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El último espectáculo del poeta Gabriel Richieri se define por la negativa. “Hay humor pero no es stand-up; tiene cosas muy teatrales pero no es teatro; hay momentos de movimiento pero no es danza”, explicó el artista a El Observador.

Richieri solo, que tendrá su última fecha hoy en la Sala de Conferencias y Eventos del Teatro Solís, es muchas cosas a la vez pero ninguna en definitiva.

“Es un unipersonal que tiene como guía del espectáculo textos poéticos”, define escuetamente su autor, pero que además incluye toda una puesta en escena controlada totalmente por el artista sobre el escenario, desde las luces a la música.

Los textos no fueron escritos para el show, sino que forman parte de la obra que ha escrito y publicado en estos años. “Fueron elegidos en base al objetivo que yo tenía, que era poder hacer un espectáculo de poesía de una hora y que sea atractivo”, dijo Richieri.

El show tiene como subtítulo tres palabras que sirven para definir este espectáculo: “Palabra, show y poesía”, “un poco para tratar de abrir la comprensión del tema”, explica. “La base es el texto poético, pero pasan muchas cosas más. Todo está al servicio de buscar la emoción”.

Si la emoción es el motivo, el hilo conductor son los temas sobre los que versa el texto. “Mi poesía es muy referencial. Habla del amor, la muerte, los miedos, la felicidad. Es bastante esencial. No hay un argumento general pero sí un hilo conductor que te va guiando por estos distintos estadios”, explicó.

Hay una gran diferencia de sus shows con su grupo musical, Chicas Japonesas, que supo llevarse un premio Graffiti. “Lo único que tienen en común es Richieri”, afirmó.

Voluntariamente dejó los textos de la banda para diferenciar ambos proyectos. “En Chicas Japonesas yo soy como un instrumento para completar lo que es una banda. En Richieri solo soy todo lo contrario”, dijo.

Esta, para el poeta, es una nueva manera de llevar la poesía a otros lugares. Salir de los bares y llevarla al escenario en forma de espectáculo. Y al mismo tiempo que convoca a otro público, le da una merecida nueva cara a este arte.

“El hecho de haber podido hacer un ciclo con una entrada me parece que es un hito. Por lo menos en mi experiencia.Para mí es totalmente insólito”, afirmó.

Y según la respuesta del público, su objetivo fue cumplido. Luego de terminar formalmente el show, Richieri desarma él mismo el escenario. “Ahí pasa algo gracioso. Como ven que me quedo, la gente se queda. Se prenden las luces y les tengo que decir que ya terminó. Pero algunos vienen y me saludan o me agradecen. Está bueno comprobar que mi cometido, que es que genere una emoción, realmente sucede”.

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