La difícil caída de Maduro
De la salida del mandatario dependerá el camino a la democracia que transitará el país venezolano
La situación de Venezuela es cada vez más dramática y no hay demasiadas expectativas de que el ilegítimo presidente Nicolás Maduro abandone rápidamente el poder como se creía hace cinco meses y que el país iniciara un período de transición hacia la democracia. Es notorio que el tema ha quedado relegado y que la presión internacional no ha tenido el resultado previsto.
De continuar el actual estado de cosas hay un riesgo de que “se normalice la crisis de Venezuela, que se normalice el horror, el terror que están viviendo los venezolanos”, como alertó en estos días el presidente encargado, Juan Guaidó.
La caída “inminente” de Maduro, de la que se habla desde que el diputado Guaidó, jefe de la Asamblea Nacional, se declaró como presidente encargado de Venezuela, el 23 de enero de 2019, se difumina en el lenguaje político y diplomático, lo que ha dado lugar a un preocupante ambiente de incertidumbre.
La oposición venezolana y el gobierno del estadounidense Donald Trump se equivocaron en creer que el fresco liderazgo de Guaidó –en el marco de un país en ruinas y de un gobierno chavista impopular– iba a provocar un movimiento vehemente en las calles de Caracas y el apoyo de los militares, que obligarían a Maduro a abandonar el poder. Ese análisis –pese a la hiperinflación, la escasez de alimentos, la debacle de los hospitales, las sanciones de EEUU al régimen chavista y la salida de más de cuatro millones de venezolanos– ha sido hasta ahora una expresión de deseo más que un hecho contrastable en la realidad.
Tampoco la arenga de Luis Almagro, secretario general de la OEA, contra el gobierno chavista –que se reflejó ayer en la asamblea del organismo que se realiza en Colombia–, así como la enérgica actitud del Grupo de Lima, han sido flechas suficientes para derribar al dictador Maduro que ha demostrado mucha astucia para mantenerse en el poder.
El hecho de que el presidente Trump haya dejado públicamente a un lado la crisis de Venezuela es una señal elocuente de que las cosas han cambiado de velocidad. La semana pasada, en una entrevista con un canal hispano de EEUU, reconoció por primera vez que la transición política hacia la democracia “es un proceso”.
Tampoco se oyen las voces más radicales de la Casa Blanca que proponen una solución militar al problema. Ello, por una parte es bueno, ya que el tema no tiene una solución militar salvo que sea una insurrección popular en toda la regla. Pero aun en este caso, todo depende de la actitud que adopte el Ejército venezolano, que por ahora sigue apoyando a Maduro.
En estas horas, medios internacionales aseguran de una incipiente nueva estrategia diplomática para intentar que Maduro abandone el poder y es la de involucrar en las negociaciones a tres países aliados de Venezuela, como Cuba, China y Rusia.
Si esa iniciativa se concreta, es fundamental no caer de nuevo en las trampas de Maduro, que ha aprovechado todas las instancias de diálogo para ganar tiempo, como advirtió el expresidente de España Felipe González.
Y, por otra parte, tener en cuenta que es fundamental que en la mesa de diálogo haya una silla para la oposición venezolana que lidera el valiente Guaidó. De su compromiso con la salida de Maduro dependerá el éxito o el fracaso de la proyectada transición del país hacia la democracia.