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A pesar de los avances que se han logrado y a pesar de que incluso haya un afrodescendiente en la Oficina Oval de la Casa Blanca, el problema de la discriminación racial en Estados Unidos (y también en el resto del mundo) continúa latente.

Basta detenerse en los incidentes ocurridos durante el año pasado en Ferguson, Missouri y en otros lugares de Estados Unidos para ver que los estereotipos y la tensión, además de las diferencias entre blancos y negros siguen presentes.

Pero parte de esta brecha se resolvió gracias al trabajo de Martin Luther King, el protagonista de Selma, que se estrena hoy en los cines locales con la chapa de ser una de las nominadas en los premios Oscar como mejor película.

Basada en hechos reales

La película en su conjunto es de las más sólidas de las candidatas, con destaque para actores, cinematografía y dirección, a cargo de Ava DuVernay.

De hecho, resulta llamativo, como se han manifestado otras voces, que David Oyelowo, quien encarna a King, no esté entre los nominados como Mejor actor. A su vez, la película tampoco está presente en las categorías de Mejor fotografía o dirección, otros dos rubros destacables del filme. Son cosas de la academia.

Oyelowo (y la película en su conjunto) logran encarnar con exactitud y humanidad a una figura de la magnitud de King que, a pesar de ser el “héroe” en esta historia, se presenta como una persona con defectos y que sufre los costos emocionales y psicológicos de la lucha que está llevando a cabo.

Desde un principio sabemos que esa lucha por la igualdad racial va a ser difícil. Se aprende en historia, al abordar el Movimiento por los Derechos Civiles y, si se desconoce, la película lo deja claro desde sus primeras escenas. Mientras King recibe en Estocolmo el Premio Nobel de la Paz, cuatro niñas negras mueren en un ataque contra una iglesia en Estados Unidos.

Ellas son solamente las primeras víctimas de la causa, cifra que a lo largo de la película aumenta como producto de la brutalidad de la policía blanca del estado de Alabama, con el beneplácito del gobernador George Wallace (Tim Roth) y una población en su mayoría racista.

Como curiosidad, los herederos de Martin Luther King no permitieron utilizar sus discursos en la película, por lo que los guionistas tuvieron que evitar las citas directas, aunque esto no afecta para nada el resultado final. Si no se conocen los discursos de King, no hay forma de darse cuenta de este “error” histórico.

Con mérito propio

Si bien el espectador sabe cómo va a terminar la historia (con la aprobación de la Ley de Derechos Civiles por parte del presidente Lyndon B. Johnson, interpretado en la película por Tom Wilkinson), resulta duro ver el difícil camino que llevó hasta ella y los costos humanos que tuvo.

El resultado final es una película fuerte, que transmite su mensaje con contundencia, pero sin caer en sensiblerías baratas ni mensajes vacíos. Selma logra contar su historia (y una parte de la historia moderna) con eficiencia.

De hecho, ha sido elogiada la exactitud con la que Selma recrea las marchas entre esa ciudad y Montgomery, uno de los momentos clave de la lucha de King y su movimiento, incluso por parte de personas directamente implicadas con el tema.

El único reclamo fue la representación de Johnson, quien en la cinta colabora de forma reticente con el movimiento y obliga al FBI a seguir a su líder. En la realidad, el expresidente fue un fuerte colaborador de King y uno de los impulsores más firmes de la legislación sobre este tema.

Quizás no llegue a ganar el Oscar como Mejor película, ya que la competencia es muy fuerte y tiene a su frente a filmes que innovan en su realización o que tienen un guión original más complejo. Sin embargo, Selma es una película completa que trata un problema que, aunque parezca ajeno visto desde lejos, es complejo y relevante.

Destaque aparte merece la canción Glory, a cargo de John Legend y el rapero Common, quien también actúa en la película como James Bevel, colaborador de King. Parte de la banda sonora de Selma y nominada al Oscar como Mejor canción original, es un tema de protesta con una notoria influencia del gospel y referencias tanto a King como a los sucesos de Ferguson y al caso de Rosa Parks. La mujer es conocida por haberse negado a ceder su asiento en un ómnibus a un blanco, “delito” por el que fue encarcelada. Este incidente es considerado la chispa que inició el movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos.

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