La cara más buena del circo de Tinelli
Soñando por cantar pasó por el Palacio Peñarol con una superproducción, jurados “cariñosos” y récord de aceptación
El adjetivo de la bajada de esta nota no tiene nada de irónico ni de reprobatorio. Conviene aclararlo desde el principio porque en esta variante de programas de concursos, tan dados a ser una mera excusa para la explotación de eventos de farándula (peleas, escándalos, acusaciones subidas de tono y demás concepto de TV chatarra) siempre lo que se concibe como “artístico” es un concepto difuso que apenas sirve como legitimación de todo lo otro que sucede y que en realidad hace a la venta del programa y, aparentemente, al rating.
Por lo demás, el show televisado del Palacio Peñarol (que ayer continuó con las finales y la semana próxima se traslada hacia Paysandú) tuvo tres elementos más bien alejados de ese concepto: una producción tan buena como para disimular las carencias sonoras consabidas del Palacio Peñarol (al menos para la TV), un jurado compuesto por cuatro personalidades siempre bien recibidas por un público uruguayo que no los incluye dentro de la clásica pedantería de muchos artistas o duendes faranduleros argentinos (Patricia Sosa, Valeria Lynch y Alejandro Lerner son bien recibidos y están lejos de ese perfil). Y por último los cantantes, 15 uruguayos que, con su voz, dieron un buen nivel en la ejecución y también la emotividad, el último componente que hace funcionar a un programa como Soñando por cantar.