La reforma tributaria de Trump
Será uno de los jalones más importantes de la historia económica de Estados Unidos.
Finalmente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pudo cumplir con una de sus principales promesas electorales. Después de unas pocas semanas, a fines del año pasado la mayoría republicana del Congreso aprobó, con algunos cambios, el proyecto presidencial de una significativa rebaja de los impuestos. En lo que sigue, se presenta un resumen de las principales disposiciones.
La legislación anterior establecía un rango de impuestos sobre la ganancia de las empresas de entre 15% y 35%. La reforma establece ahora una única tasa del 21%.
La nueva legislación crea asimismo deducciones para los dueños de participaciones societarias, muy frecuentes en el mundo de los negocios. Sus propietarios pagaban impuestos en concepto de ganancias personales. Bajo el nuevo esquema, ellos podrán deducir hasta 20% de sus ingresos, siempre que no excedan los US$ 315 mil al año. Superado ese monto, este beneficio se limita.
Hasta ahora la ganancia de las empresas multinacionales estaba gravada a una tasa del 35%, pero ellas podían diferir el pago sobre sus ganancias del exterior hasta que las ingresaban a Estados Unidos. Con la reforma, la repatriación de esas ganancias retenidas será gravada por una única vez con 15,5%.
En adición a estas modificaciones, un cambio de fondo es que en adelante, el impuesto sobre la ganancia de las empresas habrá de gravar principalmente a las del mercado interno, exonerando de hecho a las que se generen en el exterior.
También fueron rebajados los impuestos sobre el ingreso de las personas. La tasa máxima fue disminuida del 39,6% al 37% para los ingresos anuales superiores a US$ 500 mil para los individuos y US$ 600 mil para los matrimonios. La rebaja también alcanza a las tasas inferiores.
En el extremo inferior de la escala, el mínimo para el pago del impuesto para las personas solteras aumentará de US$ 6.350 a US$ 12 mil anuales y para los matrimonios de US$ 12.700 a US$ 24 mil. La deducción por hijo se duplica desde US$ 1.000 a US$ 2.000.
También se elimina la obligatoriedad de contar con un seguro de salud y del pago de una multa por no estar asegurado, una de las reglas que formaba parte de la reforma de salud del expresidente Obama.
Otro de los artículos aprobados duplica el monto libre del impuesto sobre las herencias, que pasa de US$ 5,5 millones a US$ 11 millones en el caso de los solteros y de unos
US$ 11 millones a US$ 22 millones para parejas.
Algunos pocos contribuyentes pagarán más que antes. Así, se establece un límite que antes no existía de US$ 10 mil para la deducción del impuesto sobre los inmuebles, que habrá de afectar en especial a los propietarios de Nueva York, Nueva Jersey, Maryland y
California. Además, bajo el sistema vigente, se podía deducir parte de los intereses de los
créditos hipotecarios de hasta US$ 1 millón, que ahora se rebaja a US$ 750 mil.
En su conjunto, la reforma de Trump ha levantado dos consideraciones principales de orden político y técnico.
La rebaja de impuestos alcanzará a la gran mayoría de los americanos. De hecho, se estima que entre el 80% y el 90% de las familias habrán de ser beneficiadas. Pero en términos proporcionales, los sectores de mayores ingresos serán los más favorecidos.
La baja de las tasas sobre la ganancia de las empresas debería quedar al margen de este cuestionamiento. Porque si bien es cierto que ella favorece a los sectores de mayores ingresos, también hay que entenderla como parte de una movida tendiente a volver competitiva a esta forma de tributación con la de otras economías desarrolladas.
En cuanto a las otras bajas de impuestos, el argumento oficial es que son los sectores de mayores ingresos quienes tienen el mayor potencial para trasladar la rebaja de sus gravámenes hacia una mayor capacidad de
consumo y de ahorro-inversión, con el consecuente efecto positivo sobre la economía. Todo un debate a la vez técnico y político.
El otro gran tema de discusión es el impacto sobre las cuentas públicas, puesto que la baja de los impuestos significa una menor recaudación. La oficina técnica del Congreso estimó que ella provocará un aumento del déficit fiscal de US$ 1 trillón a lo largo de la próxima década, aun teniendo en cuenta el efecto alcista de la baja de impuestos sobre la producción. Inevitablemente, un aumento de la deuda pública.
Es otro asunto abierto a la controversia. La presidenta saliente de la Reserva Federal Janet Yellen acaba de confirmar su complejidad. "Mis colegas y yo estamos en línea con la expectativa general de que este tipo de reformas provocarán un modesto incremento del PBI en los próximos años, aunque existe una considerable incertidumbre sobre su impacto".
La reacción de las empresas es un tema central de este debate. Tanto por la rebaja de impuestos como por la eventual repatriación de los beneficios retenidos en el exterior, en el futuro inmediato sus disponibilidades habrán de aumentar en forma muy importante.
El gobierno considera que ello habrá de impulsar a la inversión y por tanto al crecimiento de la economía y del empleo. Otras opiniones tienen una posición menos categórica. Por un lado porque las reservas de las empresas ya están en su mayor nivel desde la crisis del 2008, con un margen disponible que no fue usado para la inversión. En igual sentido, hay quienes sostienen que la mayor liquidez no tendrá un efecto pleno sobre la inversión productiva, puesto que también podrá ser derivada a la compra de otras empresas o a la inversión financiera.
La reforma de Trump será uno de los jalones más importantes de la historia económica de Estados Unidos. Pero sus efectos más sustantivos recién se irán develando en los próximos años.