La era violenta de la cultura pop
La discusión sobre películas y series se encuentra en un plano de discusión complicado, en el cual es la violencia el camino más elegido cuando sus contenidos hieren susceptibilidades raciales o culturales
Luego de que un grupo de hackers que se llaman a sí mismos los “Guardianes de la paz” amenazaran con ataques terroristas en los lugares donde se estrenara The Interview, una comedia con James Franco y Seth Rogen sobre el plan de la CIA para asesinar al líder norcoreano, Sony Pictures Entertainment frenó la distribución de la película. Sin embargo, luego de las acusaciones a la distribuidora por exhibir cobardía de cara a las amenazas, esta decidió publicarla primero en Internet y luego en alrededor de 300 salas de cine de Estados Unidos el 24 de diciembre.
Si bien es preocupante que este incidente pueda afectar a futuro a este tipo de sátiras chabacanas o incluso en el hecho de ir al cine, vale la pena preguntarse si estamos meramente depositando la responsabilidad de la creciente violencia en un villano conveniente.
No tenemos que imaginar cómo son las amenazas hacia los artistas y a los consumidores. Esas ya llegaron. Ya sea como manifestaciones de fanáticos, furias sexistas o normas religiosas. A veces, son pequeños detalles técnicos los que provocan reacciones violentas, en lugar de la antipatía política o los sentimientos nacionalistas. En 2013, Dave Vonderhaar, el director de diseño del videojuego Black Ops 2 recibió amenazas de muerte por ajustes que hizo en las frecuencias de disparo de ciertas armas en el juego. Hubo pocas formas para que la compañía frenara las amenazas a Vonderhaar.
También ha habido amenazas de tiroteos masivos en cines, que parecían haber sido inspirados en el ataque realizado durante el estreno de la tercera entrega de la trilogía de Batman en 2012 en un cine de Aurora, Estados Unidos. Una fue ideada por un hombre que estaba recibiendo tratamientos para su salud mental. Otra, por un estudiante de un colegio religioso que publicó en el sitio 4chan sobre un tiroteo en una función de El Hobbit.
Estos escenarios pueden no haber resultado creíbles. Y parecen ser sido más impulsados por enfermedades mentales, búsquedas vanagloriosas de atención y posturas infantiles, que por agendas políticas o estéticas. De todas maneras, no es difícil imaginarse que estas amenazas puedan convertirse en una táctica que seriamente afectara el consumo público de la cultura.
Por ejemplo, la crítica de videojuegos Anita Sarkeesian tuvo que enfrentarse a una amenaza de bomba para aceptar un premio de los Game Developers Choice Awards este año, y tuvo que cancelar un discurso en la Universidad Estatal de Utah luego de las amenazas al evento.
Antecedentes
Es fácil imaginarse otros conflictos políticos en los cuales la cultura podría convertirse en blanco de amenazas serias.
La cultura pop ya ha tenido momentos difíciles al intentar contar historias sobre el aborto y su consiguiente censura social. La franja extremista anti-aborto ha demostrado la voluntad de utilizar la violencia, tanto mediante el asesinato de quienes realizan abortos como de plantar bombas en clínicas donde los realizan.
La película Obvious Child, una comedia romántica en la que se presenta un embarazo no planeado, tuvo que buscar un nuevo modelo de distribución: se presentó en cines y en video on demand simultáneamente. Si las películas o shows televisivos que tratan el aborto se encuentran bajo amenazas, es fácil imaginar a Hollywood perdiendo el coraje coraje que le quedaba.
Escribiendo para The New York Times, Ross Douthat sugirió que el hackeo produciría una reducción de los posibles villanos hasta el punto de contar únicamente con supremacistas blancos. “Eso es antes de que los neo-nazis se encuentren su propio hacker”.
Sin embargo, ya no necesitan un genio en tecnología para comenzar la pelea. La misma amenaza de violencia hizo de que los cines temieran que al exhibir la película los hiciera responsables ante cualquier caso.
Supremacistas blancos aparecen como villanos en todas partes, desde películas de acción como White House Down hasta series como Breaking Bad. También idean conspiraciones en la vida real, como un plan de 2008 para asesinar a Barack Obama durante su campaña para la presidencia. Si alguien quiere ser el cuco anti-racista del momento, lo único que tienen que hacer es amenazar con tirotear durante algún estreno.
Pero este episodio no solo sucede en Estados Unidos. El rol que jugó el video amateur sobre el profeta Muhammad (The Innocence of Muslims) en el ataque terrorista en Benghazi y en otras protestas alrededor del mundo ha sido oscurecido por la insistencia republicana de que la operación no contenía ningún elemento de la espontaneidad. En Libia, decenas de personas se sumaron, algunas de ellas provocadas por el video, y otras respondiendo al rumor rápidamente extendido de que guardias estadounidenses habían disparado a protestantes libios. En la ciudad hindú de Chennai, algunos protestantes atacaron al consulado estadounidense.
The Innocence of Muslims fue retirado de YouTube porque una actriz involucrada en el proyecto afirmó que había recibido amenazas de muerte. Pero el precedente fue fundamentalmente el mismo: amenazas desde el extranjero inculcan el miedo suficiente para sofocar el arte en casa.
The Interview
Miles de personas fueron a los cines estadounidenses durante el 24 de diciembre para poder ver el estreno de The Interview. Este hecho, según la agencia AFP, fue considerado por los primeros espectadores como un símbolo de defensa de la libertad de expresión. Además, la película también está disponible desde el miércoles por la noche en YouTube (donde se convirtió enseguida en el video más popular), Google Play y Xbox, así como en el sitio www.seetheinterview.com, por US$ 6 para alquilarla por 48 horas, y US$ 15 para comprarla.
La revista estadounidense Variety informó que Netflix también estaría haciendo negociaciones para publicarla. La película solo está disponible en estos formatos en Estados Unidos.
Gran parte de las críticas que enseguida llegaron a la red luego de la publicación de The Interview coincidieron en que la película no valió el escándalo en que se vio envuelta en las últimas semanas. El sitio de entretenimiento ScreenRant, por ejemplo, criticó el papel cómico de James Franco, género que no parece del todo adecuado para el actor. También fue motivo de crítica la falta de acción y de la comedia, lo que le dio un aspecto más de serie de televisión que de película de Hollywood. “Al final”, concuye la crítica, “lo más gracioso de The Interview fue pensar ‘¿Esto es por lo que hubo tanto alboroto?’”. Aún así, las cifras de descarga por Torrent llegaron a las 90.000 en 24 horas y a 10.000 vistas en YouTube en las primeras horas.
El hackeo a Sony y la cancelación de The Interview están en una escala mayor que cualquier cosa que hemos visto antes, y podría absolutamente pasar a mayores. Pero no debemos pretender que estamos viviendo una de nuestras propias películas, en las que hombres locos de Corea del Norte nos tienen de rehenes.
Los Guardianes de la paz solo tomaron ventaja de un estilo de conversación sobre cultura que muy seguido termina en amenazas de violencia. Y hemos hecho bastante para crear esta situación por nosotros mismos. l