La gallina de los huevos de oro
El día que Trump deje la presidencia, por la razón que sea, los ingresos y las utilidades de los medios volverán a sus niveles normales
El fenómeno político de
Donald Trump ha resultado ser una estupenda bonanza para los medios en los Estados Unidos. Esta bonanza, sin embargo, puede llegar a un abrupto fin si la presidencia de Trump terminara, ya sea como resultado de un juicio político, o porque la situación lo forzara a renunciar.
Un sector importante de los medios en este país está haciendo todo lo posible para que esto suceda y, de lograrlo, habría matado, al mismo tiempo, a su gallina de los huevos de oro. En una buena medida el fenómeno Trump fue creado por los medios.
Ya desde el comienzo de las primarias a principios del 2016, se empezó a notar claramente que las declaraciones de Trump tenían un efecto mediático mucho más impactante que las de los otros candidatos republicanos.
A partir de ahí se inició un proceso de generación de ventajas mutuas: los medios se beneficiaban explotando el creciente interés por Trump y él, a su vez, también se beneficiaba por la visibilidad que los medios le suministraban en forma gratuita. Un exabrupto de Trump atraía mucho más atención que una criteriosa ponencia de Jeb Bush o de John Kasich.
Este proceso de beneficio mutuo cesó a partir del momento en el que Trump fue electo presidente. Los medios siguen beneficiándose del interés que suscitan sus declaraciones, la mayoría de ellas a través de tuits. Esto es cierto tanto para los sectores que lo atacan, como ser en la televisión CNN y CNBC y, entre los
diarios, el New York Times y el Washington Post, así como para los que lo defienden, en particular, Fox News y el Wall St. Journal.
Para los programas humorísticos de la noche, Trump se ha convertido en una fuente inagotable de material con el que trabajar. Los intercambios con Marco Rubio durante la campaña sobre la supuesta correlación entre el tamaño de las manos de Trump y el de su pene se siguen utilizando y, a pesar del tiempo ya transcurrido, aún producen líneas muy efectivas. El día que ya no tengan a Trump como presidente les será muy difícil mantener el nivel de la sátira.
Para Trump, por otro lado, el efecto se ha revertido diametralmente. En lo personal, dada su naturaleza de ávido consumidor de noticias que mencionen su nombre, es obvio que resiente profundamente las críticas que recibe a diario, muchas de ellas ridiculizándolo. El tono y la intensidad de esas críticas no tienen precedentes en este país. Nixon y Clinton nunca fueron blanco de ataques semejantes, ni aún en los peores momentos de sus presidencias.
En lo político, los medios también lo están afectando en forma sumamente negativa. En primer lugar, al otorgarle gran preeminencia, mantienen vivo el interés por las investigaciones que paralelamente están llevado a cabo, por un lado, dos comités del senado y, por otro, Robert Mueller, el "special counsel" nombrado por el Departamento de Justicia.
Aún más importante, los medios están teniendo un papel crítico en cuanto al aspecto sustantivo de los procesos legales. A Trump lo están investigando principalmente en tres áreas: una posible colusión entre su campaña y el gobierno de Rusia, la aparente obstrucción a la justicia en relación a la abrupta destitución de James Comey, el ex-director del FBI y los posibles conflictos de interés en relación a sus negocios.
Las investigaciones que los periodistas están llevando a cabo ya sacaron a luz información sumamente relevante para esos procesos. Un buen ejemplo es el caso del New York Times que identificó y publicó los mails de Donald Trump Jr, el hijo mayor del presidente, relacionados a la reunión que mantuvo con una abogada que supuestamente trabajaba para el gobierno ruso y que podría proporcionar información perjudicial a la campaña de Hillary Clinton. Donald Jr en uno de esos mails expresa específicamente que le encanta la idea de recibir esa información ("I love it").
Esto muestra un
claro intento de colusión que seguramente Mueller evaluará cuidadosamente.
Todo esto alimenta constantemente la adicción por toda noticia relacionada a Trump que hoy afecta a un sector importante de la población.
Como consecuencia, esos mismos medios que lo ayudaron a alcanzar la presidencia pueden conllevar a que ésta termine antes de que complete su mandato.
Es interesante imaginar a los directores financieros de CNN o de Fox News tratando de proyectar los ingresos de sus respectivas empresas para los próximos dos o tres años. Seguramente la proyección con Trump como presidente hasta el fin de su período muestra que la bonanza continúa.
Por el contrario, la proyección asumiendo un fin prematuro de su presidencia mostraría, a partir de la asunción de Mike Pence, números mucho más anémicos. Difícilmente los tuits de Pence generarían el mismo nivel de interés que los de Trump.
El día que Trump deje la presidencia, por la razón que sea, los ingresos y las utilidades de los medios volverán a sus niveles normales. El público a se vez tendrá que reajustarse a una situación en la que el presidente se retira del mundo del espectáculo y vuelve a la tediosa actividad de tratar de gobernar. Un panorama sin duda más aburrido pero menos alarmante que el que se vive hoy en los Estados Unidos.
(*) Contador uruguayo que completó el International Tax Program en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard y ejerció su profesión desde Nueva York.