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Jaime Roos se queja en una entrevista a fondo de Fernán Cisnero publicada en El País, de que los periodistas culturales no suelen comprender el proceso creativo.

Yo creo que la gran mayoría de los autores tampoco. Y menos su propio proceso. Podrán detallar ciertas rutinas pero la falta de perspectiva provoca errores groseros y la magia es esquiva a las clasificaciones. ¿Cuándo nace? Y una pregunta mucho más terrible: ¿Cuándo muere?

La queja de Roos se refiere a los periodistas que cada tanto, desde algún medio del Plata, le piden un disco con canciones nuevas. Tal vez la más fresca de esas solicitudes haya sido la de Sebastián Auyanet, un periodista de esta casa, quien entusiasmado por la reciente colaboración del autor de Durazno y Convención en el tema ¿Ves? de La Vela Puerca, se atrevió a pedirle un disco nuevo, lo que nos revelaría “dónde está Jaime Roos hoy, qué influencias y puntos de vista tiene a esta altura de su carrera”.

Qué bueno sería, ¿no? ¿No? No sé. Quiero decir: el tipo le puso música y letra al alma de la ciudad. El conjunto de sus canciones forma parte de la identidad sonora y poética de una Montevideo mucho más entrañable de lo que era antes de que la pensara, la sintiera y la cantara él. Tal como lo decía el crítico Mariano del Mazo, en Clarín, hace 7 años, “Roos estuvo a la vanguardia en el tratamiento casi beatle de los coros murgueros, en los matices psicodélicos y experimentales que le imprimía al candombe y al rock, en la incorporación de elementos folclóricos y en la capacidad inmensa para procesar el canto de Mateo y las guitarras de Zitarrosa”. Y añadía: “Esa obra monumental y asimismo minuciosa tuvo alcances inconmensurables”.

Y eso sin referirse a la poesía, a veces de una sencillez desarmante, como el verso de Piropo: “Lo más cerca que hay es la panadería”, o prácticamente todas las imágenes que evoca en Durazno y Convención o el cuadro de la nostalgia que pinta en Retirada, en clave intelectual, y en Brindis por Pierrot, en clave popular. Es la emoción épica de ese “que la copa está preciosa” en Cuando juega la celeste, el tono burlón y bolichero de Sí, sí, sí.

Cuando en 2007 sale Fuera de ambiente, un disco largamente esperado, la revolución musical ya pasó y la poesía adquiere un cariz más severo: “Amigo, te estás poniendo serio y yo contigo”, y “me estoy poniendo viejo y tú conmigo” dice, en Postales para Mario. Y todo indica que tiene razón, tanto en lo que se refiere a él como en lo que se refiere a mí o a vos, si es que de alguna manera fuimos aludidos como seguidores de Roos desde hace décadas.

Ahora, a 7 años de ese último disco, el autor de Aquello manifiesta un candor inusual en la entrevista con Cisnero. No solo mantiene ese desdén por cualquier asomo de crítica que pueda recibir sino que protesta porque el público aplaude menos las canciones menos conocidas y porque los tomates no tienen gusto a tomate, el huevo no tiene gusto a huevo, los equipos no suenan como antes, el CD no es como el vinilo y su barrio no es como era su barrio. Y siente la necesidad de aclarar: “Y no lo digo como un viejo choto sino que estoy hablando de cosas recientes”.

Yo creo que es un tono más parecido a colgar los botines que a sacar un disco con canciones nuevas. Aunque los admiradores siempre tendremos el derecho a creer que la noche en ese boliche “donde para la vida” no se acaba y que el resplandor que acecha no es el fin de la velada sino solo las luces del estadio.

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