La condena a CFK y los tiempos insólitos de la justicia argentina
Los fundamentos que sostienen la condena a la vicepresidenta se darán a conocer dentro de tres meses. En un país que vive inmerso en la grieta y con un clima social cada vez más caldeado el plazo parece inexplicable.
El martes 6 de diciembre a las 18:30 Argentina se puso en pausa. No se jugaba ningún partido ni tenía que ver con el furor de Qatar. Por primera vez un Tribunal Federal Oral compuesto por tres jueces daría un veredicto que involucraba a la vicepresidenta de la Nación en funciones, Cristina Fernández de Kirchner. Aunque los hechos que se le imputaban habían tenido lugar cuando ejercía la primera magistratura.
Por esos devenires inexplicables pospandemia, el veredicto de una de las causas más sensibles se transmitió vía zoom. CFK no estaba. Ni se conectó. Tenía el derecho de no hacerlo. Los jueces estaban en una sala del edificio de los tribunales federales de Comodoro Py. Los fiscales unos pisos más arriba. Los periodistas en su reducto. Algunos de los acusados y sus defensores en sus casas esperando escuchar las palabras que podrían definir su inocencia o culpabilidad desde una pantalla. Nada similar a lo que se ve en las películas hollywoodenses. No había tensión en la sala porque prácticamente no había una sala que contuviese acusados y acusadores. Defensores y defendidos.
El secretario del Tribunal fue breve, leyó unas palabras escritas en unas pocas hojas y llegó al punto más esperado: CFK culpable del delito de administración fraudulenta en perjuicio de la administración pública con una pena de seis años de prisión e inhabilitación para ejercer cargos públicos. Y CFK absuelta del delito de asociación ilícita. “Señora, señores, este juicio ha terminado”.
Si bien en términos formales lo que dijo no falta a la verdad, el proceso esta lejos de finalizar.
Es incomprensible que los argumentos por los cuales se tomaron decisiones tan sensibles en el primer juicio oral y público que enfrenta la vicepresidenta se conozcan recién el 9 de marzo. Tres meses después de conocido el veredicto. Una eternidad para dos argentinas en pugna. La mitad que celebra que la justicia haya puesto las cosas en su lugar y haya condenado a quienes cometieron delitos de manera impune creyéndose intocables durante una decena de años. El poder de los amigos, para los amigos y repartido entre amigos llegaba a su fin. La otra argentina grita “proscripción”, “persecución”, emula al “partido militar” con el “Partido judicial”.
La dilación del tribunal para conocer los argumentos del fallo no hace otra cosa que caldear los ánimos ya de por si caldeados en un diciembre donde los 38 grados de calor reflejan el humor social al borde de romper el termómetro.
Tres meses donde los argentinos se la pasaran especulando sobre las razones de las condenas y absoluciones sin tener la menor idea de por qué se tomó una decisión y no otra. El lugar que no ocupa la información lo llena la especulación. Y tres meses especulando es mucho. ¿Sobre que pruebas se basaron?
“Tenemos la certeza de que, mediante la tramitación de cincuenta y un procesos de licitación pública en rutas nacionales y provinciales en Santa Cruz tuvo lugar una extraordinaria maniobra fraudulenta…” destaca el Tribunal en un breve resumen que hizo circular entre los periodistas. Los mismos periodistas que consideramos urgente entender que pruebas se valoraron para llegar a esa conclusión. ¿Cómo robaron entre 2003 y el 2015? ¿Al amparo de que poderes pudieron realizar esa maniobra sin que nadie se los impida? Demás está suponer que el tribunal pudo probarlo. Demás está decir que todo un país necesita saberlo.
“Ha sido dirimente en esa lógica la comprobación de un interés manifiesto sobre el plan criminal de la por entonces presidente de la Nación CFK …” ¿Cómo? A esperar al 9 de marzo señoras y señores. Porque como dice el mismo tribunal allí estarán todos y cada uno de los argumentos que llevaron a la sentencia. Esperar tres meses roza el absurdo. No alcanza con decir que la causa fue compleja, que en juicio oral pasaron trece defensas y más de cuatrocientos testigos, que en el medio está la feria judicial de enero, que se valoraron “más de tres toneladas de prueba”. No. Porque en los meses que faltan se va a colar la política, la militancia, y hasta la fe en la inocencia de “la jefa”. Porque los argumentos deberían tener la contundencia de lo inapelable (aunque faltan varias instancias de apelación para dar este proceso por terminado), porque mientras tanto crece de un lado de la grieta la teoría de la conspiración judicial mientras del otro no dejan de señalar que se cumplieron todas las instancias de un juicio justo con derecho a la defensa, que la vicepresidenta tuvo todas las garantías y aun así la encontraron culpable.
No ayudó en nada el presidente de la Nación expresándose vía tuiter como si fuese parte de la militancia y no el hombre al frente de un país con la supuesta responsabilidad de conducirlo más allá del color político de sus habitantes. Por momentos parece olvidar que es el presidente de los 47 millones de argentinos y no de una facción. Además de su formación como hombre de Derecho y profesor en una de las Universidades más prestigiosas de la región. Como si se tratase de un militante más escribió: “Hoy, en Argentina, ha sido condenada una persona inocente…acompaño y me solidarizo con CFK sabiendo que es victima de una persecución absolutamente injusta”. Y cierra “Se de su inocencia”. La pregunta vuelve a ser ¿Cómo? ¿Leyó los fundamentos del fallo? ¿En que parte de la Justicia no cree? ¿Por qué desconoce la decisión de un poder que debería ser independiente? ¿Por qué hay injerencia del poder Ejecutivo en el judicial cuando la propia constitución lo prohíbe? ¿Desconoce y desconfía de parte de la justicia (la federal) o toda?
Una vez más. Tal vez con los argumentos en la mano que condenaron a CFK al máximo de la pena por ese delito, seis años, varios pensarían dos veces antes de emitir opinión. O no. Podría ser que la convicción en la inocencia de su líder supere cualquier hecho factico. Aun así, seguimos dando vueltas en el terreno de la especulación porque los fundamentos no estarán hasta el 9 de diciembre. ¿Podrían haber estado antes? El constitucionalista Andrés Gil Domínguez lo escribió y fue claro para: él hubo una amañada interpretación de un artículo del código que establece que si el juicio se interrumpe por determinadas causales y el proceso se extiende por mas de seis meses se pueden tomar cuarenta días para darlo. Acá no se dieron esas causales, pero el juicio oral y público se extendió desde mayo. Ergo entienden que se toman 40 días más los 30 de feria judicial de enero. Entonces ¿son tan exactas las palabras del secretario del tribunal cuando dijo que el juicio terminó? No pareciera hasta que todos y cada uno podamos entender, informar y analizar las razones que llevaron a condenar por primera vez a la vicepresidenta de la Nación.