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La escuela y los beneficios de un plan

En 2012 la escuela N° 131 registró el mayor índice de repetición en Montevideo, pero el programa Escuelas Disfrutables la salvó

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14 de septiembre de 2014 a las 15:41

En 2012, con un índice de repetición equivalente a 22,9%, la escuela N° 131 (Barrio Sur) se convirtió en la escuela con mayor repetición de Montevideo. Esa cifra que rompió con los registros históricos de la escuela –que oscilaban entre el 10% y 15%– descendió de forma abrupta en 2013, al ubicarse en un 4,49%.
Este guarismo no solo permitió a la escuela ubicarse en 2013 por debajo del promedio de repetición en Montevideo (8,05%), sino que además se convirtió en la marca más baja del centro en los últimos diez años.

Nelly Fernández, inspectora departamental, tiene claro que la caída registrada no es un hecho fortuito. “Hay intervenciones que tienen que ver con la mejora. La baja de la repetición tiene sus explicaciones”, aseguró en diálogo con El Observador.
En su despacho, y acompañada de Jorge Spaka, inspector zonal que tenía a cargo a la escuela hasta el año pasado, y Rosalba Pino, inspectora que hoy supervisa ese centro, Fernández señaló que lo que explica el ascenso abrupto de la repetición a 22,9% en 2012, cuando en 2011 se ubicaba en 13,89% se debe a que ese año se fusionaron las dos escuelas que funcionaban en el local de la calle Maldonado y Ciudadela y con esta decisión se sumaron los repetidores de ambos centros. Allí estaban instaladas entonces la escuela N° 15 (Cuba) y la N° 131 (República de Chile).

En tanto, Spaka explicó que la decisión de fusionarlas se debió a que ambas escuelas venían perdiendo alumnado y ya no se justificaba tener dos centros. Por aquel entonces ambas escuelas se convirtieron en centros aluvionales, que recibían niños de otros barrios, pero no a los de la zona, que optaban por ir a otros lugares.
Esta realidad se mantiene hasta hoy. La escuela N° 131 (República de Chile) –nombre que las autoridades decidieron dejarle luego de la fusión– recibe a niños de “altísima vulnerabilidad” provenientes de Ciudad Vieja y barrios aledaños.
Algunos de ellos incluso son atendidos por el Centro de Promoción por la Dignidad Humana (Ceprodhi), una asociación civil que da cobijo a personas en situaciones de desamparo.
El cambio real
En 2012 el local de la calle Maldonado albergó por primera vez a una única escuela, con un solo director y un único secretario, pero con dos turnos de alumnos, uno de mañana y otro de tarde.

Sin embargo, los inspectores y las autoridades de Primaria continuaron analizando la situación y fue así que ese mismo año se decidió implementar el programa Escuelas Disfrutables, un plan de Primaria que implica una intervención de equipos psico-sociales y que tiene como propósito apoyar a los centros en la atención integral de sus alumnos. La situación de la escuela N° 131 justificó además que el equipo del programa, formado por un psicólogo y un asistente social, se instalara allí durante dos años.

Según Spaka, la implementación de este programa es fundamental para atacar la repetición, la asistencia insuficiente (porcentaje de alumnos que asistió a clase entre 70 y 140 días de 180 que tiene el año lectivo) y el abandono intermitente (porcentaje de alumnos que asistió a clase hasta 70 días). “Con Escuelas Disfrutables la asistente social va a la casa de los alumnos, está en diálogo con la familia para que manden a los niños a la escuela y el psicólogo atiende a los alumnos y los sigue de cerca”. Las cifras del monitor demuestran que si bien la asistencia insuficiente en la escuela aún no ha descendido (en 2013 se ubicó en 27,56% y en 2012 , en 26,6%), el abandono intermitente sí lo hizo. Este índice en 2012 se situó en 5,5% y en 2013 en 3,85%.
Pero además de implementar este programa, a fines de 2012 Primaria resolvió convertir el centro en una escuela de tiempo completo. De manera que además de tener un solo director, los alumnos concurrieran siete horas y media, y pudieran asistir no solo a las clases curriculares, sino también a talleres.

Este proceso se inició en 2013, formando a los maestros, y recién este año comenzó a funcionar el tiempo completo como tal.
Rosalba Pino señaló que esta también fue una decisión fundamental porque permite que los alumnos asistan a actividades diversas que también contribuyen a su formación.
Entre los talleres que se dictan en la escuela, hay uno de cocina, otro de huerta, un tercero electricidad y otro de arte comunitario. Además, los niños tienen clases de canto, danza, inglés y natación. A esto se suma que la escuela cuenta con dos maestras especializadas, que trabajaban antes en la escuela N° 15, que fue suprimida. Una de ellas va todos los días y se encarga de las dificultades de aprendizajes, la otra va una vez por semana, y atiende los problemas de personalidad.

“La escuela ha variado notoriamente su oferta educativa. Poder proponer de forma permanente y acordar produce mejoras”, resumió Fernández, quien no tiene reparo en decir que todas estas acciones se llevaron a cabo ante la alerta de que las escuelas estaban perdiendo alumnos.

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