defensa de Israel deberán cesar de realizar controles en la entrada a las áreas palestinas y dentro de ellas.

Si se rechaza el proyecto de resolución, la Autoridad Palestina anunció que solicitaría su adhesión a varias organizaciones internacionales, entre ellas la Corte Penal Internacional (CPI), para comenzar luego acciones legales contra los responsables israelíes de las guerras en Gaza.

Esta estrategia fue pensada por los palestinos porque presienten que EEUU se comportará igual que en oportunidades anteriores y vetará la iniciativa. Lo que tal vez no imaginaban que sucedería y en estos términos es que el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ya se declaró ayer terminantemente en contra de la propuesta.

“No aceptamos las tentativas tendientes a imponernos medidas unilaterales en un plazo determinado, mientras el islamismo radical se propaga en el mundo”, dijo Netanyahu ayer, poco antes de abordar un avión que lo llevaría a Italia, donde se reunió con el secretario de Estado norteamericano John Kerry y con el primer ministro italiano Mateo Rienzi.

“Diré estas cosas de la manera más clara posible. Incluso si hubiera una orden, nosotros nos opondremos firmemente”, agregó.

Poco después se reunió con Kerry, de quien esperaba conseguir su veto para la votación de mañana. El encuentro duró tres horas. EEUU todavía no tiene clara cuál es su postura y hoy Kerry se entrevistará con el jefe de los negociadores palestinos, Saeb Erakat, y con el secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi.

En general, Washington se opone a atar las manos de los negociadores mediante una resolución de la ONU, y en particular, se opone a cualquier intento de establecer una fecha tope para el retiro de las tropas israelíes de Cisjordania. Pero al mismo tiempo, EEUU tiene interés por que por fin se determine la existencia de un Estado palestino y esta podría ser la ocasión.

Francia es la principal impulsora de esta propuesta. Luego de encontrarse con Netanyahu, Kerry se entrevistó ayer con los líderes de Gran Bretaña, Alemania y Francia para seguir profundizando en esta cuestión.

Vetar la resolución, por otra parte, podría encolerizar a estados árabes que se han unido a su coalición contra el Estado Islámico. También podría generar una reacción violenta de Hamas o de otros grupos extremistas presentes en la zona.

Por otra parte, en Europa aumenta la impaciencia para poner fin al punto muerto en el que se encuentran las negociaciones, y existen temores de que la situación en Medio Oriente desemboque en un caos aún mayor.

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