La cara más seria y heroica de Hendler
El actor conversó con El Observador por el próximo estreno de Vino para robar
El 2013 ha sido un gran año para Daniel Hendler en lo profesional. Al Martín Fierro que obtuvo por su protagónico en Graduados, se le suma la vuelta al teatro con Traición de Harold Pinter y el estreno de la película Vino para robar, en la que el actor uruguayo encarna un personaje muy diferente de los que suele interpretar.
¿Qué cree que le aportó el papel de Vino para Robar a su carrera y en qué se diferencia el personaje de otros que ha interpretado?
No sé exactamente en qué se diferencia, pero fue especial trabajar con semejante elenco, y volver a hacerlo con Ariel Winograd, con quien me llevo muy bien. También me interesó el personaje que, aún tratándose de un ladrón, me permitió trabajar en una faceta más “heroica” que de costumbre, considerando que me ha tocado interpretar una buena cantidad de “anti-héroes”.
¿Es fan de las películas en las que se inspira y a las que homenajea Vino para robar? ¿Qué filme y qué escena es la que prefiere de este género?
No soy fan del género. Pero me gustó hacerlo. Sobre películas de robos, la que más me gusta es Pickpocket (El carterista, de Robert Bresson) y mi secuencia favorita es cuando el protagonista, que es un uruguayo, Martín Lassalle, se anima a robar por primera vez.
¿Cuál fue el mayor desafío de interpretar a Sebastián?
Es un tipo muy metódico y hermético. El desafío era expresar lo que le pasa al personaje economizando los gestos al mínimo, y encontrar el tono que nos acercara a un verosímil local en esta clase de género, ya que nos resulta fácil creer en James Bond o en diversos personajes de acción que hablan en inglés, pero es más difícil creer en un personaje de estas características hablando nuestro idioma, y es un desafío para el actor no incurrir en el ridículo. En ese sentido, creo que ayudó mucho la presencia de Valeria Bertuccelli que, además de muy buena actriz, maneja unos hilos de humor muy finos.
Podría decirse que hay cierta similitud entre los estilos de Bertuccelli y el suyo. ¿Cómo fue la conexión actoral entre ambos?
Simplemente tuvimos buena conexión. Teníamos que encontrar un tono compatible, y ambos coincidimos en no tomarnos tan en serio los personajes y divertirnos en el código del género de película de suspenso y aventuras, sin “psicologizar” a los personajes.
Interpretó a un ladrón de guante blanco. ¿Qué opina del revuelo mediático que se armó con la liberación de Mario Vittete Sellanes?
Me parece que si su robo al banco fue brillante, no lo fue tanto la forma en que se vanaglorió después.
A menudo se habla del “estilo Hendler”. ¿Cuáles cree que son las marcas de ese estilo?
No podría afirmarlo. Me ha tocado interpretar, repetidas veces, a alter-egos de los directores, o sea: personajes autobiográficos de ellos. Eso te obliga a un trabajo medido, porque el director debe verse representado sin sentirse “imitado”. Quizás ese sea un punto curioso de coincidencias, y un tipo de observación en el que reincidí.
¿Qué opina del cine argentino y del cine uruguayo que se viene haciendo en los últimos años?
No podría resumir una opinión. En todo caso se puede ver un punto en común que se da en ambos lados, que es la creciente dificultad para exhibir las películas locales. Las grandes distribuidoras extranjeras le encontraron la vuelta al asunto; no tienen trabas de ningún tipo (ni culturales, ni impositivas) para traer las cantidades de copias que quieran, así que traen las suficientes como para ocupar todas las pantallas. Y así van generando la sensación casi unánime de que el de ellos es el cine de verdad, aunque la mayoría sean repeticiones de la misma fórmula hecha hasta el hartazgo.
Nombró a en su discurso cuando ganó el Martín Fierro. ¿Qué fue lo más importante que aprendió de ellos?
Con los nervios, corté el discurso y omití mencionar a varios más, como Berto Fontana, Carlos Aguilera, Ana María Cabezas, y otros que también fueron terribles maestros. De Walter, entre tantas cosas, valoro y admiro la horizontalidad con la que trabajó conmigo cuando yo era un muchachito novato. Él entiende la actuación como un juego y se vuelve un niño cuando sale al escenario. ¡Y es un placer jugar con él! Con Roberto Jones aprendí cosas muy significativas, sobre todo en relación al trabajo con el texto y al renovado compromiso que ponía en cada función. De Berto Fontana, mucho también; todos los ejercicios de voz que hago antes de salir a escena los aprendí con él. Ana María Cabezas y Carlos Aguilera fueron mis primeros profesores, o sea fueron los responsables de que me decidiera a estudiar actuación.
¿Qué opina de la ceremonia y de la polémica que se armó en torno a los Martín Fierro?
La ceremonia no fue muy amena, terminó siendo plataforma de campaña política, con extras contratados para ovacionar, y los premios un poco “tendenciosos”, políticamente hablando. Así que cuando me tocó recibir el premio ya estábamos todos un poco agobiados. Pero es lindo sentirse reconocido por el trabajo, claro, eso se disfrutó.
¿Qué interpretación que haya visto es la primera que recuerda como clave para encontrar su vocación?
Roberto Jones en Rompiendo Códigos, (Roberto) Suárez y (César) Troncoso en los boliches, alguna obra de Eugenio Barba que vi de chico, o me puedo remontar más a la infancia con Rocky y Me llaman Trinity.
¿Qué papel le gustaría interpretar en el cine y cuál en el teatro?
No me importan tanto los personajes sino los directores y los grupos con los que me toca trabajar. Si tengo que elegir algún personaje en cine: la voz de un dibujo animado. Y en teatro: cualquiera de Chéjov.
¿Qué fue lo mejor y lo peor de protagonizar una tira con la masividad de Graduados?
Lo mejor es que salieron las cosas bien. El grupo funcionaba bárbaro y, a pesar de la exigencia que implica una serie diaria, nos divertimos hasta el último día. Lo peor, no sé, el tema de las fotos. No me gusta mucho sacarme fotos y mientras duró la tira se complicaba eso.
¿Cuál fue la situación más disparatada que le tocó vivir producto de su popularidad en la tira?
Hablando de fotos... hace unas semanas, volviendo de Buenos Aires en el barco, una señora se me acercó con la cámara de fotos ya lista para retratarme, y yo estaba un poco somnoliento y pasando desapercibido, así que le hice un gesto cómplice para que entendiera que había mucha gente alrededor y que prefería evitar llamar la atención. La señora le comentó a su compañera: “Una cosa es en la tele y otra en persona”. Y la otra agregó: “Ya no es uruguayo”.
¿Cuán complejo es interpretar a Jerry en Traición y cuánto lo fue subirse a las tablas porteñas después de varios años alejado del teatro?
Jerry era un desafío, un tipo que transita diferentes zonas pero nunca se despacha; algo así como cantar una canción sin estribillo. Pero me encantaba la obra y, a pesar de que teníamos un tiempo limitado de ensayos para una puesta muy exigente, ameritaba volver a entrenar los músculos teatrales.
Tengo entendido que se encuentra desarrollando su próxima película, El Palomar Pero, ¿qué aprendió en la realización de su primer filme, Norberto apenas tarde?
Es mi intención filmar El Palomar el año que viene, pero recién estamos desarrollando el proyecto. Respecto a Norberto apenas tarde, aprendí mucho y variado. Por ejemplo, para la próxima me gustaría dibujar los planos de la película con más tiempo.