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Si un hombre de 52 años ha hecho todo lo que en su vida artística ha logrado Thurston Moore y publica un disco con letras que se centran en lo efímero de un tiempo de vida que se escabulle entre las manos, es que el ser humano sigue teniendo un serio problema con la ambición, el inconformismo y la ansiedad.

Es que además de ser el líder de la fundamental banda de rock alternativo Sonic Youth –formada cuando ese concepto realmente quería decir algo en términos de encarar el género desde otro ángulo– Moore ha estado tras proyectos artísticos de diversa índole, e incluso por fuera de la música: editoriales y vinculados a las artes visuales, por mencionar apenas dos. No ha parado.

Más que un rockero, debería verse a Moore –que en pocos meses estará tocando en el Teatro de Verano con esta banda– como un auténtico hombre de la cultura en la vida neoyorquina.
Además, por su propio aspecto y por la vigencia de su banda, notoria en festivales donde buena parte del público asistente quizá no había nacido en los tempranos años de la década de 1990 de apogeo de Sonic Youth y correrías junto a Nirvana, se podría decir incluso que Moore goza del extraño privilegio de seguir “siendo” joven. De conservar esa aura que justifica que pueda tocar Teenage riot, uno de los temas icónicos de su grupo, sin quedar como un viejo fuera de forma que ya no transmite más nada que las ganas de tocar un poco más, salir de gira y hacer un poco de dinero. Esto es algo que muchos detectaron el año pasado, tras el paso de los Pixies por la ciudad.

Pero a Moore no le da el tiempo, ni le dan 52 años de vida para terminar de entender al amor, parece. Y después de todo, esto no es extraño: el motor que marca a la generación pre grunge es un poco también esa sensación de ansiedad, esa desazón que gana los a quienes los escuchaban y a quienes no.

Ahora bien, eso no se nota tanto en la música de esta tercera tanda de canciones de este cantante, guitarrista e ícono del indie genuino. Es que los nueve temas de Demolished thoughts vienen con presentación folk y acústica, cosas con las que Moore había probado en algunos momentos de su anterior Trees outside the academy (2007). En la producción está nada menos que Beck, a quien puede atribuírsele el mérito de haber logrado que la música de Moore suene –a pesar de que haya temas de siete minutos– tan confortable como ausente de clichés, y al mismo tiempo cercano a lo más rústico del sonido Sonic Youth, en una adaptación que hasta el momento parecía improbable.

El propio Moore, pionero junto a laderos como Lee Ranaldo en haber buscado (y encontrado) una variante más visceral y rudimentaria del virtuosismo guitarrero, menos vinculado a las interminables escalas bluseras de conservatorio (algo que en Uruguay casi que ni se conoce ni se intenta demasiado, por cierto) consigue canciones como la inaugural y relajante Benediction, en la que las guitarras siempre parecen decir un poco más.

Por otro lado, hay otras como Circulation que funcionan por la contraria: en ellas Moore acelera con su acústica y con una armada de guitarras iguales detrás suyo. En este punto hay que aclarar que Demolished thoughts no es un disco “de acústica y nada más”, ya que tras esas letras que hablan de haber tenido todo el tiempo del mundo y haberlo perdido y de sentimientos de amor que fallan suenan instrumentos de 12 cuerdas, arpas y violines.

En el armado Moore también es genuino: si en las canciones arriba mencionadas Moore hace hablar a las guitarras, en otras permite que suenen tres minutos pintando un ambiente de luz baja o de caminata lluviosa, previo a letras de no más de ocho versos y un estribillo, si es que lo tiene. Es que Moore no precisa decir más cosas cuando tiene canciones que llevan nombres como In a silver rain with a paper key (“En una lluvia de plata con una llave de papel”).

En ese juego de efímero, apacible y a la vez raspante rock acústico, y en esa contradicción entre el tono de la voz de Moore y lo que en verdad está diciendo, está una vez más, el secreto de un disco de rock realmente artesanal de parte de uno de los músicos de rock más decisivos de los últimos 30 años.
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