La productividad, ese concepto escurridizo
Los problemas para medir la productividad llevan a que los salarios no se ajusten de forma adecuada
El aumento de la productividad es la única manera que tiene una economía para crecer de forma indefinida. Es también la que permite a las empresas obtener ventajas competitivas a la hora de enfrentarse a un mercado y a los trabajadores, mejorar sus ingresos.
La agregación de mano de obra y la inversión en maquinaria tiene un límite. Pero la productividad, relacionada con la manera en la cual se combinan ambos factores, no. La capacitación de los trabajadores, la adopción de nuevas tecnologías, la más eficiente administración de los recursos, permite a las empresas producir más con menos. De eso se trata el progreso.
La productividad está estrechamente ligada al comportamiento del mercado de factores. Los manuales de Economía dicen que el salario de los trabajadores debe aumentar de la mano de la productividad del trabajo. Si crecen menos, la sociedad pierde. Un grupo de trabajadores, quizás los más calificados, tendrán incentivos para emigrar a sectores –o economías– donde sí se les reconozca su aporte. Y si el salario crece más que la productividad, nada impide a los empresarios trasladar el aumento de costos a los precios finales, con el consecuente efecto en la inflación.
La realidad no es tan sencilla. Cuando los salarios se resuelven en una negociación colectiva por sector de actividad, es muy difícil incluir el concepto de productividad. Porque aun en la interna de cada sector, las situaciones son muy diferentes. Empresas grandes y empresas chicas de un mismo rubro no acompasan su productividad. Y si encima se incluye el problema de la medición, el resultado final va a reflejar cualquier cosa menos lo que en definitiva se quiere reflejar.
Los economistas, en su afán por ponerle un número a todas las cosas, no se han puesto de acuerdo en cómo medir la productividad. No es un tema sencillo y las consecuencias de una mala elección pueden ser muy desafortunadas.
A falta de una mejor información, los datos que se usan a la hora de fijar los aumentos salariales es la producción por trabajador contratado –con números de DGI y BPS–, un indicador muy traicionero porque poco tiene que ver con la productividad. Si una empresa renueva sus equipos o introduce una nueva tecnología, no todo el aumento de la producción resultante se puede atribuir al factor trabajo. Hay también una aportación de capital que debe ser remunerada.
A nadie sorprende que el aumento del salario en la economía uruguaya esté por encima del punto en que se acelera la dinámica inflacionaria. Hoy en día, el alza de precios se debe a una mala asignación del crecimiento dentro de la economía y no a factores externos. Lamentablemente, ese error a la hora de distribuir los recursos perjudica incluso a aquellos a los que se cree beneficiar.