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Jack White se enamoró de una chica en el disco White Blood Cells de The White Stripes, en Blunderbuss, su primer trabajo como solista, no quiere saber nada con el amor.

“No voy a dejar que el amor me distorsione, corrompa o interrumpa más”. Eso que dice Jack pone en palabras el aire que se respira a partir de Love interruption, el primer corte de Blunderbuss. Un fuerte canto a la liberación del peor de los amores. El manifiesto de un músico que ahora se encamina solo.

Jack White es el definitivo Rey Midas moderno. Cualquier cosa que hace, da en el clavo. Ya sea con sus diferentes bandas, The White Stripes, The Raconteurs, The Dead Weather, como invitado especial en el disco Rome del productor Danger Mouse y el músico italiano Danielle Luppi. O como curador y productor, con su sello Third Man Records.

Hombre de agrupaciones si los hay, ahora cambió. El trabajo discográfico lleva su nombre, su irrevocable sello de calidad. Ya no comparte cartel con mujeres como Meg White o Alison Mosshart, ni sigue casado con la modelo devenida en cantautora, Karen Elson.

Es por esto que en este escenario, la canción Love interruption da color al nuevo ambiente que se crea con Blunderbuss. Y ese color no es rojo, ni blanco ni negro. Es azul, el color del blues, de la melancolía y desencanto.

Deja la densidad oscura para The Dead Weather y la distorsión electrizante para The White Stripes. Con este trabajo las guitarras pasan a segundo plano, mientras que el piano comanda al ritmo de la batería. Retoma así las raíces más internas del rock n’ roll, blues y folk, y las amolda a su personalidad.

La distorsión estará apaciguada, pero no desaparece. La primera mitad del disco se mantiene eléctricamente en alto. Sixteen Saltines retoma la herencia riffera de Black Orchid o The Hardest Button to Button. En Freedom at 21 escupe las rimas sobre una mujer a la cual no le importa el color de los moretones que deja y hace exactamente lo que se le da la gana.

Pero enseguida llega Love interruption, y el clima cambia. Ahora White no está del todo solo. Melodías femeninas aparecen en los coros, y la cantante de Nashville, Ruby Amanfu, funciona como su contraparte, formando un canto a dos voces que llama a no sucumbir un amor con crueles tonos masoquistas.


Blunderbuss, la canción que da nombre al disco, es una balada acústica que avanza al paso del piano y cuerdas. Narrando la historia de un romance prohibido que parece adoptar aires victorianos, White sentencia que hacer lo que dos personas necesitan “nunca está en el menú”.

Sus característicos falsettos en la segunda mitad del disco ahora están acompañados por un coro femenino, que interviene casi en forma protagónica en el rock n’ roll I’m Shakin’.
Por su parte, el piano se luce en Trash Tongue Talker, otro rock setentero y también en Hip (eponymous) Poor Boy, un folk animado que parece una carta de despedida a Meg White y a las “rayas”. Un canto a la soledad de encontrarse por su cuenta en el escenario. Sin embargo advierte: “Estaré usando tu nombre”. Después de todo su apellido lo tomó de ella.

La presencia femenina, un estandarte importante en ambas de sus más importantes bandas, es algo que está más que presente en Blunderbuss y que perpetúa más allá del disco. En sus presentaciones en vivo lleva a dos bandas, una enteramente masculina y otra femenina e intercalando sus participaciones.

Blunderbuss será su primer disco solista, pero destila Jack White de la misma forma que todos los discos de The White Stripes y se vislumbra la misma cabeza pensante detrás de The Dead Weather. Él es todos esos proyectos a la vez. Y cada uno de estos son las partes que forman el todo.

Solo que ahora, con un disco encabezado por él, y únicamente él, es posible ver al hombre detrás del nombre.

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