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Whiplash: música y obsesión es una película que avanza a los golpes, aunque en el buen sentido. Por un lado, los golpes que Andrew Neiman (Miles Teller) le da a su batería con una velocidad frenética y el virtuosismo propio del jazz en las eternas sesiones de práctica y que se coronan con una gran exhibición hacia el final de la cinta.

Por otro lado, están los golpes psicológicos y físicos que su mentor y enemigo, el profesor Terrence Fletcher (J.K. Simmons), le da continuamente. Todo con la intención de convertir a Neiman en uno de “los grandes” del jazz, a través de un método pedagógico más que discutible.

Lo primero que se destaca de la película es la actuación de Simmons, quien está nominado como Mejor actor de reparto en los Oscar y parece el candidato más firme a llevarse el premio. De hecho, ya tiene las otras cuatro estatuillas cinematográficas que se entregan en la previa de la ceremonia hollywoodense.

Fletcher es un dictador musical, malhumorado, gritón y perfeccionista, un personaje odiable de principio a fin. Su tono de crueldad está increíblemente logrado, ya que jamás llega a ser caricaturesco.

Por otro lado, si bien la música (el jazz, en concreto) es un componente clave del filme, Whiplash no es una película sobre música. La misma se centra en la relación entre Neiman y Fletcher, y cómo el primero va perdiendo gradualmente su relación con los que lo quieren por su obsesión con la batería. Es, más que nada, una historia sobre el poder y sobre mantener la humanidad al perseguir un sueño.

Igualmente hay pasajes musicales muy bien logrados, con una sucesión de planos veloces que se mueven al ritmo acelerado de clásicos del jazz como Caravan o Whiplash, canción de la que deriva el nombre de la película. El recurso de mostrar detalles de los instrumentos o de los músicos, aunque atractivo, acaba siendo un poco excesivo.

Además de la nominación de Simmons, la película está candidateada a Mejor edición, mezcla de sonido y, lo que es más importante, Mejor guión adaptado (se basa en un corto realizado por el director de la película, Damian Chazelle) y Mejor película. Si bien es probable que no gane este último premio, es una película recomendable para ir a ver desde hoy al cine.

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