La central nuclear de Fukushima al borde de una nueva catástrofe
Las imágenes obtenidas por un robot en el interior de la central nuclear devastada por el accidente de 2011 muestran importantes daños en sus cimientos y profusión de escombros radiactivos.
Las fotos obtenidas volvieron a prender todas las alarmas en la central nuclear de Fukushima Daiichi, en el noroeste de Japón. Es que una serie de nuevas imágenes, esta vez filmadas por un robot en el interior de un reactor de la central nuclear devastada por un accidente en 2011, revelaron importantes daños en sus cimientos y una gran cantidad de escombros radiactivos.
El 11 de marzo de 2011 dos desastres sacudieron la costa este de Japón: un gran terremoto de magnitud 9 y un posterior tsunami con olas gigantescas. Como consecuencia de ambos fenómenos naturales, a los que se sumaron gruesos fallos humanos, ocurrió un accidente nuclear de nivel 7 (el más alto en la escala) en la central de Fukushima Daiichi.
Los diques de contención cedieron y la planta se inundó dejando fuera de servicio los sistemas eléctricos y de refrigeración de los reactores. En tres de los seis reactores que funcionaban en ese momento se produjo la fusión del combustible nuclear, se generó gran cantidad de hidrógeno y explotaron descargando gran cantidad de radiactividad al medio ambiente (18.000 terabequerelios liberados al mar).
Este martes, doce años después, la operadora de la planta que en la actualidad está siendo desmantelada, Tokyo Electric Power (Tepco), hizo públicas una serie de imágenes tomadas en el interior de uno de los tres reactores cuyos núcleos se fundieron en 2011 tras un terremoto al que le siguió un tsunami.
Un funcionario de la Tepco, en rueda de prensa, señaló que “hay zonas que no se pudieron ver en el interior de este reactor, pero el daño está probablemente extendido en muchos lugares".
El video obtenido muestra paredes de hormigón resquebrajadas que dejan ver la estructura de acero y escombros amontonados a medio metro de altura.
En los tres reactores, el combustible y otros materiales se fundieron durante la catástrofe y se solidificaron formando escombros altamente radiactivos. La quita de estos residuos, por su nivel de toxicidad, sólo puede llevarse a cabo mediante robots teledirigidos, pero el inicio de esta operación extremadamente compleja se vio retrasado, primero por la pandemia, y luego por las dificultades técnicas. Los medios locales informaron que “los expertos creen que harán falta décadas para descontaminar y desmantelar Fukushima”.
En 2021, al cumplirse diez años de la tragedia de 2011, Greenpeace presentó un informe (“Desmantelamiento de la central nuclear de Fukushima Daiichi”) donde señalaba que “el plan oficial de desmantelamiento de la central nuclear para los próximos 30-40 años es irreal y no tiene perspectivas de éxito”. El especialista nuclear de esta ONG, Shaun Burnie, denunció entonces que “los sucesivos Gobiernos de Japón tergiversaron la ineficacia del programa de descontaminación e ignoraron los riesgos radiológicos. También afirmaron falsamente que el plan de desmantelamiento de Fukushima Daiichi convertiría el lugar en un terreno limpio a mediados de siglo”.
Dos años después, ante lo irrefutable de las imágenes obtenidas, el gobernador de la prefectura de Fukushima, Masao Uchibori, brindó este lunes una conferencia de prensa, donde dijo que "debido a los altos niveles de radiación en los reactores, tengo entendido que los robots que utilizan semiconductores no están funcionando tan bien como se esperaba".
Uchibori instó a Tepco a realizar nuevas pruebas sísmicas de la central por temor a que la situación empeore si se produce otro desastre natural.