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Cuando ciertos patrones se repiten, se generan estereotipos, y esos estereotipos a su vez alimentan prejuicios. Hace un par de años se estrenó en Uruguay El sueño del erizo, una película sobre la incisiva hija de una familia culta y burguesa de origen francés; y este enero Amour, producción francesa firmada por Haneke, retrató el ocaso de una pareja de ancianos pudientes y versados en artes. Tanto en una como en la otra la muerte jugaba un papel importante.

Es aberrante decir que vista una película francesa se han visto todas, pero no deja de sorprender lo recurrentes que son algunos recursos. Tu amor, mi perdición es otra película que, a grandes rasgos, encaja en la tríada burguesía, arte y muerte.

Louis-Do de Lencquesaing, actor de larga trayectoria, se estrena como director en un filme protagonizado por él mismo. Paul, el personaje principal, es un escritor que se enamora de Ada, la secretaria de su editor. Él tiene una hija (interpretada por Alice de Lencquesaing, la hija del director en la vida real) en edad de emanciparse que está empezando una relación con un joven futbolista; ella está a punto de casarse con su pareja, con quien tienen un niño pequeño.

La pasión, el lío

En un par de situaciones bien contadas, la película describe con brevedad el proceso de seducción de Paul hacia Ada, haciendo una elipsis que ahorra al espectador detalles que podrían terminar cayendo en la cursilería. Tras algunos encuentros sin roce aunque con cierta tensión, Ada invita al escritor a una fiesta en su casa, donde conoce a su marido y a su hija. Durante el transcurso de la noche, ambos se buscan con la mirada, y en un momento, él baja a la habitación donde están todas las camperas para revisar su celular, y ella lo sigue.

Es ahí cuando Paul se entera que su padre, al que no había ido a ver al hospital durante su enfermedad, ha fallecido. Cuando él y Ada se despiden, se funden en un largo abrazo dejando claro que es cuestión de tiempo que se vinculen un poco más que eso.

A partir de ese punto, la película avanza entrelazando esta historia de amor secreto, todo el proceso vinculado al entierro y duelo por la muerte del padre, y la incipiente relación entre la hija de Paul y su novio.

Corazón loco

Se dice de la vida que da una de cal y otra de arena, y se sabe que nada es bueno o malo enteramente en esta vida. Por ejemplo, Bebo Valdés y Diego “El Cigala” se preguntan en el colosal disco Lágrimas Negras si es posible estar enamorado de dos mujeres a la vez, y no estar loco. La conclusión de esa pieza es que sí, que se puede, pero Tu amor, mi perdición, tal como ya anticipa el título, discrepa completamente con la premisa de los músicos.

A medida que avanza el romance entre los protagonistas, se va haciendo más claro que Ada va a tener que elegir, o por lo menos poner las cartas sobre la mesa para que algo definitivo suceda. El fulminante amor que siente por Paul arrasa con la vida estable y contenida que había construido. A su marido lo ama por su bondad y por ser el padre de su hijo, a Paul por hacerla sentirse viva. Volviendo al mencionado disco, es aquí cuando sí coincide con Valdés y El Cigala. En la canción Corazón loco, cantan que “una es el amor sagrado, compañera de mi vida, esposa y madre a la vez. Y la otra es el amor prohibido, complemento de mi alma, al que no renunciaré”.

La muerte tal y como es

Mientras todo esto sucede, Paul acompaña a su hermano y su madre en la muerte del padre de familia y lidia con la locura tragicómica en la que ha caído su madre, que se comporta como si su marido siguiera vivo dentro del ataúd, o desparrama el dinero como si ya nada importara.

Esta parte de la película es la que logra generar más emociones. La forma de retratar la defunción de una ser querido ya mayor crea una sensación de empatía con los personajes. El director se centra en momentos donde el deber y el sentimiento se cruzan en los engorrosos pero necesarios trámites del entierro, y en esos instantes en los velatorios, donde la risa amortaja un momento al dolor de la muerte escudándose en lo prohibido. La escena donde se cuenta eso es sin duda la mejor de lo mejor del filme.

Tu amor, mi pasión es una película de autor que retrata, como tantas otras, momentos extraordinarios de la vida de cualquier persona. Y ahí es donde hace que lo contado replique ecos de lo cotidiano. Tiene buen ritmo, buenas interpretaciones, y buena historia. Estuvo en Cannes. Y sin embargo, no logra conmover, ni inspirar, ni transformar. Es que sin caer en lugares comunes, la película en general sabe a tópico del cine francés. A pesar, incluso, de que sea una buena manera pasarse una tarde de domingo.
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