"A dos kilómetros, circo Tranzat". El cartel es pequeño, modesto y poco llamativo. Es fácil perderlo de vista o nunca llegar a encontrarlo. El anuncio –un trozo de madera pintada– está clavado sobre un poste en una esquina sobre la carretera 37. Algunos metros después de esa primera alerta ya se puede ver la cúpula del Castillo de Piria y a su lado, la carpa. Roja y amarilla, de colores estridentes que se combinan con los de un atardecer despejado de enero en Piriápolis.
La magia de Tranzat y la historia de la primera carpa de circo moderno uruguaya
El grupo se presenta todas las noches de verano con entrada a la gorra en Piriápolis