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La renegociación del Tlcan ante un complejo dilema

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte hace que toda la atención esté puesta en Canadá

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08 de septiembre de 2018 a las 05:00

Por Nicolás Albertoni y Victoria Gaytan

Tras un año de negociaciones, los equipos de Estados Unidos y México lograron cerrar esta semana la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan, o Nafta, por su sigla en inglés), un tratado que el entonces candidato Donald Trump llamó numerosas veces el “peor tratado de la historia” durante su campaña presidencial en 2016. 
El acuerdo preliminar alcanzado parece mitigar las principales preocupaciones comerciales de ambos países, como la protección del sector agricultor y automotriz en Estados Unidos, mientras que México retiene bajo buenos términos a su principal socio comercial en vísperas de la transición de gobierno. 

Con la noticia de que Canadá no aceptó incorporarse al acuerdo el pasado viernes 31 de agosto, se ha aplazado la discusión hasta el próximo miércoles. Este nuevo escenario cambia el análisis  completamente y resulta difícil seguir hablando del Tlcan cuando en realidad estamos técnicamente ante un acuerdo bilateral entre Estados Unidos y México, lo que da un nuevo rumbo a la negociación que no representa los pilares trilaterales del acuerdo tal cual se constituyó en el año 1994.
Tras este aplazamiento de una de las partes claves de este acuerdo, Trump ha solicitado al Congreso que revise y analice para su posterior ratificación, el acuerdo alcanzado con México. De esta forma se alcanzaría una aprobación antes de las elecciones intermedias en Estados Unidos en noviembre, y de la toma de mando del presidente electo Andrés Manuel López Obrador en México. 
Asimismo, dada las condiciones de este “avance”, resulta difícil imaginar que los respectivos congresos lo aprueben sin que pongan en duda la institucionalidad del acuerdo alcanzado. Recordemos que los negociadores comerciales fueron mandatados a renegociar el Tlcan y no a negociar una acuerdo bilateral. Este es perfectamente una argumento que los opositores a esta revisión del acuerdo bien podrían mencionar en los debates parlamentarios que se avecinan. 

Con la información que al momento tenemos, ¿cuáles son los principales cambios del acuerdo? 
A lo largo del año, tras cada ronda de negociación, los equipos liderados por Chrystia Freeland (Canadá), Ildefonso Guajardo (México) y Robert Lighthizer (EEUU), reportaban el cierre de discusiones sobre los 30 capítulos contenidos en el tratado, dejando los temas más contenciosos hasta el final. Y aunque aún desconocemos el contenido final del documento –y sabiendo que el diablo está en los detalles– ni Estados Unidos ni México podrían cantar victoria, al menos por ahora.

Desde el principio, los temas más álgidos entre los tres países eran los concernientes a la industria agropecuaria, manufacturera y automotriz, reglas de origen y salarios, además de la petición por parte de Estados Unidos de la eliminación del capítulo 19 referente a la resolución de controversias así como también la aprobación de una cláusula sunset que permita terminar el acuerdo al quinto año de aprobado al menos que las partes acuerden lo contrario. El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y México, en materia de normas de origen del sector automotriz, aprobó que se suba del 62,5% al 75% y que entre el 40% y 45% de ese contenido debe ser proveniente de mercados donde el salario supere los US$ 16 la hora. Sobre la vigencia del acuerdo, la que hasta entonces era indefinida, se pasará a tener una vigencia de 16 años y a partir del sexto año de aprobado el nuevo acuerdo, existirán revisiones anuales. 

Por tanto, tal como se anunció el pasado lunes 27 de agosto, México y Estados Unidos lograron resolver sus principales diferencias en torno a los sectores manufacturero y automotriz, al elevar el porcentaje de componentes de autos fabricados en la región. Inicialmente un deal-breaker para México, el equipo de Guajardo termino cediendo a la petición de que al menos un “40% del contenido de un automóvil se produzca en una zona de altos salarios (Estados Unidos o Canadá)”, además de incluir mayores protecciones a los trabajadores, lo que significará que México tendrá que ajustar lo que hasta hoy resultaba su mayor ventaja competitiva dentro del tratado: mano de obra de alta calidad a precios bajos. 

Se espera que Canadá retome el diálogo el miércoles y lo que se puede percibir es que el gobierno de Trudeau buscará mantener las política en torno a la defensa de la industria láctea y la conservación de los mecanismos de resolución de controversias. Sin embargo, la pregunta que queda abierta es si lo que se pueda llagar a aprobar con Canadá en los próximos días, serán aspectos que realmente se incluirán en el acuerdo alcanzado con México.  

 

Con el borrador que el presidente Trump acaba de mandar al Congreso en Estados Unidos, lo que se busca –en un escenario ideal– es alcanzar un consenso bipartidista, permitiendo la ratificación del acuerdo preliminar con México en pocas semanas. Pero no parece que la tendrá tan fácil. Thomas Donohue, presidente de la Cámara de Comercio de EEUU publicó un comunicado de prensa tras conocer los resultados preliminares alcanzados enfatizó “cualquier cosa que no sea un acuerdo trilateral no ganará la aprobación del Congreso y perderá apoyo del empresariado. Agradecemos el arduo trabajo de los negociadores de los tres países, y los exhortamos a que permanezcan en la mesa y se mantengan enfocados en la conclusión de un acuerdo que incluya a EEUU, México y Canadá”. Si el Congreso se opusiera, podría dificultar el proceso de aquí a las intermedias de noviembre en Estados Unidos. De igual forma en México, para probar el nuevo acuerdo comercial se requiere del aval de tres cuartas partes del Senado Mexicano. Tanto en el Congreso Mexicano como en Estados Unidos, no hay dudas que un tema que estará sobre la mesa es la institucionalidad del acuerdo concluido con México. Es decir, ¿seguimos tratando con un Tlcan o es ya este un acuerdo bilateral? 

Si la nueva 64º Legislatura del Congreso de la Unión de México–que rindió protesta apenas esta semana–no logra ponerse de cuerdo antes del 1 de diciembre, difícilmente Trump y Peña Nieto podrán cerrar sus administraciones este año con una victoria comercial.
Toda la atención parecería estar puesta ahora en Canadá y los pasos que pueda dar en los próximos días. Resultaría clave que este país se sume a la mesa para aportar un balance de poder entre las posiciones extremas que tiene Trump entorno al comercio con México. l

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