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Un registro de inflación al borde de los dos dígitos hizo saltar las alarmas. Si bien la canasta de consumo venía encareciéndose sistemáticamente a tasas superiores al rango objetivo impuesto por las autoridades, no fue hasta que la inflación orilló el 10% que el equipo económico se comprometió, a través de medidas concretas y un mensaje enfático, a evitar que la suba de precios traspasara esa barrera psicológica de los dos dígitos.

Más allá del análisis coyuntural, la inflación no es un problema reciente para los uruguayos. La suba de precios a ritmo moderado, de un solo dígito, es una innovación para la economía uruguaya. De hecho, desde 1939, casi dos terceras partes de los meses (64%) , los registros de precios para el año móvil se encontraron por encima de 10%.

Ni hablar de la escasa volatilidad que tuvo el alza de precios en la última década: no hay precedente histórico a nivel local de un período tan largo de tiempo en el cual la dispersión entre los intervalos de 12 meses de mayor y menor inflación sea tan solo de 6,7 puntos porcentuales.

El problema de la inflación

La historia uruguaya es rica en episodios de alta inflación y –peor aún–, de imprevisibilidad en el ritmo en que aumentan los precios. Una inflación elevada trae aparejada una pérdida de poder de compra inmediata a los sectores que no pueden ajustar su ingreso de acuerdo a la evolución de los precios, como es el caso de los trabajadores informales.

La inflación es también un problema para las empresas, porque con una inflación elevada, el ritmo al que se encarece el producto que elabora la empresa y el ritmo al que suben los distintos insumos necesarios para su procesamiento, traen consigo una mayor incertidumbre a la hora de proyectar su rentabilidad futura.

Esa incertidumbre se traduce en riesgo y un mayor riesgo en un proyecto de inversión lleva a los empresarios a requerir un rendimiento más alto para su ejecución. Por lo cual, en un escenario de inflación alta o de inflación volátil e incierta, hay proyectos de inversión que en un escenario distinto podrían prosperar y que, sin embargo, resultan inviables.

El resto del mundo

El problema de la inflación fue bien comprendido por la academia y los gobernantes en las últimas décadas. En una muestra tomada por la Unidad de Análisis Económico de El Observador que recoge el último dato de inflación interanual de 180 economías del mundo, la mediana del alza de precios interanual es de apenas 2,7% –registro que corresponde a la inflación de Trinidad y Tobago–, mientras que en Uruguay se encuentra en 9,8%. Eso significa que en menos de cuatro meses los precios en Uruguay suben más de lo que aumentan en un año en la mitad de los países del mundo.
Si bien la comparación internacional permite contextualizar el dato uruguayo, su validez es limitada. Puede haber razones fundadas para que, en un momento determinado, la inflación de un país sea mayor que la de otros, o más baja. Pero aun así, si los precios en el resto del mundo suben a tasa bajas, ¿por qué no en Uruguay?

¿Inflación importada?

A veces, al mirar la totalidad del mundo se puede estar tomando más información de la necesaria. Si solo se observa la parte del mundo relevante para Uruguay, la comparación es bien distinta. No hay que olvidar que el país tiene entre sus principales socios comerciales a países del grupo de los más inflacionarios, como Venezuela y Argentina. Ambos países muestran en sus últimos registros de inflación–extraoficiales, en el caso del país vecino– una variación interanual de los precios de 56% y 36%, respectivamente.

El promedio de inflación de los países con los que comercializa Uruguay, ponderados por su participación en el intercambio de bienes y servicios del país, se encuentra actualmente en 14%. En esa comparación, Uruguay no saldría tan mal parado.

Pero ese tampoco es el razonamiento más adecuado. Para entender cómo afecta el resto del mundo a la inflación local, no solo hay que analizar cómo evolucionan los precios en aquellos países con los que Uruguay comercializa, sino además estudiar el comportamiento del tipo de cambio. Si la paridad entre el peso argentino y el peso uruguayo avanza a la par de los precios en el vecino país, el valor de sus productos, medidos en moneda uruguaya, se mantendría estable.

Una forma de analizar esa inflación importada es tomar únicamente aquellos bienes y servicios de la canasta de consumo de los uruguayos que se intercambian con el resto del mundo y analizar el comportamiento de sus precios en el mercado local. No solo de aquellos que Uruguay importa, sino también de los que se exportan –y, por lo tanto, forman sus precios en un mercado más amplio–.
Eso es lo que se llama inflación transable, y en febrero se ubicaba en 8,4%, más de un punto por debajo de la inflación general, de 9,8%.

Si bien es un componente de la canasta que ha acelerado su ritmo de encarecimiento en los últimos meses –en julio del año pasado los bienes y servicios transables subían a una tasa de 4,2% interanual–, está muy lejos de explicar una inflación al borde de los dos dígitos. De hecho, apenas dos de los casi 10 puntos de inflación actuales están vinculados con bienes y servicios que fijan sus precios en el mercado mundial.

Inflación doméstica

También es posible analizar por separado –y como posible causa de inflación– el comportamiento de aquellos bienes y servicios que brinda el Estado y cuyos precios se definen con criterios de política pública y no de mercado. Ese componente de la canasta sube a una tasa de 8,3% interanual, también por debajo de la inflación general, lo que demuestra que, hoy día, funcionan más bien como un amortiguador de la suba de precios.

¿Y qué tal las frutas y verduras, que tanto subieron en los últimos meses? Junto con las carnes, los vegetales conforman la categoría de alimentos sin procesar que se caracterizan por la fuerte volatilidad de sus precios. Si bien en los últimos dos meses las condiciones climáticas llevaron a una fuerte suba de los productos de granja, los alimentos sin procesar suben a una tasa de 9,8% interanual. La suma de servicios públicos y alimentos no elaborados explica poco más de dos puntos
de inflación general.

¿De dónde se originan los cinco puntos que falta explicar? Esos cinco puntos residen en el componente doméstico de la canasta de consumo, aquellos bienes y servicios que se producen en Uruguay únicamente para el mercado local y van desde un corte de pelo y una cena en un restaurante hasta los servicios de salud y educación. Ese componente de la canasta sube a una tasa de 10,8% interanual, movida por el aumento de los salarios, y explica más de la mitad de la inflación.

Las medidas anunciadas por el gobierno, que incluyen la baja de tarifas públicas, la reducción de impuestos a la importación de frutas y verduras, y el congelamiento de precios en acuerdo con comerciantes y proveedores, no reduce ese núcleo de presiones, solo alivia de momento los síntomas del encarecimiento de la economía doméstica.

Todo indica que la inflación no volverá a los dos dígitos. Pero para evitar que la alarma vuelva a saltar en otro momento, habrá que atacar las causas y no los síntomas del problema. Ese será el gran desafío macroeconómico para la próxima administración.
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