Una comparación obvia sería la del ave fénix: que Berlín, como aquel animal mitológico, ha sabido renacer de las cenizas –literales– para reinventarse una y otra vez. Pero, con esta ciudad, cuya historia es tan visible como los grafitis de sus paredes, las comparaciones no terminan de encajar.
La eterna transformación de una ciudad con cicatrices a flor de piel
Berlín no deja de mostrar nuevas caras: muchos de su barrios siguen mutando, pero la capital alemana no puede esconder su pasado de nazismo, comunismo y democracia