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Competitividad, inflación y déficit fiscal son los tres grandes desafíos que enfrenta el gobierno para lograr un complejo equilibrio en una economía que, en el mejor de los casos, seguirá débil en los próximos dos años. Promover aumento de las exportaciones a través de la suba del dólar es una forma idónea de mejorarla. Pero lo dificulta nuestro rezago devaluatorio con respecto a países competidores. Y el incremento del dólar tiene, por otra parte, la contrapartida de presionar al alza la inflación, que apunta a convertirse en la víctima más probable del mosaico económico, según las proyecciones de los técnicos privados que el Banco Central consulta mensualmente.

El gobierno tiene en la política monetaria, el Presupuesto y la política salarial sus armas principales, aunque son de bajo calibre. Pese a la suba del dólar, pronosticada a $ 30 o algo más para fin de año, Uruguay ha perdido competitividad no solo con Brasil sino también con otros países que el equipo económico ha identificado como comparaciones relevantes porque compiten en rubros exportables. En el período enero-setiembre ese indicador se deterioró 10,4% con Nueva Zelanda y 4,7% con Australia, cayendo también con respecto a Colombia, México y Chile. Esto significa que los vitales productos uruguayos del agro, por ejemplo, son más caros que los de otros países y, por lo tanto, más difíciles de colocar en el exterior. Y cuanto más suba el dólar para atenuar este obstáculo, más fuerte será la presión sobre una inflación alta, que deprecia el poder adquisitivo de los ingresos. Pese a que Uruguay fue el tercer país que más depreció su moneda en lo que va del año, en 18,7%, la inflación anualizada de 9,26% a setiembre supera largamente la de los seis países con que el gobierno nos compara. Nueva Zelanda tuvo 0,6%, Australia, 1,3%, Chile y Colombia poco más del 4%, Perú, 3,6% y México, 0,7%.

Para ayudar a capear la tormenta, el Presupuesto ha sido diseñado con un criterio de austeridad moderada para contener el déficit fiscal, aunque lejos de suponer un ajuste severo. Pero su estimación de ingresos es más que incierta, teniendo en cuenta la caída de precios de commodities en mercados externos y el menor consumo interno, que había reemplazado a las exportaciones como motor de la economía. Si no se alcanzan los ingresos presupuestados, aunque haya menos gasto estatal habrá menos recursos para cubrirlos. Esto dificultará combatir el acrecido déficit actual del 3,5% del Producto Interno Bruto y más aun reducirlo en un punto, como ha prometido el gobierno para el fin del período. Y una evolución desfavorable del déficit hasta pone en peligro mantener el grado inversor que el país ha recuperado. La posibilidad de ajustar la política salarial al menor crecimiento de la economía, por otra parte, enfrenta una conflictiva resistencia sindical, tanto en el sector público como en los ya instalados Consejos de Salarios.

El equipo que dirige el ministro Danilo Astori procura equilibrar todos estos factores, evitando que vestir a un santo desnude demasiado a otro. Lograrlo requiere no solo habilidad sino también una firmeza que no siempre está presente, debilitada en buena parte por la falta de respaldo en poderosos sectores de su propio Frente Amplio que, al igual que el movimiento sindical, rechazan la prudencia fiscal que es ineludible en épocas de dificultades como las que atraviesa el país.

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Prudencia fiscal economía inflación Opinión

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