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El año pasado, el músico estadounidense Beck ofreció en el Teatro Metro lo que muchos calificaron como el mejor show de 2013. El mismo Beck, según contó a El Observador el productor del evento, Danilo Astori Sueiro, quedó encantado con el país y su público, y por eso decidió devolverles de alguna manera la cortesía.

Por eso, entre Astori Sueiro, Beck y su mánager idearon una suerte de lo que los estadounidenses llaman “listening party”: reunieron a la prensa el pasado martes en La Ronda y ofrecieron casi en exclusiva una escucha de su nuevo disco, Morning Phase.

El “casi” es pertinente en este caso. Si bien el disco recién saldrá a nivel mundial el martes 25, muchos de los presentes no aguantaron la ansiedad e hicieron “trampa” descargando el disco semanas o días atrás. De cualquier manera, la situación logró darle al disco una atmósfera particular. En la famosa bandeja de vinilos de La Ronda, la edición de vinilo de Morning Phase sonó con toda su melancolía, mejorada por las sutilezas del formato físico –frente al frío y aséptico archivo mp3.

Una luz

Morning Phase es el duodécimo disco de estudio de Beck y el más reciente luego de seis años de silencio. Este nuevo trabajo, según afirmó el mismo músico cuando se anunció su lanzamiento, es una suerte de secuela de su exitoso disco Sea Change (2002).

Este último, realizado luego de una dolorosa ruptura, explora la faceta acústica y de cantautor de Beck –que se vio en sus principios en discos como One foot in the grave. Sea Change es una seguidilla de baladas desgarradoras y solitarias. Al Beck que bailaba en Sexx Laws (Midnite Vultures, 1999), lo suplantó una figura cabizbaja y desolada. Pero no duró mucho tiempo. La ciclotimia del músico lo llevó a superarse luego con el distorsionado Guero (2005).

Doce años después de Sea Change, el ánimo es otro. Es una continuación donde los personajes ya crecieron y ya superaron la adversidad. Es que según dijo Beck a la revista Rolling Stone, la incertidumbre de las primeras horas de la mañana, luego de “la noche oscura del alma”.

De hecho, Morning Phase tendrá la melancolía, pero lo que lo motiva no es la canalización de los sentimientos tras una ruptura. Lo que transforma a este compendio de canciones en una obra cerrada es su evocación a la atmósfera matutina. Sin ir muy lejos, Morning abre con sus aires bucólicos y le sigue Heart is a drum, un tema con una cadencia milonguera que luego se desarrolla gracias a la batería en un tema de folk animado. Pero es Blue moon la que marca la diferencia lírica. “Estoy tan cansado de estar solo”, exclama Beck, despojándose de la depresión de 2002.

Sin embargo, es imposible que el escucha no tenga al alcance del oído a Sea Change. Las referencias no están solo en el estilo sino en el proceso de creación.

Beck reunió varios de los colaboradores que realizaron Sea Change. Su padre, David Campbell, fue el encargado de crear los arreglos de cuerdas que tienen protagonismo en Cycle (el track que abre el disco) y Phase. Los músicos que lo acompañan también son los mismos: el bajista Justin Meldal-Johnsen, el guitarrista Smokey Hormel, el baterista Joey Waronker y en teclados, Roger Joseph Manning Jr –la misma integración con la que se presentó en Montevideo.

El resultado es un nuevo Beck. Uno que espera con esperanzas el nuevo día. El disco concluye con Waking light, en el cual parece darle finalmente la bienvenida a la luz. “Estas canciones hablan sobre cómo las cosas mejoran”, afirmó a la revista. Su disco es una muestra de eso.

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