La maja desnuda
Se reedita Una historia de España, de Arturo Pérez-Reverte, un libro muy divertido y polémico donde el autor saca a relucir toda su ironía y saber hacer literario
Quizás porque fue cronista de guerra durante veinte años Arturo Pérez-Reverte tiene una concepción particular de la muerte, a la que trata siempre con desprecio e indiferencia. Es de esos a los que no les conmueve demasiado un campo sembrado de cadáveres, una cuchillada trapera o una batalla donde solo sobrevive el cocinero.
O quizás sea así justamente por lo contrario: la muerte violenta lo estremece tanto que no le queda otra opción que recurrir al humor y la ironía para soportar tanto derroche de sangre, sudor y lágrimas. Lo cierto es que en Una historia de España, que se reedita ahora por tercera vez, recurre a esto último para narrar de forma muy divertida la historia de un país que se desangró muchas veces a lo largo del tiempo.
La introducción viene a cuento porque una de las tesis centrales del libro es que España ha vivido desde los romanos, y aún antes, en un estado de guerra civil permanente, afirmación difícil de discutir a la vista de los mil incidentes violentos que registra el volumen, que está hecho de las columnas que Pérez-Reverte publicó en el semanario XL Semanal, durante cuatro años.
Esto hace, entre otras cosas, que el libro sea de muy fácil lectura, con capítulos muy breves que resumen de forma espectacular un período determinado o un acontecimiento trascendente. La forma en que encadena uno con otro es notable, llevando al lector de la mano por un periplo que tiene de todo, como en botica.
Como el mismo autor advierte en el epílogo, no se trata de una historia objetiva de España, sino que todo pasa por el tamiz de Pérez-Reverte, que no se corta un pelo a la hora de defenestrar a la gente que no le cae bien o ensalzar a los que le parece se ganaron un lugar destacado en el panteón de los héroes (Adolfo Suárez).
Lo bueno es que, a pesar de que el autor se afana sistemáticamente en destrozar, por ejemplo, a los nacionalismos vasco y catalán, apuntando cada vez que puede que cuando les ha convenido han sido españoles, el libro se disfruta igual por la forma de plantear las cosas que tiene Pérez-Reverte y por la chispa.
Lo mismo sucede en el caso de la Iglesia Católica, a la que ridiculiza y da palo sin piedad cada dos páginas. Inglaterra, a la que acusa reiteradamente de promover que nunca hubiera buenos gobiernos en Europa. O su retrato casi siempre negativo de los reyes que subieron al trono español.
Lo mejor es lo mucho que se aprende mientras se disfruta de la lectura, ya que el relato arranca muy atrás y llega hasta la recuperación democrática y el gobierno de Felipe González, con lo que el panorama general resulta muy útil para cualquiera.
Siempre polémico, poco a poco Pérez-Reverte va delineando un arquetipo español para nada bonito. Porque para el autor sus compatriotas han sido desde siempre un pueblo analfabeto y brutal, servil frente al poder terrenal y al celestial, pero por sobre todo un pueblo donde matar al vecino o al hermano (nombra a Caín muchas veces), es el deporte nacional por excelencia. El porqué de este proceder lo resume en una palabra: envidia.
También obligan a pensar los capítulos sobre la guerra civil española, donde el autor vuelve a plantear su teoría de los dos demonios, igualando la barbarie de uno y otro bando. En esta oportunidad va un paso más allá en sus postulados y afirma que Franco fue una desgracia, pero que si el bando ganador hubiera sido el republicano, de todas formas se venía una dictadura, de izquierda, probablemente tutelada desde Moscú.
Muy divertido y lleno de momentos para reflexionar, Una historia de España es uno de esos libros que hay que leer aunque sea una sola vez.