ver más

Cuando un uruguayo trata de explicarle a un extranjero qué es y que tiene su país, seguramente habla del mate, de la rambla, de la tranquilidad o el aburrimiento, del campo llano y verde o del asado. En general, estos elementos componen los retratos que se hacen de Uruguay, y son los recursos sobre los que se ha construido gran parte de la producción cinematográfica nacional.

Este jueves se estrenó Rambleras, un largometraje muy uruguayo en clave femenina. Ya en su primera escena, la película hace una suerte de declaración de intenciones tanto a nivel de guión como de cinematografía: Ofelia, una anciana indefensa, trata de cruzar la rambla, pero es incapaz de hacerlo.

La imposibilidad uruguaya

Rambleras cuenta la historia de tres mujeres en edades distintas que están encalladas en situaciones de las que no saben cómo salir. Patricia (Vicky Rodríguez) está al final de su juventud, en ese momento de tránsito en el que muchas personas sienten la necesidad de encontrar una pareja y construir una vida en familia. Jacqueline (María Elena Pérez) es una mujer madura, amiga y jefa de Patricia en una rotisería cuyo dueño es su marido, y está atrapada en un trabajo y un matrimonio que no la satisfacen. La tríada se cierra con Ofelia (Adriana Aizenberg), una anciana medio senil que está sola en la vida después de haber perdido a su hermana, y con quien Patricia terminará, muy a su pesar, compartiendo pieza en una pensión del Barrio Sur.

El encuentro de estas tres mujeres es el motor de una película que, de acuerdo a la directora Daniela Speranza, “se centra en las relaciones entre los personajes, en los pequeños conflictos que pueden tener”.

De Rambleras, Speranza ha dicho que es una comedia ligera, “con momentos de humor o un poco más emotivos, y que busca que el público salga con una sensación de bienestar”. Y lo cierto es que, con más o menos tino, la película introduce varios gags, pero no logra opacar la angustia que se va instalando en el espectador al ver que las cosas no se enderezan.

La trancadera que tienen las protagonistas para lograr lo que quieren, ya sea llegar a la rambla, encontrar el amor o cambiar de trabajo, sumado a la incapacidad de los principales roles masculinos para activar el cambio, resulta exasperante.

Por ello, Rambleras podría haber sido un excelente ensayo sobre cómo una complicidad femenina que en la película está bien retratada, hace de bastión para vencer la inercia, la frustración y el hastío. De este modo, habría sumado una nueva perspectiva a un tema que ya ha sido retratado con maestría en otros filmes como Whisky o La vida útil. Pero no lo logra.

Flaquezas de factura

Dejando de lado un argumento minado de lugares comunes, algunos de los cuales están mejor explotados que otros, Rambleras sorprende por la pobreza de su cinematografía. En primer lugar, la interpretación de los actores principales resulta forzada y, por momentos, poco creíble. Mención aparte merecen los personajes que eventualmente entran a comprar a la rotisería, y que parece que poco o nada conocen sobre la actuación.

Por otro lado, la cinta elegida para rodar da un efecto de película antigua. No sólo es que la textura granulada del film resulte chocante en una época en la que la audiencia está acostumbrada al HD, sino que en varias ocasiones la imagen se ve, además, inexplicablemente desenfocada. Todo esto podría ser explicado porque Rambleras haya sido una película de bajo presupuesto, pero no es el caso.

Desde que la directora empezara a trabajar en el guión han pasado 10 años, en los cuales el proyecto ha ganado premios como para juntar US$ 500 mil. Más allá de todas las flaquezas que pueda tener, este nuevo título da cuenta de una realidad muy cercana al uruguayo, en el que de algún modo todos podrán sentirse un poco identificados.

Aunque sea porque después de mirar el filme se pregunten qué historias se esconden detrás de las personas que se sientan a tomar mate en la rambla
Seguí leyendo